Versión estenográfica
de la
Homilía
pronunciada por Mons. Ramón Castro Castro, Obispo
de la Diócesis de Campeche, en ocasión
de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.
2 de Agosto de 2008
Queridos hermanos y hermanas, es motivo de gran alegría para
el obispo de la diócesis poder presidir esta Eucaristía con tanta
esperanza con tanto gozo.
Saludo con mucho cariño a todos los sacerdotes que nos acompañan:
Vicario General, Pbro. Prospero, Rector del Seminario, Pbro. Sergio.
A los sacerdotes que han organizado también esta peregrinación,
y que han traído algunos autobuses desde el lejano Campeche. Saludo
a todos los religiosos, que nos acompañan, a las religiosas, a los
seminaristas y a todos los fieles laicos, que movidos por el amor
a nuestra madre Santísima de Guadalupe y haciendo un notable esfuerzo
han venido hoy desde Campeche hasta el Tepeyac. Saludo, también,
y agradezco cordialmente la presencia de los campechanos que residen
en la Ciudad de México y a los familiares de esos campechanos que
también han querido unirse a esta Eucaristía. Saludo, también, a
todos los fieles de otros puntos geográficos que indudablemente
nos están acompañando en esta Eucaristía.
Con nuestra visita a la Virgen de Guadalupe en su santa casa
llega hoy a su culmen un itinerario iniciado hace varios días en
nuestra Diócesis de Campeche: los cansancios, los sacrificios y
las quizás incomodidades que ha implicado nuestra peregrinación
han valido la pena, pues, tenemos la bellísima satisfacción de encontrarnos
con nuestra Madre Santísima.
Estamos ante Ella con nuestros corazones llenos de esperanza
y ponemos en nuestros labios, como manifestación de esta confianza
algunos versos de un antiguo himno de la liturgia oriental el Akáthistos
que dice:
Salve, lucero que el sol nos anuncias.
Salve, oh Madre del Sol sin ocaso.
Salve, regazo del Dios que se encarna.
Salve, oh tienda del Verbo Divino.
Una vez dicho esto, creo que es oportuno reflexionar al menos
simbólicamente sobre el significado de la peregrinación, del significado
de un Santuario y de María, como modelo de peregrina y morada de
Dios.
Vamos al primer punto ¿por qué hemos hecho esta peregrinación?
¿por qué todas las diócesis de México hacen estas peregrinaciones?
Indudablemente que es el amor a nuestra Madre Santísima. Pero, también,
tiene otro sentido, desde hace 57 años, por ejemplo, hemos compartido
la experiencia de peregrinar desde Campeche a esta meta geográfica
el Tepeyac.
La
Sagrada Escritura nos habla sobre el sentido de esta peregrinación.
En el Antiguo Testamento el hombre y el pueblo de Israel son presentados
como un caminante que tiene que salir de la esclavitud, es decir,
del pecado para pasar a la libertad de los hijos de Dios. La vida
misma es mostrada como un viaje hacia la patria definitiva. En el
Nuevo Testamento la vida cristiana es considerada como el camino.
Los seres humanos tienen que recorrer esa senda en la peregrinación
de su existencia a fin de encontrar e identificarse con Cristo.
Como hemos visto peregrinar significa entrar en una dinámica de
movimiento, dirigirse hacia una meta, ir en busca de una morada.
Podemos decir que la peregrinación es una dimensión de la existencia
humana. El ser humano la lleva inscrita en su propia naturaleza.
Es un ser creado para salir de sí mismo, para encontrase con los
otros y para encontrarse con Dios. Para vivir en una patria que
esta más allá de sus ojos, por eso el hombre siempre se pregunta:
acerca de su destino, acerca de su finalidad de la vida ¿quién soy?
¿de donde vengo? ¿a dónde voy? ¿qué misión tengo en la tierra? Y
sólo la fe nos da la respuesta cierta. Nuestro fin, queridos hermanos
y hermanas, no está aquí, nuestro camino termina en Dios de quien
salimos y en quien vivimos, nos movemos y existimos. Nuestra peregrinación
es para saludar a la Virgen de Guadalupe, ciertamente, pero también
nos recuerda esta realidad fundamental de todo ser humano, de todo
cristiano somos forasteros en este mundo, nuestro destino final
está en el cielo, en la casa de nuestro Padre Dios.
¿y por qué venir, segundo punto, a un Santuario, a este Santuario
concretamente? Los cristianos de todos los tiempos y lugares muchas
veces han encaminado sus pasos hacia sitios específicos donde descubren
la especial manifestación de Dios y de la Santísima Virgen María,
estos sitios son los santuarios. Según la Sagrada Escritura sólo
Dios es santo. Si el cristiano puede llamarse santo es porque participa
de la vida divina mediante la fe y el bautismo, de modo semejante
puede llamar santos a ciertos lugares y a ciertos objetos en cuanto
que están relacionado con Dios y nos aproximan a Él.
El edificio material llamado santuario es, por una parte, un
signo que nos pone en contacto con Dios; un espacio de encuentro
con Él. Una casa donde el creyente es permanentemente esperado por
su Padre Dios, por su Madre María y por la familia eclesial. Por
otra parte el santuario material es signo de otro santuario que
es el templo espiritual, es decir: cada cristiano donde ciertamente
Dios quiere vivir y manifestarse a todos. Es un hecho constatable
que los Santuarios Marianos son visitados por un enorme número de
cristianos, unos quizá no son practicantes activos, pero muchos
otros sí están comprometidos con su fe y además acuden en busca
de un alimento espiritual de consuelo y de auxilio a sus necesidades,
son personas que rezan, son personas que esperan como todos ustedes.
Esas multitudes traen a nuestra mente las que seguían a Jesús y
van a su encuentro porque algo encontraban en Él que saciaba su
sed y su hambre interior.
Nosotros hemos venido a esta Basílica a los brazos maternos
de Santa María siempre Virgen para que nos coloque, como discípulos
a los pies de su Hijo Jesús, pues sólo Él puede colmar nuestras
aspiraciones más ondas. En ese sentido pasamos al tercer punto.
Que María es, también, peregrina y que María es santuario del Dios
vivo. Para nosotros María es el modelo tanto de peregrina, como
de santuario de Dios, porque Ella fue peregrina, fue caminante.
Su primera y más decisiva peregrinación fue en el campo de la fe,
esperando contra toda esperanza con su sí incondicional aceptó caminar
por el sendero que Dios le propuso: ser la Madre de Jesucristo nuestro
Señor y a partir de entonces la Santísima Virgen María ha hecho
más peregrinaciones, pero ahora por todo el mundo, como repitiendo
la visitación a Isabel. Ella se ha encaminado hacia muchos lugares,
como santuario de Dios, para llevarles la salvación el fruto bendito
de su vientre Jesús, porque como nueva Arca de la Alianza la Virgen,
Madre es portadora del Evangelio viviente. Al ser Ella santuario
al relacionarnos con Dios; al recordar lo que ha dicho a Juan Diego:
¿qué te preocupa? ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?
Hemos venido como Diócesis de Campeche para encomendar toda
nuestra realidad eclesial a nuestra Madre Santísima. Hemos venido
a encomendarle toda la diócesis. A encomendarle todos nuestros sacerdotes,
todos y cada uno de ellos, especialmente quien más necesite de su
intercesión. Hemos venido a poner en sus manos nuestros seminaristas
que por gracia de Dios están aumentando, veintidós nuevos seminaristas
para el curso introductorio, para Campeche es mucho, ocho nuevos
para el Seminario Menor, cinco nuevos para la Teología. Hemos venido
a poner en manos de nuestra Madre todos los movimientos apostólicos.
Hoy ha venido en gran número de la Legión de María porque festeja
sus cincuenta años de presencia en nuestra diócesis con tantos frutos
que ha sabido dar. Hemos venido a poner en manos de nuestra Virgen
Santísima nuestro nuevo plan diocesano de pastoral y el nuevo impulso
que ha de tener, a partir de noviembre en el congreso. Hemos de
tener esa certeza que inicia un nuevo capítulo para diócesis. Hemos
venido, también, para poner en sus manos esta inquietud que es reflejo
de Aparecida de estar en permanente misión. Una misión permanente
para toda la diócesis, está la inquietud y el deseo de ir a través
de una organización efectiva a los más alejados rincones de nuestro
querido Campeche. Aquellos que han sido abandonados durante tantos
años por falta de sacerdotes. Aquellos donde sólo se les celebra
la misa una vez cada dos años o una vez cada año, esta inquietud
de misión permanente se reflejará con favor de Dios a través del
compromiso y la ayuda de muchos bautizados campechanos. Por eso
ponemos en manos de nuestra Madre esta intención.
Queremos, también, poner en manos de nuestra Madre lo que llamamos
el curso de inserción pastoral, aquellos que han dejado el seminario
y está apunto de ser consagrados, que sepamos darles todas las herramientas
para que estos seis jóvenes que esta año ingresan tengan todo lo
necesario para ser los sacerdotes que Campeche, México y la Iglesia
necesitan una experiencia nueva, una experiencia llena de esperanza.
Venimos, también, a poner en manos de nuestra Madre el trabajo
de todos los religiosos y religiosas. Le pedimos por nuestros jóvenes,
por nuestras familias. Le pedimos por los presos y los enfermos.
Son tantas intenciones, pero que reflejan ciertamente la confianza
a nuestra Madre.
Termino, simple y sencillamente diciendo a todos renovemos
nuestra esperanza, tenemos nuestra Madre Santísima que está atenta
a todas nuestras necesidades y que esta peregrinación, que esta
celebración eucarística refuerce, porque sí puede, nuestra fe, nuestra
esperanza, nuestra caridad, nuestro bautismo.
Así sea.