Quisiera agradecer a Monseñor Diego, Cabildo de Guadalupe,
a mis hermanos sacerdotes, los diáconos la oportunidad que nos
dan a nosotros los obispos de estar compartiendo la vida de Dios,
el sacramento del amor de Dios en este Santuario, en este lugar
tan especial donde está el corazón de nuestro país. La Virgen
María: la escalera por donde baja Dios y por donde subimos nosotros.
La Virgen María que es el sacramento de la ternura de Dios en
medio de nosotros, creo que todos, cuando estamos en esta casa
nos sentimos como una sola familia, bien, por eso quiero decir:
bendito seas Señor, bendito seas Señor. Que admirable es
tu nombre en toda la tierra. Cuando contemplo el cielo: la luna,
las estrellas, que Tú creaste, ¿qué es el hombre para que te acuerdes
de él? Lo hiciste un poco inferior a los ángeles y lo coronaste
de gloria y dignidad ¿qué es el hombre? Todos nosotros podemos
decir, quién y qué es el hombre de acuerdo a como vivimos. Alguien
ha dicho que el hombre es lobo del hombre, porque nos hacemos
mucho daño, porque destruimos la dignidad de nuestro ser. Alguien
ha dicho, también, que el hombre es hambre. Hambre de tantas cosas,
hambre de cariño, de ternura, de amor. Alguien, también, ha dicho
que el hombre es como una caña agitada por los vientos, que florece
mañana se marchita. Pero la definición importante es que el hombre
es: imagen y semejanza del amor de la vida, de la plenitud, de
la armonía total, imagen y semejanza de Dios.
Nosotros nos definimos como seres sociales en continuo diálogo
y comunicación con los demás, no podemos escondernos a la realidad
del otro en nuestra vida, porque el otro nos define y nos define
en el amor, pero ¿qué es el amor? ¿qué es esa realidad tan importante
en nuestra vida? El Santo Padre Benedicto XVI, nos dice: que
el amor primero es una realidad muy sensible, tangible, el amor
primero es ceros. Esa carta tan hermosa de Dios es Amor,
nos dice, que el amor empieza así. Empieza con la alegría,
con el gusto que me proporciona la otra persona. A mí no me interesa
la persona, me interesa el gusto, la alegría, lo positivo, lo
agradable que es esa persona. Como cuando alguien se toma un vaso
de vino, le sabe sabroso el vino y tira el vaso, ese no es el
amor, eso es el leros. Pero, después viene una realidad muy importante
que es la amistad, ahí si interesa ya la persona. En la
amistad, cuando alguien le dice a alguien: tú eres mi vida no
puede vivir sin ti. Es una realidad, pero eso es la amistad, no
es el amor.
Decían los griegos que el amor solamente es de los dioses,
es una realidad divina, no es posible entre los hombres, porque
somos tan distantes de lo divino, tan pequeños, y esto lo decían
mucho antes de la venida de Jesucristo, por eso va a decir la
Sagrada Escritura: “tanto amó Dios al mundo, que le envía a
su Hijo para hacerse cercano el más humilde”. El vulnerable,
nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatarnos, para hacer
posible el amor y trescientas veinte veces se va a repetir esa
Palabra en la Sagrada Escritura, en el Nuevo Testamento, y Cristo
lo va a definir así: “vengan benditos de mi Padre”. Y de
alguna manera en “vengan benditos de mi Padre” y en las
Bienaventuranzas, en las parábolas vamos a encontrar la realidad
de una familia: José, María y Jesús. Dice: “vengan benditos
de mi Padre”, porque estando ya en situaciones difíciles,
complicadas, ustedes estuvieron ahí, dando una respuesta positiva.
El amor en el Nuevo Testamento, en el pensamiento cristiano: es
salir de uno mismo para encontrarse positiva y agradablemente
con los demás. Por eso san Pablo va a decir: “estoy seguro
que nada, ni nadie me arrebatará el amor de Dios manifestado en
Cristo Jesús, Señor nuestro”. Dice: “todo lo juzgo basura
con tal de ganar a Cristo”. Cuando abrimos, pues, el Evangelio
encontramos a Jesús sensible ante las necesidades de los hermanos,
cuidando a los enfermos y dando respuesta positiva aquellos que
le buscan y es la presencia de María. La Santísima Virgen María,
que repito: es la expresión más hermosa de la vida de Dios en
medio de nosotros. La que nos lleva, como de la mano, así como
llevó a su Hijo, nos lleva como de la mano a la vivencia de los
grandes misterios cristianos y al abrazo eterno de Dios. Por eso
la Sagrada Familia es el modelo de familias en el amor. Por eso
dejará el hombre a su papá y a su mamá y se unirá a su mujer y
serán una sola cosa. De modo que: lo que Dios une no lo separe
el hombre. Y ahí está el modelo, el modelo de la perfecta
familia; la Santísima Virgen María, repito: mujer llena de ternura
y de amor. Y que desde la familia se medita, se vive la Palabra
de Dios y desde la familia se tiene un encuentro con el más necesitado.
Yo recuerdo con cariño los días de mi niñez, donde en el pueblo
todas las familias rezaban el Rosario, les daban las alabanzas
a la Virgen María y desde ahí se tenía una preocupación por los
pobres, se hacia oración por los más necesitados y la casa se
abría a los pobres, a los necesitados. Ya todo mundo sabía que
como de una a dos de la tarde era momento de ir por un poquito
de comida. A veces ellos comían mejor que nosotros, porque era
una comida variada, pero partían con una devoción muy importante:
la Santísima Virgen María, es la que a fin de cuantas nos define
y por eso, porque amamos a la Virgen María podemos decir: “bendito
seas Señor Dios nuestro”. Hasta que se hacia el Laudes ¡qué
hermosa oración!
¡Qué hermosa oración! Y está precisamente en este Tiempo de
Adviento, en una actitud de espera, toda la oración de la Liturgia,
la Sagrada Escritura, que nos va a manifestar, sobretodo el Sínodo
de los Obispos, que la Sagrada Escritura más que un libro es vida.
Es vida y que desde la familia debe manifestarse la Palabra de
Dios, la Sagrada Escritura a los hijos. Y que la Sagrada Escritura
es oración, por eso la meditación de la Palabra en Laudes, que
acabamos de hacer, ¡qué hermoso es esto! y sobretodo en este tiempo
tan importante donde los personajes son el profeta Isaías, que
todos nosotros sabemos, que en el año 750 antes de Cristo, él
manifiesta la Palabra de Dios, después de haber sido purificados
sus labios, él le dice al Señor: “envíame, envíame”.
Y los hermosos cantos del siervo doliente de la casa de Yahvé,
cuatro cantos, (en el capítulo 32-49-50 y 52) que es bonito que
los meditemos. En esa meditación de los cantos del siervo doliente
de la casa de Yahvé vamos a encontrar su familia, que se proyecta
precisamente aún futuro. Y aquí en esta casa tenemos la dicha.
La dicha de la presencia de María, dice el canto del Nican
Mopohua, que el obispo llevó a la imagen a la veneración de
todos admirados precisamente de cómo la Virgen la María se había
aparecido a un pueblo y todos daban gloria al Señor, gloria a
Dios por la presencia de esta maravillosa Virgen, Madre nuestra
de Guadalupe.
Ojala que este Dozavario sea un momento de reflexión, meditación,
vivencia de la Palabra de Dios y sobretodo definirnos en torno
a una familia donde todos tuvimos una escuela, donde desde pequeñitos
nosotros recibimos normas, no solamente la vida, sino una educación
en el cariño y en el amor. Todo esto teniendo, como modelo a la
familia de Nazaret.