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Versión estenográfica de la
Homilía

pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, en ocasión de la celebración de Ordenaciones Diaconales, en la Basílica de Guadalupe.

14 de junio de 2008

Hermanos y hermanas, fieles laicos, saludo con especial afecto a los familiares de estos hermanos nuestros candidatos al diaconado. Muy queridos hermanos presbíteros, saludo especialmente aquellos que han contribuido a la formación de estos hermanos nuestros que se presentan para recibir el orden del diaconado. Muy queridos señores obispos, desde ahora les agradezco todos los cuidados que ponen para continuar la formación de estos hermanos nuestros que reciben la unción del Espíritu Santo para el servicio de la Iglesia.

Muy queridos hijos, candidatos al orden del diaconado, esta tarde serán ungidos por el Espíritu Santo y serán ungidos especialmente para el servicio de la comunidad formada por Jesús y en la Palabra de Dios pueden descubrir ustedes la naturaleza de esa comunidad a la cual dedicarán su vida de servicio. Es una comunidad de amor. No se trata, por lo tanto, de una comunidad solamente de beneficencia; no se trata de una comunidad de filantropía solamente. Se trata de una comunidad de amor. Esa triple profesión de amor que Jesús le pide a Pedro, así nos revela a la Iglesia: una comunidad de amor, de amor especialmente a Jesús. ¿Pedro me amas? Y es la comunidad cristiana la que va respondiendo: Tú sabes, Señor, que te amo, Tú sabes que te quiero.  

Especialmente son ungidos para amar al Señor, para amar a Cristo; pero sería una mentira decir, que están amando a Cristo, sino aman a los hermanos a quienes están viendo continuamente: a los encarcelados, a los enfermos, a los hambrientos, a los que tienen sed de justicia. Por eso ustedes en la comunidad serán los promotores de ese amor de la Iglesia por los menos favorecidos; de ese amor de la Iglesia; de ese amor de la comunidad cristiana por aquellos que menos tienen.

No se trata solamente de dar una ayuda; no se trata solamente de sacar a la gente de una situación difícil. Es necesario que la Iglesia se organice en cada comunidad parroquial para que haga presente ese amor que transforma a las personas; ese amor que hace crecer a la gente; ese amor que hace posible una convivencia más humana en nuestra gran sociedad, en esta gran arquidiócesis.

Ustedes buscarán el servicio, por lo tanto, especialmente, del amor, pero de ese amor que se traduce en obras, de ese amor que no se puede quedar solamente en afecto o sentimiento, sino de un amor que se va traduciendo en obras concretas, sí, que ayuda a la persona en sus urgencias, pero que no solamente se queda ahí, sino que va y hace un proyecto de vida, un proyecto de desarrollo, un proyecto en donde la persona se sienta vivificada, se sienta que realmente es persona amada y querida por Dios a través de aquella comunidad en la cual ustedes estarán sirviendo.

Pero esa comunidad a la que van a servir es una comunidad no solamente de amor, es una comunidad de fe. Es la comunidad la que profesa que Jesucristo es el Hijo de Dios vivo. Esa comunidad debe ser servida por ustedes, por lo tanto su ayuda no se reduce solamente a cuestiones materiales, sino es una ayuda a crecer en la fe. Esa fe que le da sentido a la vida, esa fe que ciertamente ve las realidades presentes con la óptica del Evangelio, pero precisamente por verlas con la óptica del Evangelio; ve su trascendencia, ve el más allá, no solamente el aquí y el ahora sino, también, la felicidad completa de aquellas personas. Por eso además de servir a la comunidad en esos servicios que son tan urgentes, en esos servicios que hacen desarrollar a las personas, tendrán que servir, también, en la fe, hacer crecer a la comunidad en la fe.

Esta tarde son ungidos por el Espíritu Santo y son acompañados por la comunidad que espera de ustedes esos servicios concretos. Han tenido una preparación, pero es necesario que continúen esa preparación para servicios muy específicos, muy concretos que se les están encomendando en cada comunidad. Quizá algunos ya tienen un camino andado, ya han servido en esos aspectos a la comunidad, pero quizá ahora se les pide, se les exige un nuevo servicio y tendrán que tener esa disposición para llegar aquellas personas a las cuales hasta ahora no hemos llegado en esta comunidad cristiana, en esta Arquidiócesis de México.

Que ese Espíritu Santo los fortalezca, que ese Espíritu Santo que esta tarde los unge, les abra caminos, les de imaginación para poder llegar a tantas personas que necesitan sentir el amor de Dios, sentir que el amor de Dios se hace presente en su vida.


LISTA DE ORDENADOS

1.- Manuel Valeriano Antonio
2.- Juan Manuel Corea Berumen
3.- Benigno Pérez Martínez
4.- Juan Enrique Rodríguez Acuña
5.- Héctor Silva Morales
6.- Enrique García Mejía
7.- Juan Marcos Cadena Rosales
8.- Raúl Morales Ramírez
9.- José Luis Bernal González
10.- Ernesto Martínez Olivares
11.- Guillermo Alberto Hidalgo Vargas
12.- Adalberto Escalada Marroguí
13.- Armando Reséndiz Martínez
14.- Luis Isaac Saucedo Lara
15.- Félix Navarro García
16.- William J. Carroll III
17.- Enrique Torres Márquez
18.- Gustavo Montoya Tirado

 
 
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