I.
ITINERARIO DE LA CAUSA
1. Juan Diego y el
Acontecimiento Guadalupano
5. La historia de la causa de canonización de Juan
Diego está íntimamente unida a la del Acontecimiento Guadalupano, que
consiste en las apariciones de nuestra Señora de Guadalupe, del 9 al
12 de diciembre de 1531.
6. Aun cuando la devoción a Santa María de Guadalupe
ya existía mucho antes que el dominico fray Alonso de Montúfar(1554-1573)
llegara a México como sucesor de Zumárraga, fue éste el primer arzobispo
en apoyar expresamente el culto a santa María de Guadalupe en el Tepeyac;
todo comenzó durante un sermón pronunciado en la catedral Metropolitana,
el 6 de septiembre de 1556, con el que procuró persuadir al pueblo para
venerar a la celestial Señora
.
7. En 1573, el Papa Gregorio XIII concedió indulgencia
plenaria y otras gracias a los fieles que visitaran el templo de la
Bienaventurada Virgen María de Guadalupe y ahí recitaran piadosas preces
,
y en 1576 revalidó y prorrogó las gracias e indulgencias antes concedidas,
lo cual agradece el entonces arzobispo de México, Pedro Moya de Contreras
.
8. Las orientaciones precisas que en 1634 emitió
el Papa Urbano VIII acerca del culto a los santos, hizo que oficialmente
la devoción al vidente y embajador de la Virgen Madre fuera suspendida;
sin embargo, el decreto no logró erradicarla de la mentalidad popular,
que la conservó sin interrupción, como lo prueba la documentación respectiva.
9. En 1663, el obispo de Puebla, Diego Osorio de
Escobar y Llamas, Gobernador de la Arquidiócesis de México, en ese entonces
sede vacante, y el Virrey de la Nueva España, Antonio Sebastián de Toledo
Molina y Salazar habían dirigido una carta al Papa Alejandro VII, pidiéndole
la concesión de celebrar la Misa propia en honor de Santa María de Guadalupe
el 12 de diciembre, pues hasta entonces se había identificado con la
celebración de la Inmaculada Concepción, el 8 del mismo mes
.
10. Desde el punto de vista jurídico se abrió un
proceso en 1666 para reconocer la historicidad del Acontecimiento Guadalupano
y de Juan Diego; los resultados del proceso se conocen como Informaciones
Jurídicas de 1666
, y fueron enviados a Roma.
11. En 1720, el entonces arzobispo de México, José
de Lanciego y Aguilar, aprobó que se realizara una nueva investigación,
que originó las llamadas Informaciones de 1723, confirmando nuevamente
la tradición de la milagrosa imagen de nuestra Señora de Guadalupe.
12. El 2 de julio de 1757, el Papa Benedicto XIV, a través de la Sagrada
Congregación para los Ritos concedió la Misa propia y el Oficio Divino
para el 12 de diciembre, extendiendo esta concesión a todos los dominios
de España
13. En 1891, el Papa León XIII, ante la petición
explícita del episcopado mexicano, ratificó lo que ya había concedido
su predecesor Benedicto XIV, añadiendo referencias más explícitas sobre
el Hecho Guadalupano y sobre Juan Diego, incluyendo parágrafos enteros
del Nican Mopohua en las lecturas del Oficio Divino.
14. En 1894, el mismo Pontífice León XIII, otorgó
la coronación canónica de la Virgen de Guadalupe.
15. En 1899 se llevó a cabo el Concilio Plenario
Latinoamericano. Allí se invocó a la Virgen de Guadalupe, y se colocó
el Acontecimiento Guadalupano como punto de referencia fundamental para
comprender el catolicismo en América Latina, y para iniciar una nueva
etapa evangelizadora.
16. En 1910 los obispos mexicanos, junto con numerosos
obispos latinoamericanos, pidieron al Papa Pío X que proclamara a la
Virgen de Guadalupe Patrona de toda América Latina, y extendiera la
festividad litúrgica a todo el continente.
17. El 12 de septiembre de 1933, alrededor de quinientos
obispos de todo el continente americano y de otras partes del mundo,
enviaron al Papa Pío XI una carta en la que le solicitaban la extensión
de la Fiesta y del Patronato de Nuestra Señora de Guadalupe a todo el
continente. Lo mismo pidieron los obispos de Filipinas y les fue concedido.
18. Durante la persecución contra la Iglesia católica
en México (1927-1930) la Virgen de Guadalupe fue un punto constante
de referencia para el pueblo mexicano. Testimonio de ello era el grito
que lanzaban los que morían en defensa de su derecho a expresar y celebrar
públicamente su fe: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!
19. El 12 de octubre de 1945 Pío XII ofreció una
alocución radiofónica por el cincuentenario de la coronación pontificia
de la imagen de nuestra Señora de Guadalupe, en la que decía: Y así
sucedió al sonar la hora de Dios para las dilatadas regiones del Anáhuac.
Acababan apenas de abrirse al mundo, cuando a las orillas del lago de
Texcoco floreció el milagro. En la tilma del pobrecito Juan Diego -como
refiere la tradición- pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada
una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos maravillosamente
respetarían
.
20. Por su parte, Juan XXIII, el 12 de octubre
de 1961, declaraba en la conmemoración del cincuentenario del Patronato
de la Virgen de Guadalupe sobre toda América Latina: La siempre Virgen
Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive derrama su ternura
y delicadeza maternal en la colina del Tepeyac, confiando al indio Juan
Diego con su mensaje unas rosas que de su tilma caen, mientras en ésta
queda aquel retrato suyo dulcísimo que manos humanas no pintan. Así
quería nuestra Señora continuar mostrando su oficio de Madre: Ella,
con cara de mestiza entre el indio Juan Diego y el obispo Zumárraga,
como para simbolizar el beso de dos razas (...) Primero, Madre y Patrona
de México, luego, de América y de Filipinas, el sentido histórico de
su mensaje iba cobrando así plenitud, mientras abría sus brazos a todos
los horizontes en un anhelo universal de amor
.
21. El 12 de octubre de 1970, el Papa Paulo VI,
exclamaba con motivo del 75 aniversario de la coronación pontificia
de la imagen: La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe, tan profundamente
enraizada en el alma de cada mexicano y tan íntimamente unida a más
de cuatro siglos de vuestra historia patria, sigue conservando entre
vosotros su vitalidad y su valor, y debe ser para todos una constante
y particular exigencia de auténtica renovación cristiana
.
22. En 1974 se celebraba el V Centenario de la
fecha del nacimiento de Juan Diego, cuando algunos miembros del pueblo
de Dios en México, pidieron su canonización, para proponerlo como ejemplo
de laico cristiano
.
23. Juan Pablo II, durante su primera visita a
México con motivo de la inauguración de la III Conferencia del Episcopado
Latino Americano, en 1979, se refiere a la Virgen llamándola "Madre
de la Iglesia en América Latina", "Estrella de la evangelización"
;
mientras que de Juan Diego dice: Desde que el indio Juan Diego hablara
de la dulce Señora del Tepeyac, tú, Madre de Guadalupe entras de modo
determinante en la vida cristiana del pueblo de México
.
24. El Arzobispo Cardenal Ernesto Corripio Ahumada
presidió tres de los momentos más importante de todo este afanoso proceso
de investigación histórico-científica: el primero, el 7 de enero de
1984, en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe,
cuando dio lectura al documento con el que se iniciaba el Proceso Canónico
del Siervo de Dios, Juan Diego, el indio humilde mensajero de la Virgen
de Guadalupe. El segundo fue el 23 de marzo de 1986, en la Catedral
Metropolitana de México, cuando, en su investidura de "Juez Ordinario",
presidió la celebración de la última sesión de este proceso, y la Congregación
para las Causas de los Santos aprobó el camino realizado
. El tercer momento fue el 9 de octubre de 1989,
en la Sala de Acuerdos de la Curia de la Arquidiócesis de México, donde
fueron convocados 21 especialistas, investigadores y estudiosos del
Acontecimiento Guadalupano, entre los cuales estaba Mons. Guillermo
Schulemburg, para emitir, con toda libertad, sus valiosas opiniones
a favor o en contra de la causa de Juan Diego; ninguna opinión se vertió
en contra de la existencia física del Siervo de Dios y se ahondó positivamente
en su fama, virtudes y culto
.
25. Los resultados y la documentación necesaria
fueron enviados a la Santa Sede, a la Congregación para las Causas de
los Santos, donde se elaboró la Positio, la cual, en 1989, fue puesta
a la consideración de las tres Comisiones, designadas para el caso:
la de historiadores, la de teólogos y la de obispos y cardenales. La
Positio fue aprobada en 1990
,
reconociendo que a Juan Diego se le daba culto desde tiempos inmemoriales,
apoyando esto con diseños y medallas en los que se le representaba con
aureola, o su figura en cálices, púlpitos, altares, exvotos, ofrendas,
documentos. Una buena síntesis de todo esto nos la ofrece D. Cayetano
de Cabrera y Quintero: Aún los mismos indios que frecuentaban el Santuario
se valían de las oraciones de su compatriota viviendo y, ya muerto y
sepultado allí, lo ponían como intercesor ante María Santísima, para
lograr sus peticiones. Esperamos en Dios que un día lo veamos en el
honor de los altares
.
26. La Congregación para las Causas de los Santos
presentó los resultados obtenidos para que fueran valorados por el Papa
Juan Pablo II, a quien correspondía la decisión final. La respuesta
fue dada a conocer a través del Decreto de Beatificación del 9 de abril
de 1990, con el que se reconocía la santidad de vida y el culto tributado,
desde tiempo inmemorial, al beato Juan Diego. El 14 de abril, sábado
de Gloria, en la Catedral Metropolitana, el Sr. Cardenal D. Ernesto
Corripio Ahumada dio la jubilosa noticia.
27. En su segundo viaje apostólico a México, el
6 de mayo de 1990, Juan Pablo II presidio en la Basílica de Guadalupe
la solemne lectura del Decreto de Beatificación por confirmación del
culto que de tiempo inmemorial le había rendido el pueblo mexicano.
En su homilía comentaba: Juan Diego es un ejemplo para todos los fieles,
pues nos enseña que todos los fieles de Cristo, de cualquier condición
y estado, son llamados por el Señor a la perfección de la santidad por
la que el Padre es perfecto, cada quien en su camino (LG 11). Y Juan
Diego, obedeciendo cuidadosamente los impulsos de la gracia, siguió
fiel a su camino y se entregó todo a cumplir la voluntad de Dios, según
aquel modo en el que se sentía llamado por el Señor. Haciendo esto,
fue sobresaliente en el tierno amor para con la Santísima Virgen María,
a la que tuvo constantemente presente y veneró como Madre y se entregó
al cuidado de su casa con humilde y filial ánimo. No es de admirar,
pues, si no pocos fieles lo tenían por un santo, viviendo todavía, y
le pedían les ayudara con su oración. Esta fama de santidad después
de su muerte duró, de modo que no son pocos los testimonios del culto
que se le daba, los cuales muestran suficientemente que delante del
pueblo cristiano se le nombraba con el título de santo, y así conocido
le daban los signos de veneración que suelen estar reservados para los
beatos y los santos, como queda patente por los monumentos de arte,
en los cuales la efigie de Juan Diego se puede ver adornada con aureola
y con otros signos de santidad. Cierto que tales signos de culto se
manifestaron sobre todo en el tiempo más cercano a la muerte de Juan
Diego, pero nadie puede negar que los mismos han continuado hasta nuestro
tiempo, de modo que con seguridad consta el testimonio congruente de
un culto peculiar dado sin interrupción a Juan Diego. Habiendo instado
muchos obispos y fieles de Cristo, principalmente mexicanos, la Congregación
para las Causas de los Santos procuró que se recogieran los documentos
que ilustran la vida, virtudes y fama de santidad de Juan Diego, y mostraron
el culto que se le diera, los cuales, debidamente investigados, concluyeron
con la Positio sobre la fama de santidad, de sus virtudes y culto que
se le dio desde tiempo inmemorial
.
28. El 12 de octubre de 1992, en el discurso inaugural
de la IV Conferencia General del Episcopado Latino Americano, en Santo
Domingo, el mismo Juan Pablo II afirmaba con gran fuerza la importancia
del Acontecimiento Guadalupano, nombrándolo como ejemplo de evangelización
perfectamente inculturada, ya que en la figura de María de Guadalupe
se encarnaron auténticos valores culturales indígenas: En el rostro
mestizo de la Virgen del Tepeyac, se resume el gran principio de inculturación:
la íntima transformación de los auténticos valores culturales, mediante
la integración en el cristianismo en las varias culturas
.
29. El 28 de octubre de 1998 se presentó el resultado
de la investigación realizada por una Comisión Histórica formada ex
profeso por la Congregación para las Causas de los Santos y la Arquidiócesis
de México. Su trabajo fue tomar en cuenta todo lo ya realizado e investigar
en Archivos y Bibliotecas de varias partes del mundo, estudiar y analizar
desde la tradición oral continua e ininterrumpida que se ha mantenido
en la memoria del pueblo, hasta fuentes documentales como mapas, códices,
anales, testamentos, cantares, narraciones, Nican Mopohua, Nican Motecpana,
Información de 1556, Informaciones Jurídicas de 1666, los importantes
escritos de los primeros frailes misioneros y otros muchos documentos.
Los resultados comprueban y confirman la verdad del Acontecimiento Guadalupano,
la historicidad del indio Juan Diego, modelo de santidad, y su papel
como mensajero y misionero laico elegido por Nuestra Señora de Guadalupe.
Lo más importante de la investigación fue publicada en un libro bajo
el título "El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego"
y fue entregado a prestigiados estudiosos en Historia de la Iglesia,
grandes conocedores de México y de América Latina. Todos, de manera
unánime han dado su confirmación positiva, tanto de la historia del
Acontecimiento Guadalupano, especialmente del Beato Juan Diego, como
de la metodología científica usada en la investigación.
30. El 22 de enero de 1999, durante su cuarta visita
a México, Juan Pablo II dejó oír nuevamente su voz, declarando la importancia
del mensaje Guadalupano comunicado por el beato Juan Diego, y confirmando
la perfecta evangelización que nos ha sido regalada por nuestra Madre,
María de Guadalupe, a quien declaró "Patrona de todo el continente
Americano" y "Estrella de la primera y de la nueva evangelización"
.
31. Después de nuevos estudios sobre la figura
histórica del Beato Juan Diego y sobre las apariciones de Guadalupe
,
bajo la dirección del Emmo. Sr. Ernesto Cardenal Corripio, se llevó
a cabo la Investigación diocesana (1990-1994) acerca de una supuesta
curación milagrosa, atribuida a la intercesión de dicho Beato. El caso
en cuestión inició el 3 de mayo de 1990, cuando un joven de 20 años
de edad, llamado Juan José Barragán Silva, cayó de una altura aproximada
de 10 metros, sobre la banqueta de cemento, con un fuerte impacto valorado
en 2,000 Kg., con fractura múltiple del hueso craneal y fuertes hematomas.
Según la valoración de los médicos, la mortalidad instantánea superaba
el 80%. El 26 de febrero de 1998, los médicos especialistas de la Congregación
para las Causas de los Santos examinaron y aprobaron por unanimidad
los estudios que los médicos mexicanos habían hecho en el proceso diocesano,
pues comprobaron que era naturalmente inexplicable que Juan José estuviese
vivo y sano, con una curación rápida, completa y duradera; era una inexplicable
curación según el conocimiento de la ciencia médica. La madre del joven
fue la que, con gran fe, invocó al Beato Juan Diego por la salvación
de su hijo. El 11 de mayo de 2001, en Sesión Especial para estudiar
el milagro, los consultores teólogos, presididos por el promotor de
la fe, aprobaron el milagro sucedido por intercesión de Juan Diego Cuauhtlatoatzin,
con voto afirmativo unánime
;
a idéntica conclusión llegaron los cardenales y obispos reunidos en
Sesión ordinaria, el 21 de septiembre del mismo 2001.
32. Los obispos del episcopado mexicano, en su
Carta Pastoral del 12 de octubre de 2001 decían: La verdad de las apariciones
de la Santísima Virgen María a Juan Diego en la colina del Tepeyac ha
sido, desde los albores de la evangelización hasta el presente, una
constante tradición y una arraigada convicción entre nosotros los católicos
mexicanos, y no gratuita, sino fundada en documentos del tiempo, rigurosas
investigaciones oficiales verificadas el siglo siguiente, con personas
que habían convivido con quienes fueron testigos y protagonistas de
la construcción de la primera ermita
;
(...) Consideramos también deber nuestro manifestar que la historicidad
de las apariciones, necesariamente lleva consigo reconocer la del privilegiado
vidente interlocutor de la Virgen María
.
33. El decreto "acerca del milagro" fue
promulgado en ciudad del Vaticano ante Su Santidad Juan Pablo II el
20 de diciembre de 2001.
34. Esta tradición centenaria, en la que confluyen
diversos miembros del pueblo de Dios en México, España, Vaticano, nos
indica que el tema en cuestión es más que un simbolismo. En efecto,
el culto desde tiempos antiguos se convierte en una realidad que se
va imponiendo como expresión de fe y reconocimiento de algo que realmente
aconteció en la historia, en los personajes identificados por la misma
tradición, a saber, Santa María de Guadalupe, Juan Diego, Fray Juan
de Zumárraga y Juan Bernardino. A eso habrá que añadir los diversos
testimonios escritos, representativos y arqueológicos, cuya importancia
será mencionada más adelante.
2. Oposiciones y
problemas
35. El argumento Guadalupano ha sido objeto de
apasionados debates históricos, pero podemos decir que pocos eclesiásticos
y seglares mexicanos se han opuesto a la historicidad del Hecho y, consiguientemente,
de Juan Diego. Algunos explican que el Hecho Guadalupano es un mito
religioso usado para representar las antiguas tradiciones religiosas
mexicanas, que luego fueron asumidas en forma sincretista por el catolicismo.
Otros consideran el Hecho Guadalupano como un mero instrumento pedagógico
de la catequesis misionera a favor de los indígenas
.
Unos más consideran el Hecho Guadalupano como una invención de los criollos
del siglo XVII, para darle fuerza al naciente nacionalismo mexicano
.
Hay quienes apoyan su duda sobre la historicidad del Hecho Guadalupano
en la ausencia de fuentes claras y precisas en los primeros veinte años
inmediatos al Acontecimiento; especial relevancia se le da a la ausencia
de documentos franciscanos que lo mencionen, sobre todo la falta de
datos de uno de los protagonistas del Hecho, el obispo fray Juan de
Zumárraga. Finalmente, hay quienes no niegan la historicidad de lo sucedido,
pero afirman que lo fundamental es el simbolismo que encierra, es decir,
la representación del drama de la conquista, que incluye las diversas
actitudes de los misioneros y el trauma de los indígenas en los primeros
momentos de la evangelización
.
36. Los que niegan la historicidad de la Virgen
de Guadalupe y Juan Diego afirmando que ambos forman parte de la catequesis
simbólica, consideran que sacarlos de este simbolismo, llevaría a una
fantasía histórica. En este sentido, canonizar a Juan Diego equivaldría
a canonizar un símbolo, no a una persona real. Por lo demás consideran
que, negar la historicidad del Hecho, en nada contradice la importancia
de la devoción Guadalupana a lo largo de la historia de México.
37. Esta postura reciente y las oposiciones antiguas
,
han obligado a revisar la documentación histórica y a proseguir la investigación
en archivos y bibliotecas, para aclarar dudas y llegar razonablemente
a una conclusión positiva o negativa, con rigor científico, sobre la
historicidad objetiva del Acontecimiento Guadalupano y del indio vidente
Juan Diego. Los resultados de tales trabajos fueron presentados por
el R. P. Fidel González Fernández, m.c.c.j., catedrático de la Universidad
Pontificia Urbaniana de Roma y de la Pontificia Universidad Gregoriana,
también de Roma, en un Congreso convocado para esta finalidad por la
Congregación de las Causas de los Santos, el 1 de noviembre de 1998.
La relación fue acogida y aprobada por unanimidad en esa sesión, presidida
por el Prefecto de dicho Dicasterio, para darle el debido curso canónico
.
3. Convergencia
de las pruebas documentales
38. Las obras hasta ahora analizadas afirman, de
manera convergente y no prefabricada, la historicidad del Acontecimiento
Guadalupano y de todos sus protagonistas. Esto no niega que en algunos
casos se presenten determinadas hipótesis razonables de carácter histórico,
para explicar posibles dudas o vacíos, como el llamado "silencio
Guadalupano" de algunos personajes eclesiásticos y civiles del
siglo XVI
.
39. El trabajo de investigación ha seguido una
ruta rigurosamente crítica histórica en la búsqueda y valoración de
documentos que se encuentran en archivos y bibliotecas. Ello ha implicado
para los estudiosos la obligación de respetar las características peculiares,
según se trate de obras indígenas, españolas o mestizas, y la índole
histórica de la documentación. Asimismo han averiguado si estas fuentes
son fidedignas total o parcialmente, y en qué medida, y si en ellas
se encuentran elementos históricos sólidos que fundamenten la historicidad
del Acontecimiento Guadalupano y del vidente Juan Diego
.
Finalmente han tomado en cuenta el origen, destinatario, contexto y
finalidad de todos estos documentos para entender su propósito y alcance.
40. Los documentos españoles del siglo XVI, que
mencionan a "Guadalupe" son numerosos, sobre todo a partir
de la segunda mitad del siglo. Con frecuencia se refieren directa o
indirectamente al culto dado a la Virgen de Guadalupe en su ermita,
ubicada entonces en las afueras de la ciudad de México. No hablan directa
o explícitamente de las apariciones o de Juan Diego, sino que son alusiones
circunstanciales o de paso
.
Hasta el presente no se ha llegado a encontrar documento alguno, entre
1531 y 1548, que se refiera al Hecho Guadalupano, ni siquiera de uno
de los protagonistas, Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México,
muerto en 1548. No obstante, este silencio ni prueba ni niega nada.
41.
A partir del dominico Fray Alonso de Montúfar, segundo
arzobispo de México, el guadalupanismo comienza a ser una tónica común
en los arzobispos de México, mientras que en la sociedad del siglo XVII
es ya un elemento esencial de la conciencia católica mexicana y de la
pertenencia nacional de los mestizos; por lo que no es sorprendente
que haya inspirado movimientos sociales, culturales, religiosos y políticos,
que fueron favoreciendo una mentalidad que desembocó en la Independencia
.
42.
A esto hay que añadir que tanto la tradición oral
continua, tan importante entre los pueblos mexicanos (a base de cantos,
poemas), como los diversos escritos indígenas, mestizos y españoles
de naturaleza varia (narrativos
,
epistolares
,
jurídicos
y administrativos
las representaciones
,
(pinturasesculturas) y la arqueología
muestran cómo, en torno al Hecho histórico Guadalupano, se va desarrollando
una creciente atención y devoción a María de Guadalupe, íntimamente
ligada a la gran veneración popular al vidente Juan Diego.
43. Siguiendo los criterios de realismo, imparcialidad
y moralidad histórica, los peritos nos presentan las siguientes conclusiones:
por un lado, la investigación histórica sigue abierta; por otro lado,
los datos con los que ya contamos, son más que suficientes para afirmar
con certeza la convergencia en hablar de Guadalupe (distinta de la de
Extremadura, España
y de Juan Diego, como una fuerza increíble y extraordinaria que se convierte
en punto central de una nueva historia religiosa y de encuentro entre
dos mundos, hasta ese momento en violenta y dramática contraposición
.
44. De todo lo anterior se sigue que sólo la afirmación
clara de la historicidad de lo acontecido en el Tepeyac llena de contenido
un símbolo que hace razonable una práctica y una devoción mariana como
Guadalupe. A partir de esta semilla sembrada en el Tepeyac comenzó una
devoción incontenible de indios, españoles, criollos y mestizos que
nadie ha podido frenar. Guadalupe se ha convertido en el punto de llegada
y de partida de todos los que reconocen en la siempre Virgen María de
Nazaret, a la Madre de Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, encarnado por
obra del Espíritu Santo, y a la Madre de todos, hecho histórico que
comenzó con la aparición de esta Celestial Señora a un indio llamado
Juan Diego Cuauhtlatoatzin.