Decimos
hoy con las palabras que escuchamos del Apóstol San Pablo,
en la Carta a los Efesios: “Bendito sea Dios, Padre de
Nuestro Señor Jesucristo”.
Y lo decimos mis hermanos, porque hoy lo primero que hacemos
es bendecirlo a Él que nos permite estar aquí reunidos,
¡qué grande es Dios!
Aquí nos permite estar en la casa de Nuestra Madre la Santísima
Virgen que es también la casa de todos nosotros. Bendito
Dios que te permitió a ti venir por primera vez, porque
hay algunos de ustedes que vienen por vez primera, Bendito
Dios que te ha permitido a ti venir durante tantos años,
que no has fallado ninguna vez a estas peregrinaciones;
en fin, Bendito el Señor que nos permitió a cada uno de
los que estamos aquí, estar presentes en este lugar que
nos llena tanto del amor de Nuestra Santísima Virgen.
Bienvenidos todos, qué bueno que el Señor le ha permitido a
cada uno de estos padres también hacerse presentes, al padre
Eduardo, P. Cezati, P. Meño, P. Romeo, P. Renovato, P. Chano,
P. Gilberto y dos sacerdotes que también nos acompañan en
esta celebración. Bienvenidos padres, me da muchísimo gusto
que nos acompañen.
Les damos un aplauso muy caluroso a nuestros sacerdotes.
Bienvenidos también los seminaristas, ellos que nos acompañan
de diferentes lugares, les damos nuestro aplauso.
Y bienvenidos todos ustedes de las diferentes comunidades.
Tenemos por aquí presentes a nuestros hermanos de la parroquia
de Nuestra Señora de Guadalupe ¡bienvenidos!; De Terán,
de la parroquia de Nuestra Señora de San Juan; de Nueva
Rosita, de la parroquia del Sagrado Corazón; de las dos
parroquias de Sabinas, la parroquia de Guadalupe y la parroquia
de San Martín; de la parroquia de San Andrés Apóstol; Acuña,
la parroquia de Guadalupe; Piedras Negras, el Santuario
de Guadalupe; de las rectorías de San Martín, del Perpetuo
Socorro, de Monclova Coahuila, y todos ustedes los de diferentes
lugares, muchas gracias por estar presentes y bienvenidos
a la Basílica de Guadalupe.
Mis muy queridos padres, seminaristas y todos mis hermanos,
religiosas y laicos. Yo pensé mucho en esta concelebración,
porque hay tantas cosas tan importantes e interesantes y
quiero invitarles a que reflexionemos unos momentitos en
tres de las preguntas que hace la Santísima Virgen María
y vamos a encontrar mucha riqueza.
La primera, la presenta Ella en la Anunciación, cuando el
Ángel le dice que el Plan de Dios es que Ella sea la Madre
del Redentor y Ella ha ofrecido no tener relaciones con
ningún hombre y Ella pregunta: ¿cómo podrá ser esto, si
yo permanezco virgen?
Yo quiero que reflexionemos en esta pregunta, porque María
lo hace en nombre de Ella que no entiende aquella situación,
pero también la podemos entender esta pregunta en nombre
de nosotros que muchas veces como Ella no entendemos como
podrá ser.
Ante una dificultad que tú vives, una situación de problema,
tú también te preguntas ¿cómo podrá ser la solución de esto?.
Te preguntas igualito que la Virgen María ante un gran anhelo
que tienes, ante un plan, un proyecto, ante una meta que
quieres conseguir y que lo ves difícil, también te preguntas;
¿cómo será esto?
María te entiende perfectamente, porque Ella también se lo
pregunto. Como diócesis también nos preguntamos ¿cómo? después
de los meses que han pasado en la explosión en la Mina Pasta
de Conchos, donde solamente se han podido rescatar los restos
de un solo hermano minero, se preguntarán algunos de ustedes,
los familiares de los mineros y nos preguntamos todos: ¿cómo?
si está tan difícil la situación.
Nos preguntamos ahora en estos momentos en que el territorio
de nuestra diócesis padece esta sequía tan fuerte ¿cómo
vamos a salir de este problema?
Ahora que nos enfrentamos a las situaciones tan difíciles
de los migrantes con esta ley que pretende aprobarse en
Estados Unidos, nos preguntamos: ¿y cómo le van a ser nuestros
migrantes?, si están en una situación tan difícil para conseguir
el sustento para su familia.
También nos preguntamos como iglesia, como diócesis: ¿cómo
podrá ser que avancemos en nuestra pastoral de conjunto
en los planes que ahora tenemos, si no estamos muy acostumbrados
a trabajar de esta forma?.
Y también nos preguntamos como México, como país que somos
¿cómo podrá ser esto, de los resultados de la elección que
acabamos de pasar el 02 de julio?. ¿Cómo podrá ser que sigamos
viviendo unidos, cuando parece que nuestro país se polariza?
¿Cómo podrá ser que salgamos delante de esta situación?
Vemos como esa pregunta de la Virgen María también no la hacemos
nosotros y cuál es la respuesta: Dios tiene un plan, un
proyecto, para Él no hay imposibles, basta con que unamos
esta situación haciendo todo lo que esta de nuestra parte,
que lo unamos al Todopoderoso, al Providente, al que nos
ama con amor eterno y la solución se encuentra, porque se
junta este elemento humanos con el elemento divino, exactamente
como a la Santísima Virgen María.
Al preguntarnos ¿cómo podrá ser esto?, encontremos también
en aquella respuesta del Ángel: “el Señor te dio un plan,
confía en este proyecto, tú haz todo lo tuyo y únete a este
proyecto de Dios”.
Segunda pregunta, queridos padres, seminaristas, hermanos fieles
y religiosas, yo creo que es una pregunta en la cual no
reflexionamos mucho, yo nunca la he escuchado en alguna
predicación, pero es también pregunta de la Virgen.
Cuando encuentra al niño Jesús a los 12 años en el templo
sentado entre los doctores y han andado José y Ella ya mucho
tiempo buscándolo, ¿se acuerdan lo que le pregunta?, ¿por
qué te has portado así?. ¡Qué pregunta tan interesante de
la Virgen! bueno como la primera también, y sabemos lo que
Nuestro Señor le responde: ¿no sabias que tengo que estar
en las cosas de mi Padre?
Esta pregunta de María también nos la hace a nosotros, mis
hermanos. María está pendiente de cada persona, de cada
uno de sus hijos así como lo estuvo de Jesús, así está pendiente
de ti. María nos bendice, nos ayuda, pide por nosotros,
pero también nos cuestiona, ahí lo vemos en esa pregunta
a Jesús que la podemos también entender como una pregunta
a ti y a mí. A mí como obispo, a tí como sacerdote, seminarista,
laico o religiosa que María te dice: ¿por qué te has portado
así?. Así en alguna situación que hayamos hecho algo malo
o en alguna situación en la que no hemos puesto todo lo
que estaba de nuestra parte para salir adelante.
Esta visita a la Basílica de Guadalupe también tomémosla como
un cuestionamiento de Nuestra Madre del Cielo que además
de hacerlo a nivel personal, también nos pregunta como diócesis
y como país: ¿por qué te has portado así?.
Quizá nos puede preguntar como diócesis: ¿por qué te has
portado así con los jóvenes a los que no has logrado traer
a tus filas? Diócesis de Piedras Negras ¿por qué te has
portado así con los más alejados, con aquellos que ya se
fueron de mi iglesia?, ¿por qué te portaste así que los
dejaste ir?, ¿por qué te has portado así, con los que más
necesitan y no les has tendido la mano?.
Tenemos que entender esta actitud cuestionante de la Santísima
Virgen, también ante nuestra iglesia particular. Y qué decir,
mis hermanos, de nuestro país, como mexicanos hemos realizado
muchos aciertos, pero también nos falta mucho y también
María que tanto ama nuestra patria y por eso ha venido a
hacerse presente aquí, también dice: México ¿por qué te
has portado así?, ¿por qué siguen tantas situaciones sin
solucionarse?, ¿por qué no atiende la problemática de tantas
personas?, ¿por qué no has luchado más por la unidad, contra
la corrupción, contra todas las situaciones que tú sabes
que están mal en el seno de tus mismos hijos?
Y hoy también como mexicanos nos cuestionamos ante esta pregunta
de Nuestra Madre: ¿por qué te has portado así?, y para estas
dos preguntas hay una tercera.
Ante María que dice: ¿cómo podrá ser esto?, y ante María que
te pregunta: ¿por qué te has portado así?, escuchamos las
preguntas que Ella realiza en el Tepeyac: “¿No estoy
yo aquí que soy tu Madre?”, ¿”No estas por ventura en mi
regazo?”. Es María que hoy sabe que vienes ante Ella,
que venimos ante Ella y escucha esas palabras aquí brotando
de esta hermosa imagen que Ella nos dejó en el Ayate de
San Juan Diego.
Escucha las palabras de María que te invitan a tener una gran
confianza en Ella, a reconocer su protección, su maternidad
y siéntete así como el bebé en el regazo de su mamá, así
siéntete en esta misa y en este momento, aquí estas en el
regazo de tu Madre que te está diciendo: ¿”No estas por
ventura en mi regazo?”. También así como diócesis de
Piedras Negras sabemos que estamos en el regazo de Ella
y la reconocemos como Nuestra Madre, porque está presente
en el Santuario y en tantas parroquias y templos dedicados
a Ella en nuestra iglesia particular, con tantos guadalupanos
en el movimiento, con tantos devotos en nuestra iglesia.
Aquí estamos todos, porque estamos conscientes que Ella
es nuestra Madre y por eso como mexicanos aquí estamos en
este oasis, en este lugar del que emana tanta Gracia y tanta
Bendición, no solo para nuestra patria sino para toda América
Latina y el mundo.
Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo que nos
ha permitido venir este día, para escuchar estas tres preguntas
de María y para responder con toda nuestra persona.
Gracias Señora, por estas tres preguntas que tú haces y que
hoy también nosotros nos involucramos en ellas. Gracias
Señora por lo que has permitido a cada uno de tus hijos
durante este año, realizar y vivir. Gracias por lo que has
permitido en nuestra iglesia particular y gracias también
por lo que has permitido a nuestra patria y al mundo.
Síguenos ayudando Señora a continuar adelante, cada uno de
nosotros con sus proyectos personales y los de su familia.
Ayuda a cada una de nuestras comunidades las que están aquí
presentes por medio de tus hijos que han venido y todos
aquellos que se han quedado en nuestra tierra, pero que
tú conoces su amor hacia ti y hacia Dios. Bendice nuestra
diócesis Señora con el don de la lluvia que tanto necesitamos.
Bendice a quienes realizan los trabajos en la Mina Pasta de
Conchos, bendice a todas las personas que trabajan por el
bien de nuestros hermanos y bendice a todos aquellos que
tienen necesidad de la Gracia y aquí contigo Señora nos
comprometemos a seguir buscando la voluntad de Dios a decir
también nosotros junto contigo: “Hágase en mi según tu
palabra”; A seguir confiando y creyendo en esta palabra
del Señor y nos comprometemos junto contigo a seguir trabajando
por una iglesia cada vez más de acuerdo a los deseos y la
voluntad del Señor.
Te manifestamos nuestra gratitud, nuestra petición y nuestro
compromiso en el aplauso que ahora de pie te dirigimos a
ti desde el fondo de nuestro ser. |
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