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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el S. E. Mons. Antonio Ortega Franco, C. O., Vicario Episcopal de la IV Zona Pastoral, en el quinto día del Dozavario en preparación de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe.


LA FAMILIA, ABIERTA A DIOS Y AL PRÓJIMO

5 de diciembre de 2008

Quisiera agradecer a Monseñor Diego, Cabildo de Guadalupe, a mis hermanos sacerdotes, los diáconos la oportunidad que nos dan a nosotros los obispos de estar compartiendo la vida de Dios, el sacramento del amor de Dios en este Santuario, en este lugar tan especial donde está el corazón de nuestro país. La Virgen María: la escalera por donde baja Dios y por donde subimos nosotros. La Virgen María que es el sacramento de la ternura de Dios en medio de nosotros, creo que todos, cuando estamos en esta casa nos sentimos como una sola familia, bien, por eso quiero decir: bendito seas Señor, bendito seas Señor. Que admirable es tu nombre en toda la tierra. Cuando contemplo el cielo: la luna, las estrellas, que Tú creaste, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? Lo hiciste un poco inferior a los ángeles y lo coronaste de gloria y dignidad ¿qué es el hombre? Todos nosotros podemos decir, quién y qué es el hombre de acuerdo a como vivimos. Alguien ha dicho que el hombre es lobo del hombre, porque nos hacemos mucho daño, porque destruimos la dignidad de nuestro ser. Alguien ha dicho, también, que el hombre es hambre. Hambre de tantas cosas, hambre de cariño, de ternura, de amor. Alguien, también, ha dicho que el hombre es como una caña agitada por los vientos, que florece mañana se marchita. Pero la definición importante es que el hombre es: imagen y semejanza del amor de la vida, de la plenitud, de la armonía total, imagen y semejanza de Dios.

Nosotros nos definimos como seres sociales en continuo diálogo y comunicación con los demás, no podemos escondernos a la realidad del otro en nuestra vida, porque el otro nos define y nos define en el amor, pero ¿qué es el amor? ¿qué es esa realidad tan importante en nuestra vida? El Santo Padre Benedicto XVI, nos dice: que el amor primero es una realidad muy sensible, tangible, el amor primero es ceros. Esa carta tan hermosa de Dios es Amor, nos dice, que el amor empieza así. Empieza con la alegría, con el gusto que me proporciona la otra persona. A mí no me interesa la persona, me interesa el gusto, la alegría, lo positivo, lo agradable que es esa persona. Como cuando alguien se toma un vaso de vino, le sabe sabroso el vino y tira el vaso, ese no es el amor, eso es el leros. Pero, después viene una realidad muy importante que es la amistad, ahí si interesa ya la persona. En la amistad, cuando alguien le dice a alguien: tú eres mi vida no puede vivir sin ti. Es una realidad, pero eso es la amistad, no es el amor.

Decían los griegos que el amor solamente es de los dioses, es una realidad divina, no es posible entre los hombres, porque somos tan distantes de lo divino, tan pequeños, y esto lo decían mucho antes de la venida de Jesucristo, por eso va a decir la Sagrada Escritura: “tanto amó Dios al mundo, que le envía a su Hijo para hacerse cercano el más humilde”.  El vulnerable, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatarnos, para hacer posible el amor y trescientas veinte veces se va a repetir esa Palabra en la Sagrada Escritura, en el Nuevo Testamento, y Cristo lo va a definir así: “vengan benditos de mi Padre”. Y de alguna manera en “vengan benditos de mi Padre” y en las Bienaventuranzas, en las parábolas vamos a encontrar la realidad de una familia: José, María y Jesús. Dice: “vengan benditos de mi Padre”, porque estando ya en situaciones difíciles, complicadas, ustedes estuvieron ahí, dando una respuesta positiva. El amor en el Nuevo Testamento, en el pensamiento cristiano: es salir de uno mismo para encontrarse positiva y agradablemente con los demás. Por eso san Pablo va a decir: “estoy seguro que nada, ni nadie me arrebatará el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Dice: “todo lo juzgo basura con tal de ganar a Cristo”. Cuando abrimos, pues, el Evangelio encontramos a Jesús sensible ante las necesidades de los hermanos, cuidando a los enfermos y dando respuesta positiva aquellos que le buscan y es la presencia de María. La Santísima Virgen María, que repito: es la expresión más hermosa de la vida de Dios en medio de nosotros. La que nos lleva, como de la mano, así como llevó a su Hijo, nos lleva como de la mano a la vivencia de los grandes misterios cristianos y al abrazo eterno de Dios. Por eso la Sagrada Familia es el modelo de familias en el amor. Por eso dejará el hombre a su papá y a su mamá y se unirá a su mujer y serán una sola cosa. De modo que: lo que Dios une no lo separe el hombre. Y ahí está el modelo, el modelo de la perfecta familia; la Santísima Virgen María, repito: mujer llena de ternura y de amor. Y que desde la familia se medita, se vive la Palabra de Dios y desde la familia se tiene un encuentro con el más necesitado.

Yo recuerdo con cariño los días de mi niñez, donde en el pueblo todas las familias rezaban el Rosario, les daban las alabanzas a la Virgen María y desde ahí se tenía una preocupación por los pobres, se hacia oración por los más necesitados y la casa se abría a los pobres, a los necesitados. Ya todo mundo sabía que como de una a dos de la tarde era momento de ir por un poquito de comida. A veces ellos comían mejor que nosotros, porque era una comida variada, pero partían con una devoción muy importante: la Santísima Virgen María, es la que a fin de cuantas nos define y por eso, porque amamos a la Virgen María podemos decir: “bendito seas Señor Dios nuestro”. Hasta que se hacia el Laudes ¡qué hermosa oración!

¡Qué hermosa oración! Y está precisamente en este Tiempo de Adviento, en una actitud de espera, toda la oración de la Liturgia, la Sagrada Escritura, que nos va a manifestar, sobretodo el Sínodo de los Obispos, que la Sagrada Escritura más que un libro es vida. Es vida y que desde la familia debe manifestarse la Palabra de Dios, la Sagrada Escritura a los hijos. Y que la Sagrada Escritura es oración, por eso la meditación de la Palabra en Laudes, que acabamos de hacer, ¡qué hermoso es esto! y sobretodo en este tiempo tan importante donde los personajes son el profeta Isaías, que todos nosotros sabemos, que en el año 750 antes de Cristo, él manifiesta la Palabra de Dios, después de haber sido purificados sus labios, él le dice al Señor: “envíame, envíame”.

Y los hermosos cantos del siervo doliente de la casa de Yahvé, cuatro cantos, (en el capítulo 32-49-50 y 52) que es bonito que los meditemos. En esa meditación de los cantos del siervo doliente de la casa de Yahvé vamos a encontrar su familia, que se proyecta precisamente aún futuro. Y aquí en esta casa tenemos la dicha. La dicha de la presencia de María, dice el canto del Nican Mopohua, que el obispo llevó a la imagen a la veneración de todos admirados precisamente de cómo la Virgen la María se había aparecido a un pueblo y todos daban gloria al Señor, gloria a Dios por la presencia de esta maravillosa Virgen, Madre nuestra de Guadalupe.

Ojala que este Dozavario sea un momento de reflexión, meditación, vivencia de la Palabra de Dios y sobretodo definirnos en torno a una familia donde todos tuvimos una escuela, donde desde pequeñitos nosotros recibimos normas, no solamente la vida, sino una educación en el cariño y en el amor. Todo esto teniendo, como modelo a la familia de Nazaret.

 
 
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