21 de
octubre de 2009
Muy queridos hermanos
y hermanas, queridos sacerdotes, seminaristas, religiosas. Aquí estamos
una vez más ante las plantas de nuestra Madre Santísima de Guadalupe,
como pueblo de Dios, como Diócesis de Ciudad Valles.
Todos nos alegramos
de volver a la casita de nuestra Madre Santísima, aquella que hace
varios siglos vino a nosotros y se presentó: “Yo soy la Madre del
Verdadero Dios por quien se vive, quiero que me construyan una casita
para estar aquí en medio de ustedes, para que todos puedan venir,
porque Yo quiero favorecerlos a todos”. Y así, hermanos, escuchando
estas palabras de María, esta la invitación. Aquí estamos de nuevo,
para aprender los hermosos ejemplos que Ella nos da; para confiarnos
plenamente, filialmente a su protección maternal; para sentir su presencia
en medio de nosotros. Porque Ella, Madre de Jesús y Madre nuestra
quiere llevarnos a Jesús, su Hijo, aquel que Ella recibió en su seno,
lo concibió por obra del Espíritu Santo, lo dio a luz en Belén, lo
cuidó, lo amamantó e hizo que fuera creciendo hasta llegar a la plenitud
de la edad para que pudiera cumplir su misión evangelizadora y redentora.
Ella nos da ese hermoso ejemplo de humildad: “He aquí la esclava
del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Ejemplo admirable,
aceptación de la voluntad de Dios manifestada por el anuncio del Ángel.
Ella nos da ejemplo de pureza, de limpieza de alma que se consagra
totalmente al Señor. Ella nos da ejemplo de fe y también Ella prorrumpe
en esa alabanza al Señor por tantos beneficios que ha recibido de
Él: “glorifica mi alma al Señor, mi espíritu se llena de júbilo
en Dios mi Salvador, porque ha puesto su mirada en esta humilde sierva
suya”. Por eso desde ahora, me dirán dichosa y feliz, todas las
generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el que es Todo Poderoso
y su nombre infinitamente santo.
Hermanos, al escuchar
estas palabras de María nos sentimos, también, todos identificados
con Ella como pueblos de Dios y aún cada uno personalmente, porque
todos hemos sido llamados, también, a cumplir esa voluntad del Señor.
Dios tiene un designio para cada uno de nosotros, para cada familia,
para cada comunidad y para todo el pueblo de Dios unido. Y tenemos
que saber descubrir esta voluntad de Dios para unirnos a ella, a este
designio de salvación. Y tenemos que encomendarnos a la Santísima
Virgen, para que Ella sea nuestra intercesora ante su Hijo Jesús.
Y aprendamos, también, ese hermoso ejemplo del indio Juan Diego, que
fue el privilegiado que recibió el mensaje que de María y lo transmitió
a todos nosotros. Él también se sentía humilde, indigno y en su sencillez
él decía: Señora no soy digno yo, manda a otro. No, tú has de ir
con el obispo para que este mensaje mío llegue a todos. Y así
cumplió esa misión con plena humildad, con sencillez y Dios por medio
de María hizo en él cosas grandes también, por eso ahora lo veneramos
como santo en la Iglesia. Estos ejemplos, hermanos, nos llevan a que
también nosotros sigamos este camino de fe, de amor, de alabanza a
Dios.
Nuestra diócesis, queridos
hermanos, está unida a toda la Iglesia en esta celebración del Año
Sacerdotal, que promulgó el Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, para
pedir por nuestros sacerdotes, para conocer mejor ese ministerio,
que el Señor por medio de la Iglesia le ha confiado y pedir por su
fidelidad, por su perseverancia, por su santificación. Porque ellos
aquí en la tierra hacen las veces de Cristo ante todo el pueblo de
Dios; para llevarles la Palabra de Dios; para santificarlos por medio
de los sacramentos; para guiar en el amor y en la unidad a todo el
pueblo de Dios. Por eso debemos pedir al Señor, no sólo este Año Sacerdotal,
sino a lo largo de toda nuestra vida pedir siempre por nuestros sacerdotes
en la Iglesia. Y a demás nuestra diócesis, queridos hermanos y hermanas,
se prepara para darle gracias a Dios por los 50 años de existencia
en la Iglesia como diócesis. Aquel 27 de noviembre de 1960 el Papa
Juan XXIII erigió la Diócesis de Ciudad Valles y desde entonces la
diócesis ha ido caminando buscando siempre sus caminos de Dios en
la fidelidad, en la tarea pastoral Año Jubilar, para celebrar durante
todo el año y darle gracias a Dios por tantas bendiciones recibidas,
como diócesis y además todos como diócesis nos pondremos en este movimiento
misionero, evangelizador, donde cada uno en su propio corazón, sintiendo
la vocación a ser discípulo de Cristo y a ser también misionero de
Cristo, realice a su alrededor esa tarea que Dios nuestro Señor en
la Iglesia nos pide en la actualidad. Como familias, también, buscando
la unidad, la fidelidad, el amor en cada familia cristiana. Como comunidad,
también como parroquias, todos juntos procuraremos durante este Año
Jubilar realizar ese ideal de la Evangelización.
La
Iglesia, sobretodo aquí en América Latina nos lanza a ese Misión Continental
para que el Evangelio sea escuchado hasta los últimos rincones de
nuestros países, de nuestras naciones, para nosotros hasta los últimos
rincones de nuestra Diócesis de Valles. Y a nosotros nos toca, queridos
hermanos, tomar conciencia de que somos discípulos de Cristo, para
ser misioneros de Cristo, apóstoles, evangelizadores. Y eso se lo
presentamos, también, a nuestra Madre Santísima, que ella tome estos
propósitos de nuestra diócesis entre sus manos los bendiga y los haga
fructificar.
En nuestro plan de pastoral
tenemos ese anhelo, esa inquietud de formar todos, esa familia, en
la comunión de la Iglesia y en la comunión diocesana, en la comunión
parroquial, en cada comunidad cristiana sentir esa presencia de Jesús
en medio de nosotros, que estamos unidos en su nombre, para así poder
llevar a todos nuestros hermanos la Palabra del Señor.
Pues, esto, hermanos,
lo pedimos a nuestra Madre Santísima de Guadalupe y le pedimos en
este día su bendición. Y luego, pues, cada uno, cada persona aquí
presente, y también los que no pudieron venir, cuantas peticiones
tendrán en sus corazones a nuestra Madre Santísima en este momento
presentémosle esas peticiones, porque ella aquí está precisamente
para escucharlas, para atenderlas y para bendecirnos a todos y que
podamos llegar a Cristo, nuestro Señor en la unidad de nuestro pueblo.