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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Alberto Márquez Aquino, Vicario General de Áreas de Pastoral Arquidiócesis Primada de México, en el sexto día del Dozavario en preparación de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe.


LA FAMILIA, FORMADORA DE LA RECTA CONCIENCIA MORAL

6 de diciembre de 2008

Con el favor de Dios vamos avanzando en este Dozavario de preparación a esa gran fiesta, que todos nosotros con entusiasmo, con alegría esperamos, estamos en el sexto día de este Dozavario y lo hacemos en este ambiente de diversas actividades, que es señor rector de la Basílica junto con el Cabildo, los demás sacerdotes, que forman este equipo de servicio en la arquidiócesis van programando, van animando. Seguramente, para que efectivamente esta casa se convierta, vaya siendo cada vez más, un lugar de irradiación para la pastoral, para la vida cristiana de nuestras comunidades, parroquias, otras diócesis, porque esto tiene una dimensión nacional y seguramente principalmente para nuestra arquidiócesis.

Y esta iniciativa ha sido atinadamente pensada con estos dos enfoques: uno que algunas instancias de nuestra arquidiócesis nos hagamos presentes precisamente para vibrar juntos con esta alegría de la fiesta de Guadalupe. Han pasado aquí, vamos pasando algunos que representamos las vicarías territoriales, en este caso, aquí, yo hago presente a la Vicaría de Pastoral, que es también un organismo de servicio a nuestra arquidiócesis. Y así de forma visible, de forma palpable ojala también ustedes, hermanos, así lo sientan, los hacemos presentes y queremos llevar todo este entusiasmo, todo este impulso. Y el otro aspecto de esta iniciativa, igualmente muy atinado y hasta cierto punto muy requerido por las necesidades, es tener muy presente en esta reflexión y sobretodo en nuestra oración este próximo VI Encuentro Mundial de las Familias, que se tendrá aquí en nuestra ciudad y que aquí en esta casa tendrá, también, importantes celebraciones. Esto especialmente nos ayuda, como decía desde el principio a que esta realidad tan importante de la vida humana, de la vida cristiana, de la vida católica, de la vida de fe que es la familia sea muy tomada en cuanta, siempre. Especialmente en estos días y que así nos preparemos a ese Encuentro Mundial de las Familias.

Y con palabras muy breves, porque así lo piden las circunstancias, hoy tocaría por una parte reflexionar en un aspecto esa vocación que tiene: La familia ser la formadora de la conciencia. Y decía, vamos a reflexionar, diré unas cuantas palabras, pero sobretodo insisto que nuestra oración vaya encaminada eso. Que nuestras familias, que las familias de ustedes, padres de familia son las mayores, hijos mayores de ellas tomemos conciencia de esta necesidad para nosotros, especialmente, los cristianos, los católicos, pero todos de que se forme una recta conciencia  de todos nosotros. Que en el seno de las familias allá ese ambiente por el cual digamos todos nosotros; vamos madurando; vamos creciendo en muchos aspectos, pero también en nuestra formación. Y esta breve reflexión la hacemos, como, pues, debemos hacerlo normalmente siguiendo las enseñanzas de la Palabra de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesús. Y por eso así como nos relata el Evangelio de hoy de san Mateo, que nos dice: que Jesús veía aquellas multitudes, que los seguían y se compadecía de ellas porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.

Que nosotros hoy también, hermanos, veamos con esa mirada de Jesús tantas limitaciones, tantas carencias, tantos problemas, tantos obstáculos, que precisamente dificultan, que son como un peso para que nuestras familias puedan ser esto: las formadoras de una conciencia recta, de una conciencia, valga la redundancia, bien formada, porque con Jesús vemos estos problemas. Cómo se maneja, cómo se ve, por ejemplo; la dignidad humana, tan vilipendia, tan menos preciada, tan poco tenia en cuenta en nuestra sociedad, en nuestro mundo. Pero desgraciadamente, posiblemente en nuestras familias en donde no hay ese respeto, ni siquiera de personas. Es necesario valorarla; es necesario darnos cuenta que cada persona es un tesoro; que cada persona es una imagen de Dios; que cada persona desde el seno de la Madre tiene ya esos derechos, tiene ya esas promesas de salvación de parte del Señor y por eso tiene que ser algo muy valorado. Y en este mismo sentido ¿cuántas dificultades para el respeto a la vida? igualmente esa vida que tiene muy distintas manifestaciones. Esa vida que va creciendo en el niño, que va avanzando en edad, pero que también debe de ir creciendo en otros aspectos para que se pueda decir que ahí hay una vida humana. Tantos aspectos igualmente en el ambiente en el que nos encontramos, en el que vivimos por el cual la vida ya no es tomada en cuenta. La vida no es valorada, también, ¿cuánto riesgo corre la vida en los últimos años de la existencia? y se empieza hablar de eutanasia el fin de esa vida de forma artificial, de forma arbitraria, de forma inhumana. Son nuestras familias las que tienen que formarse para que allá  criterios humanos y cristianos. Y podemos hablar en el aspecto de lo material, de lo económico ¿cuántas injusticias? ¿cuántos engaños? ¿cuántos abusos? ¿cuántos fraudes? de los cuales quizás nuestras familias a veces se convierten no en formadoras, sino en grupos de personas que solapan, en grupos de personas que promueven todas estas actitudes.

Pues, hermanos, estos y otros muchos problemas, como decía: con la mirada de Jesús los contemplamos, los vemos, pero también descubrimos otras muchas potencialidades. La fe de la cual todos nosotros, que estamos aquí por gracia de Dios somos signos, que nosotros hacemos presentes. Esa fe que se expresa de muy diversas formas, no las ideales, pero si verdaderas. Esa fe que se expresa en estas muchas peregrinaciones que llegan a este lugar; en esas muchas devociones que tenemos nosotros precisamente en el seno de las familias. Es la fe que bulle ahí.  Es la fe que tiene ahí una semilla muy fuerte, que debemos hacer crecer. Ese deseo de seguir perteneciendo a la Iglesia, que tienen muchas de nuestras familias y quizá de la Iglesia institución a veces no alcanza a responder, nosotros los pastores no alcanzamos a entender a ver esa aspiración de ser Iglesia y de manifestar ese deseo de muy diversas formas a veces muy sencillas. Igualmente son solamente los signos, son solamente alusión a unas de esas ricas realidades, que junto con esos problemas, algunos de los cuales acabo de mencionar tienen nuestras familias, tenemos nosotros como sociedad y como Iglesia. Por eso seguimos escuchando este pasaje del Evangelio, que se ha proclamado Jesús decía a sus discípulos: “los discípulos somos nosotros, los bautizados, los miembros de la Iglesia”. Por eso nos dice hoy a nosotros los aquí presentes, a todos, decía: “la cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen por lo tanto al dueño de la míes que envíe trabajadores a sus campos”. Es oración por lo tanto es para nosotros mismos, para que nos sintamos enviados a estos campos, para que nos sintamos enviados a trabajar con nuestros hermanos e ir superando estas dificultades, ir superando estos problemas apoyados, repito en tantas riquezas humanas y cristianas, que el Señor nos ha concedido.

Precisamente, en estos años y particularmente en estos días muchos de nosotros, sobretodo de los sacerdotes, y algunos de ustedes seguramente, en una actividad arquidiocesana, la asamblea anual y pensábamos en esto ¿cómo tenemos que formarnos para que todo bautizado nos convirtamos en verdaderos discípulos? Y por lo tanto enviado de Jesús, por lo tanto misioneros. Misioneros que llevan este mensaje, misioneros que trabajan por este reino, que es el reino de Jesús para que juntos construyamos aquello que el Señor nos pide.

Por eso, hermanos, concluyo esta reflexión haciendo también una alusión a la primera lectura en donde se nos habla de aquel oráculo, de aquel anuncio en el cual el profeta Isaías predecía el cumplimiento de aquellas promesas del Señor. El cumplimiento escatológico, que como lo reflexionamos en este Tiempo de Adviento inició con la venida de Jesús en su etapa de plenitud, pero que debe irse consumando, debe irse perfeccionado a través precisamente del trabajo, de la actitud, del servicio, de la oración de todos nosotros.

En este oráculo, una de sus frases del profeta Isaías nos dice: “con tus oídos oirás detrás de ti una voz que te dirá: este es el camino síguelo sin desviarte, ni a la derecha, ni a la izquierda”. Se nos dice que esta haciendo alusión a la actividad del pastor, que va detrás, que desde detrás va dando su Palabra. Su Palabra de aliento, su Palabra de orientación y nosotros con nuestra doctrina católica podemos decir: es ese Jesús Buen Pastor que por la acción de su espíritu nos va guiando. De tal manera, hermanos, que no estamos solos en esta lucha que debemos emprender en el seno de las familias, en este cometido que debemos cumplir para que las familias sean formadoras de una recta conciencia. Una recta conciencia, que por lo tanto para nosotros discípulos de Jesús no puede limitarse a no hacer lo malo, sino tiene que también llegar a aquel momento en el cual porque tenemos una conciencia de discípulos. Aceptamos esa vocación que el Señor nos da de seguirlo. Esa vocación que el Señor nos da de ser constructores de su reino, de seguir precisamente la vocación que el Señor a cada uno a dado y la familia cristiana tiene su propia vocación. Dentro de ella los padres de familia, los hermanos mayores, los adultos mayores y los niños en la medida que van despertando a la vida que vayan aceptando esa vocación. Así como tenemos esa fuerza, esa luz del Espíritu desde luego tenemos esa mirada, eso brazos, ese manto de María que nos cubre para cumplir, para esforzarnos para que sea realidad el que nuestras familias sean cristianas, el que nuestras familias iluminen, el que nuestras familias nos impulsen a todos nosotros a seguir al Señor.

 
 
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