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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el Padre José de Jesús Herrera Astrain, Administrador Diocesano de la Diócesis de Nuevo Laredo, Tamaulipas, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

25 de julio de 2008

Hemos venido en peregrinación a esta Basílica de nuestra Señora de Guadalupe de la Diócesis de Nuevo Laredo. Y de la Diócesis de Durango se agregaron unos, también, que han venido y algunos otros vinieron con nosotros de otras diócesis del país vecino.

Hemos escuchado en el Evangelio, después del saludo de María, la repuesta de Isabel: ¿de dónde que la Madre de mi Señor venga a verme?  María es alguien por Cristo, Cristo es Dios. Dios eligió a María para Madre de su Hijo y para manifestarse completamente a nosotros. En la revelación primera hay un sólo Dios. ¿Maestro cuál es el mayor de los mandamientos? El mayor de los mandamientos es, escucha Israel, sólo hay un Dios y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, tu alma, tu mente, tu ser. Y María lo amaba; María en oración recibe al ángel y acepta ser la Madre del Señor. Dar vida a un cuerpo, que toma el Hijo de Dios. Sin dejar de ser Dios se hace hombre entre nosotros. Hombre como nosotros, en todo menos en el pecado. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, borra el pecado de nosotros para que reflejemos la imagen de Dios. En el bautismo nos da su Espíritu, igual que Él fue ungido con el Espíritu Santo de su bautismo, nosotros recibimos el mismo Espíritu. Y siendo simplemente hombres ahora, también, somos hijos de Dios, adoptados por Dios, por el Espíritu Santo.

María Santísima se presenta a Juan Diego. Juan Diego estaba preocupado por su tío Bernardino ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Jesús desde la cruz dijo: “Ahí está tu Madre, Madre ahí está tu Hijo”. Todo se va complementando. Lo que se vio en aquellos tiempos lo estamos viviendo nosotros. Cristo llega entre pecadores, no ha condenar sino a salvar.

En Aparecida se nos manda, se nos recuerda, lo que Cristo mandó: la evangelización permanente. Si se ha empezado la evangelización y se ha seguido, no estaríamos, como estamos. Ir evangelizando a las gentes que no han tenido contacto con Dios, un encuentro con Dios, entre nosotros, un encuentro con Cristo.

Un sacerdote muy bien preparado tiene mucho conocimiento, pero le hace falta un encuentro con Cristo, podríamos decir: ya lo tuve en el Bautismo, ya lo tuve en la Primera Comunión al tomar el pan y el vino los convierte en Sangre de Cristo. ¿Pero de ahí que compromisos hay? A veces es un trabajo de que ¡ha como cansa! y no pueden celebrar más que una misa porque no pueden más, o dos misas, bueno en domingo tres. Si llegan a celebrar cinco o siete por necesidad, cansadísimos los pobres.

Encontrándonos con Cristo el cansancio se acaba, lo tenemos en nuestras manos ¿de qué sirve? Hace falta la fe. Yo tomo la hostia, veo una hostia, después de consagrarla, tomo la hostia: este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, sigo viendo la hostia. Tengo que entrar en la fe en primer lugar. Yo sé que ustedes entraron le fui echando agua, algo de aquí, no sé quienes son ustedes, sé que ahí están. La luz está aquí, si en la noche te dan una linterna se la ponen en los ojos ¿qué ven? Ven la pura luz de la linterna, no ven lo que quieren ver. Quieren ver algo y entonces enfocas a donde tú quieres ver, ni modo que enfoques esa luz hacía allá. Se supone que lo más importante está aquí la Virgen de Guadalupe, el altar de Dios, los con celebrantes, pero recordemos a Cristo ¿quién es más importante el que está a la mesa o él que sirve? Verdad que el que está a la mesa; vamos a un restaurante y nos sentamos ¿quién es más importante? El cliente que está a la mesa ¿quienes están a la mesa? Ustedes están a la mesa y nosotros sirviendo. Es más fácil notarlo cuando hay un solo sacerdote en la parroquia sirviendo a la comunidad. Ustedes son los importantes, ojala en Catedral se pudiera ver más a la gente, también el altar, el sacerdote y todo lo que quieran, pero la gente también es importante que se vea, que nos veamos, usted me ven yo no los distingo bien, se que ahí están.

Igual ¿Dónde está Dios? Me dirán está en todas partes en el cielo, en la tierra y en todo lugar, así me lo aprendí yo y empezamos Dios está aquí, esté niño tiene que decir: sí Dios está ahí y le cantamos Dios está aquí y que bueno es... Esos cantos traen un mensaje muy bueno, si nada más los cantamos no hay fe. Si primero entramos en la fe y luego los cantamos los estamos viviendo. Cristo está conmigo, conmigo va el Señor me acompaña siempre donde quiera ¿y entonces me voy a sentir sólo si Cristo está contigo? Y si Cristo nos deja a María, su Madre, María está con nosotros también. Donde está Cristo está el Padre y el Espíritu Santo donde está el Padre y el Hijo. Un solo Dios y ese Cristo vienen a revelarlos ese Dios es Padre y le envió a su Hijo. “Tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo”. No lo envió a condenar sino a salvar. Entonces, no le tengamos miedo a Dios si se nos transfigurara como a Moisés en una zarza ardiendo; si se nos transfigurara como el Espíritu Santo en lenguas de fuego sobre cada uno de todos nosotros, no hay que tener miedo, es Dios. Él nos ama, somos suyos, nos ha creado para Él. Pero por algo le tenemos miedo. ¿Qué hiciste Adán? ¿Por qué te escondes? es que estaba desnudo, te oí y tuve vergüenza. Pecaste Adán, pecaste, por eso le tienes miedo a Dios, pero si Cristo está con todos crucificados de lo peor mereciendo el peor de los castigos. Uno se convence este debe ser inocente, y si uno dice que es rey de los judíos: “Acuérdate de mí Señor cuando estés en tu reino. Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”, se llevó el premio no tuvo que hacer más. En cambio nosotros con tanta vida se nos manda:

- Vayan.
- ¿Por dónde?
- Por el mundo
-¿A qué?
- Enseñen
-¿A quiénes?
- A las gentes.

Vayan por el mundo enseñen a las gentes a guardar
- ¿Qué cosa?
- Lo que yo les he mandado.

¿Qué nos ha mandado? Primero que si amamos al Padre cumplamos sus mandamientos, y ahí están los mandamientos que debemos cumplir. Y tenemos al mundo que nos enseña, quebrántalos ya legalizamos nosotros los pecados, ya no son pecados, ya los puedes hacer, inscríbete, paga tus impuestos, ponte al corriente, el pecado es negocio. Si Cristo vuelve, y aquí está, ¿dónde está? cada uno es cristiano, cada uno es Cristo y si cada uno de los cristianos, cada uno de los cristos no hacemos presencia de Dios ante el mundo, pues, el mundo está como está.

Necesitamos más sacerdotes, cuéntenlos, hacen falta más. Señor mándanos más, pero no solamente sacerdotes, sino consagrados ¿quién no está consagrado? Pues, es como preguntar ¿quién no está bautizado? Si el día del bautismo nos consagraron para Dios, nos señalaron para Dios. El sacerdote, el papá, la mamá, el padrino, la madrina de chiquitos nos señalaron para Dios y de parte de Dios al echar el agua el Espíritu Santo y nos ungieron con el Santo Crisma el bautismo y volvieron a ungirnos en la Confirmación y a los presbíteros en las manos en la consagración que hicieron de nosotros para ser miembros del orden sacerdotal: diáconos, presbíteros y obispos.

Desde el bautismo nos bautizaron, pero no para pecar, se nos quitaron los pecados, no para seguir pecando. Necesitamos una buena Madre y esa Madre es María y nosotros la tenemos en especial. María es la Madre de todo mundo y en México decimos: nuestra Señora de Guadalupe.

 
 
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