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Cuarta Aparición: La Imagen en la Tilma
        


                  181.- Y en ese momento desplegó su blanca tilma, en cuyo hueco, estando de pie, llevaba las flores. 182.- Y así, al tiempo que se esparcieron las diferentes flores preciosas, 183.- en ese mismo instante se convirtió en señal, apareció de improviso la venerada imagen de la siempre Virgen María, Madre de Dios, tal como ahora tenemos la dicha de conservarla, 184.- guardada ahí en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos Guadalupe.
                                     

Ya decíamos que la idea de hacer nacer flores en el Tepeyac era elocuentísima para los indios, pero la imagen que vemos aparecer "de improviso" en la tilma de Juan Diego lo es mucho más. Para entenderlo un poco menos mal, empecemos notando que un rudo ayate, usado y consunto, de un indio empobrecido, estaba muy lejos de ser una tela adecuada para ningún género de pintura, no sólo por las obvias inconveniencias técnicas, sino aun por motivos morales: Despojar a un pobre de su pobre ropa, que además era instrumento de trabajo, para mandar un recado a un poderoso, suena cuando menos a mal gusto, y, cuando más, a auténtico despojo.
                                     

Claro que podríamos decir que el bueno de Juan Diego ni siquiera se fijó en eso, y que cualquier mexicano habría dado -y da- cuanto tiene para honrarse honrando a una autoridad
[169], pero, en el fondo, eso no justifica que sea la autoridad quien abuse de esa generosidad. Al contrario, conocerla le impone el deber de preverla y de procurar controlarla, y, si esa autoridad es el propio Dios, hemos de convenir en que -del punto de vista europeo- el detalle resulta a lo menos de mal gusto. Pero para un indio, para Juan Diego y todos los suyos, las cosas fueron abismalmente distintas: para él constituyó una distinción y un honor impensables.  
                                   

El hecho de que a un pueblo que se comunicaba con imágenes se le envíe una imagen de la Madre de Dios era una perfecta catequesis
[170], que resultaba mucho más clara y elocuente porque también entre ellos la tilma simbolizaba a la persona, al grado de que el Matrimonio se efectuaba anudando la tilma del varón con el "huipil" de la mujer[171], de modo que siendo ambas, imagen y tilma, cual "sacramentos" de la persona, la originálisima idea de fusionar las dos constituía una adaptación magistral a la cultura india, tan o más clara y elocuente que lo que fue la otra que anunció a otro "pueblo de Dios", de ascendencia nómada y pastoril, amantísimo de la Palabra"¡La Palabra se hizo carne, y puso su tienda entre nosotros!!" (Jn. 1, 14).  
                                   

Pero además este gesto vino a resolver un problema insoluble. Los misioneros no sólo de buena fe regateaban dar la Eucaristía a los indios y omitían la Unción, sino que de plano los excluían del Sacerdocio y de la Vida Religiosa, lo que hacía que la Iglesia mexicana estuviese amenazada de nacer muerta, puesto que la Iglesia de Cristo es comunión de caridad en la que todos somos iguales. Eso tardaría siglos en cambiar. ¿Cómo, entonces, podía Dios dejar claro a los indios que ante El eran enteramente iguales a los españoles, sin desmentir ni ofender a éstos, que, aunque en eso estuviesen errados, eran sus auténticos portavoces?
 
                                   

La estampación de esa imagen fue la manera, tan sencilla como clara, que Dios encontró: Para el indio la máxima autoridad moral no eran los reyes ni los militares, sino los sabios, los Tlamatinime, y a los que más veneraban de entre ellos eran a los Teomamaque y a los Amoxhuaque. Teomama es "el que carga a Dios" y "Amoxhua" el "Dueño del amoxtli, del códice". Toda campaña o empresa mexicana iba presidida por uno o varios sacerdotes, los teomamaque
[172], que llevaban a cuestas la imagen del dios, y éste podía ser consultado a través de ellos[173].  
                                   

También los sabios más venerados eran los Amoxhuaque, "los guardianes de los códices": Los gobernantes civiles declararon a los primeros frailes que no era a ellos a quienes debían dirigirse, sino a una autoridad mayor, de quien ellos dependían: los "sabios en las cosas de Dios": ".. están los que aun son nuestros guías, ellos nos llevan a cuestas, nos gobiernan, en relación al servicio de los que son nuestros dioses [...] se llaman quequetzalcoa. Sabios de la palabra [...] los que miran, los que se afanan con el curso y el proceder ordenado del cielo, cómo se divide la noche. Los que están mirando ["leyendo" las pictografías de los códices] los que cuentan [refieren lo que "leen"], los que despliegan [las hojas de] los libros, la tinta negra, la tinta roja [la sabiduría], los que tienen a su cargo las pinturas [la cultura]. Ellos nos llevan, nos guían, nos dicen el camino [..] de ellos es el encargo, la encomienda, su carga: la palabra divina. Y nosotros, sólo es nuestro oficio lo que se llama el agua divina, el fuego ["Atl Tlachinolli"= la guerra], y también de esto tratamos, nos encargamos de los tributos.."
[174].  
              

Vemos, pues, que María, al mandar con tan inequívoca y repetida claridad que sólo al Obispo, se le entregase su mensaje y su señal, le confirió un inmenso prestigio y autoridad, puesto que lo convirtió en "dueño de su Imagen", en "su Amoxhua"= "Dueño del Códice" del pueblo mexicano: Era una forma clarísima de prescribir a los mexicanos, y en mexicano, lo mismo que a los servidores en Caná de Galilea: "¡Hagan lo que él les diga!" (Jn. 2, 5). Es decir: aunque no todo lo entiendan, aunque muchas veces les resultará difícil, todo lo que él diga es mi palabra. ¡El es más que mi "imagen", porque él es mi Amoxhua, el Dueño de mi Imagen!  Y, subordinado a él, también exaltó a Juan Diego, a quien constituyó su "Teomana"= "Portador de Dios" del Nuevo Reino.  Y siendo Juan Diego, por nacimiento o por empobrecimiento, un macehual, un hombre del pueblo, quedaba claro que su ejemplo era accesible a todos. Distinguir en esa forma, conjunta y solidariamente, a un español y a un indio, y a ese español, la máxima autoridad religiosa, y a ese indio, uno de la base, uno como todos, "inculturó" a perfección el "ya no más judio ni griego, esclavo ni libre, varón y hembra, pues ustedes hacen todos uno, mediante el Mesías Jesús.." (Gal. 3, 28).
 
                                   

Para dicha de México, sigue siendo verdad que, casi cinco siglos después, esa imagen "tenemos la dicha de conservarla, guardada ahí en lo que es su hogar predilecto, su templo del Tepeyac, que llamamos Guadalupe." Hoy en día la Ciencia humana ha alcanzado niveles insoñables, y es una iconoclasta implacable de toda clase de leyendas y reliquias que la piedad, el fraude o la ingenuidad pudieron haber acumulado en épocas pasadas. La Imagen de Guadalupe siempre ha sido entrañablemente amada y venerada, pero, desde ese primer momento, también ha sido estudiada con rigor, y sigue siendo verdad que la tenemos, la conservamos, y podemos seguir estudiándola mucho más y con mucho mejores instrumentos de análisis.... y que nos sigue asombrando, hablándonos a los hombres de cinco siglos después con el lenguaje que hoy nos maravilla y convence: el de los análisis de la Ciencia, que no han atinado a dar una explicación plausible a su conservación.

                       185.- Y tan pronto como la vió el señor Obispo, y todos los que allí estaban, se arrodillaron pasmados de asombro, 186.- se levantaron para verla, profundamente conmovidos y convertidos, suspensos su corazón, su pensamiento.          

      
                  187.- Y el señor Obispo, con lágrimas de compunción le rogó y suplicó le perdonara por no haber ejecutado de inmediato su santa voluntad, su venerable aliento, su amada palabra. 188.- Y poniéndose de pie, desató del cuello la vestidura, el manto de Juan Diego, 189.- en donde se dignó aparecer, en donde está estampada la Señora del Cielo, 190.- y en seguida, con gran respeto, la llevó y la dejó instalada en su oratorio.
 
                                   

Es perfectamente lógica la actitud de Zumárraga, y que haya llorado y se haya arrodillado. Debía sentirse mal, al haber dudado tanto y sido tan duro, aun sabiendo que era su deber.  De hecho, aunque en forma muy amable y deferente, nunca depondrá su actitud de recelo, y continuará controlando y examinado a Juan Diego y a su tío.
 
 
                        191.- Y todavía un día entero pasó Juan Diego en casa del Obispo, él tuvo a bien retenerlo. 192.- Y al día siguiente le dijo: <<-¡Vamos! para que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templecito>>. 193.- De inmediato se convidó gente para hacerlo, para levantarlo.
                                     "... tuvo a bien retenerlo". Ese gesto de Zumárraga, aunque todo lo honorífico que queramos, sigue indicando cautela, incluso desconfianza, y para Juan Diego debió resultar muy duro: El no había comentado con ninguno de los suyos nada de lo que ha vivido, llevaba dos días ausente de su casa, sin la menor explicación, ni tampoco había vuelto a saber nada de su tío, que había dejado agonizante y a quien tenía la promesa de encontrar vivo, cosa que, sin la menor duda, ardería en deseos de verificar. No debió, pues, haberle sido nada fácil el obedecer, más lo hizo sin insinuar siquiera algo en contrario. 



El Tio Sano

 

                         194.- Y Juan Diego, una vez que les hubo mostrado dónde se había dignado mandarle la Señora del Cielo que se levantara su templecito, luego les pidió permiso. 195.- Aun quería ir a su casa para ver a su honorable tío Juan Bernardino, que estaba en cama gravísimo cuando lo había dejado y venido para llamar a algún sacerdote, allá en Tlatelolco, para que lo confesara y dispusiera, de quien la Reina del Cielo se había dignado decirle que ya estaba sano. 
                        196.- Y no solamente no lo dejaron ir solo, sino que lo escoltaron hasta su casa. 197.- Y al llegar vieron a su venerable tío que estaba muy contento, ya nada le dolía. 198.- Y él quedó muy sorprendido de ver a su sobrino tan escoltado y tan honrado. 199.- Y le preguntó a su sobrino por qué ocurría aquello, por qué tanto lo honraran. 
                                               

Juan Diego
no había vuelto a ver su tío desde que en la madrugada del martes 12 lo había dejado moribundo al salir para buscarle un confesor, por lo cual, apenas cumplida su misión de indicar el lugar, pide permiso para retirarse, que le es concedido... pero sin deponer la cautela, pues para Zumárraga era fundamental constatar si era verdad que un moribundo estaba repentina y totalmente sano, por lo que concede el permiso, pero "no solamente no lo dejaron ir solo, sino que lo escoltaron hasta su casa", cosa en la que el honor suaviza el control, que Zumárraga vemos no depone. No había duda ninguna, y así lo entiende el tío, de que era una gran distinción la que se le otorgaba en el hecho de que lo escoltaran, pero tampoco deja de ser evidente que al honor se asociaba el control. Zumárraga ha pasado un día entero con Juan Diego, prendándose sin duda de su candor y virtud, (Mas tarde le permitirá vivir al cuidado de la ermita, y comulgar tres veces por semana, cosa casi inaudita en esos tiempos.), no obstante todo lo cual, no depone su cautela y lleva a fondo su examen. 


Quinta Aparición: El Nombre de Guadalupe          


                  200.- Y él le dijo cómo cuando salió a llamar al sacerdote para que lo confesara y preparara, allá en el Tepeyac bondadosamente se le apareció la Señora del Cielo, 201.- y lo mandó como su mensajero a ver al Señor Obispo para que se sirviera hacerle una casa en el Tepeyac, 202.- y tuvo la bondad de decirle que no se afligiera, que ya estaba bien, con lo que quedó totalmente tranquilo.
                                    
La sorpresa del tío demuestra que nada sabía, por lo que comprobamos que Juan Diego supo guardar entera discreción, y que el único humano con quien había hablado de las apariciones fue el único con quien la Señora le había mandado hacerlo: con el Obispo, pese a que nunca le prohibió hablar con otros. Ser discreto y diligente, hacer todo y más de lo que se les mandaba, eran recomendaciones básicas de los padres a sus hijos:  ".. ni hables demasiado, ni cortes a otros la palabra [...] Si no fuere de tu oficio, o no tuvieres cargo de hablar, calla, y si lo tuvieres, habla, pero cuerdamente.."
[175] "... el oficio que te dieren tomarás, y cuando fuere menester saltar o correr para hacer algo, hacerlo haz [...], lo que te manden una vez, hazlo luego [..]; y harás de presto lo que te mandaren hacer, y lo que sabes que quieres que se haga, hazlo tú."[176]. Juan Diego, pues, había cumplido como el mejor de los hijos mexicanos. 

                         203.- Y le dijo su venerable tío que era verdad, que precisamente en ese momento se dignó curarlo. 204.- Y que la había visto ni más ni menos que en la forma exacta como se había dignado aparecérsele a su sobrino. 205.- Y le dijo cómo a él también se dignó enviarlo a México para ver al Obispo. 206.- Y que, cuando fuera a verlo, que por favor le manifestara, le informara con todo detalle lo que habia visto, 207.- y cuán maravillosamente se había dignado sanarlo, 208.- y que condescendía a solicitar como un favor que a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE. 
                                   

La intervención del tío Juan Bernardino es esencial dentro del Acontecimiento Guadalupano, porque sin esta última aparición hubiera quedado incompleto no tanto para los indios cuanto para los españoles, y en concreto para Zumárraga. A él las flores y la imagen poco le decían, y necesitaba una comprobación sólidamente fiable, dentro de los lineamientos de su cultura, para poder dar una autorización y un respaldo con plena tranquilidad de conciencia. El milagro de la curación instantánea de un moribundo, que escrupulosamente comprobó, le proporcionó la contraprueba de otro testimonio, independiente y concorde, y tuvo buen cuidado de examinar personalmente a los dos.
 
                                   
Y al examen del inquisidor, ésta última aparición se reveló tan intachable como las primeras: Lejos de haber nada inconveniente, la Señora no había descuidado dar su lugar al Obispo, mandando también que todo se le refiriese y sometiese a su dictamen, brindando, además, un nuevo elemento, enteramente "tranquilizador" para recelos hispanos: "que a su preciosa imagen precisamente se le llame, se le conozca como la SIEMPRE VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE."
 

                                   

Aquí subrayemos otro importantísimo rasgo, que podría pasarnos desapercibido: el que María Santísima confiera el gran honor de revelar el nombre con el que quiere ser invocada no a Juan Diego, sino a su anciano tío, cosa del todo conforme a la piedad india hacia sus mayores; "No hay gente en el mundo, ni la ha habido, que con más temor y reverencia honrase a sus mayores que ésta, y así a los que irreverenciaban a los viejos, padres y madres, les costaba la vida. Y así lo que más esta gente encargaba a sus hijos y les enseñaba era reverenciar a los ancianos de todo género, dignidad y condición que fuesen."
[177], pero esa deferencia y respeto era, en ese momento, contrastante con la apreciación de los misioneros españoles, que veían en los ellos a sus peores enemigos, por ser los depositarios de la antigua tradición. "Si los españoles, entre las grandes crueldades y atroces que hicieron en matar hombres y mujeres y niños, mataran cuantos viejos y viejas hallaran, para que los nacidos después acá no tuvieran noticia de lo antiguo, fuera quizá, haciéndolo con celo de Dios, pecado y crueldad más remisible."[178].                                                 
Ahora bien, GUADALUPE no es palabra española ni náhuatl, idioma que carece de los consonantes "G" y "D", sino árabe: "Wadi al Lub"= "Río de grava negra", ni parece ser que haya ese sido el nombre inicial, pero es significativo y providencial que Dios haya querido que ese título árabe: "GUADALUPE", con el que desde hacía siglos se veneraba a su Madre como Reina de la Patria de los que trajeron la Fe a México, viniese a convertirse en el corazón y el alma de ese México que con ella nació... Nada más apropiado para quien declaró que "en verdad se honraba en ser madre compasiva de todos Ustedes, y de todas las gentes que aquí en esta tierra están en uno, y de los demás variados linajes de hombres": que una doncella judía, con un nombre musulmán asimilado por España, pudiese convertirse en el alma de México.



Notas

[169] "..sienten mucho los indios cuando no les reciben los presentes que dan aunque sea una flor, porque dicen que es sospecha de enemistad y de poco amor y poca confianza del dante y del que presenta la cosa, que ansí se usaba entre ellos." (MUÑOZ CAMARGO Diego: "Historia de Tlaxcala", Libro II, cap. 4, pág. 191.)
[170] Evangelizar con imágenes fue perfectamente normal, desde Fray Pedro de Gante, que fue el primero que lo "descubrió". En el "Orden que los Religiosos tienen en enseñar a los indios la doctrina, y otras cosas de policía cristiana" se lée: "..hemos visto por experiencia, que adonde así se les ha predicado la doctrina cristiana por pinturas, tienen los indios de aquellos pueblos más entendidas las cosas de nuestra santa fe católica y están más arraigados en ella."  ("Códice Franciscano", pág. 59.)
[171] ".. Hecho esto las casamenteras ataban la manta del novio con el huipilli de la novia[..] y luego a ambos juntos los metían en una cámara y las casamenteras los echaban en la cama, y cerraban las puertas y dejánbanlos a ambos solos". (SAHAGUN: "Historial General...", lib. 6, cap. 23, no. 25, pág. 365.)  "Casamiento.- [...] en frente de la chimenea o fogón, que en lo principal de la casa había, y allí sentaban a los novios, atando uno con otro los vestidos de entrambos, y estando de esta manera llegaban los principales de su reino a darles el parabién, y que Dios les diese hijos..." POMAR: "Relación de Texcoco", pág. 24.
[172] Teomamaque es el plurar de teomama, que significa "portador, cargador de Dios", así como la palabra mucho más conocida de "pilmama" significa "portador-a del niño".
[173] Cfr., por ejemplo, "Luego dijo Huitzilopochtli a los llamados <<teomamas>> [..] ¡Oh padres míos..!"  ALVARADO TEZOZOMOC Hernando: "Crónica Mexicayotl". Traducción del náhuatl por LEON Adrián, U.N.A.M., Imprenta Universitaria, México 1949. no. 77, p. 55.
[174] "Coloquios..", cap. 6, B, nos. 761-797, pp. 139-41.
[175] MENDIETA: "Historia Ecca...", lib. 2, cap. 20, p. 113.
[176] SAHAGUN, Historia General...", lib. 6, cap. 40, no. 6, p. 403.
[177] DURAN: Historia de las Indias..., I tomo, cap. IV, no. 26, p. 36.
[178] Ibidem, cap. 7, no. 37, p. 79.
 
 
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