Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons.
Miguel Patiño Velásquez, Obispo de la Diócesis
de Apatzingan, en ocasión de la peregrinación
de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.
7 de noviembre de 2007
Muy estimados hermanos
sacerdotes, religiosas, hermanos y hermanas en la fe, venimos representado
a nuestra diócesis. Hemos venido, no sin dificultad, hasta este lugar
muy querido por todos nosotros. Venimos en peregrinación.
Madre venimos en peregrinación tus
hijos de tierra caliente, de la tierra caliente michoacana a este
lugar, venimos a contemplar tu imagen, el retrato que dejaste a tus
hijos, donde el pueblo mexicano te hizo esta casa y el pueblo de América
te venera y del mundo te venera en esta insigne Basílica.
Virgencita Morena, Madre de la Iglesia,
Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, gracias por dejarnos tu
retrato en el ayate del santo indito Juan Diego, imagen bendita que
llegó al corazón del pueblo y se adueñó de él. Gracias por manifestar
aquí que eres Madre, por vivir cerca de tus hijos, por escucharlos,
por estar al pendiente de todo aquello que nos aflige, por gozar de
sus alegrías; pero sobretodo por darnos y mostrarnos a tu hijo Salvador.
Gracias por hacer sentir a tus hijos más pequeños que están el hueco
de tu manto.
Con Aparecida recordamos y expresamos
que en las peregrinaciones el creyente
celebra el gozo de sentirse en medio de tantos hermanos, caminando
juntos hacia Dios que nos espera. Cristo mismo se hace peregrino y
camina resucitado entre los pobres. La decisión de partir hacia el
Santuario ya es una confesión de fe. El caminar es un verdadero canto
de esperanza y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino
se detiene sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía
de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en
silencio. El peregrino se conmueve derramando toda la carga de su
dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente,
es la mejor expresión de su corazón que ha renunciado a la autosuficiencia
reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una experiencia
espiritual.
Venimos, Madre y Señora,
a pedirte por nuestros sacerdotes, por nuestros seminaristas, por
las religiosas que laboran en nuestras comunidades, en nuestras parroquias.
Venimos a suplicarte por todos nuestros campesinos. Venimos en representación
de todos tus hijos de esa región de la sierra y del valle. Bendice
a todos nuestros trabajadores, a los niños, a nuestros jóvenes.
Te pedimos, también, Reina
de América, Reina de México nos ayudes a avanzar en el camino de la
democracia. El día 11 de este mes habrá elecciones en nuestro Estado
de Michoacán, para gobernador, diputados y presidentes municipales.
Oramos por los candidatos, por las autoridades civiles y por quienes
tienen que cuidar la transparencia y efectividad del proceso electoral
para que actúen de una manera responsable y digna.
También, queremos unirnos
en oración por intercesión de Santa María de Guadalupe por nuestros
hermanos que sufren en Tabasco, inundado por las aguas de los Ríos
Grijalva y Husumasinta que encuentren solución a sus problemas a través
de la generosidad de nuestras personas e instituciones, principalmente
de los gobiernos federales y estatales.
Gracias Madre por estar
aquí, gracias porque aquí manifiestas tu amor a todos los hombres
y mujeres del mundo, a todos los hombres y mujeres de América, a todos
los hombres y mujeres de nuestra diócesis.