Versión
estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Julio César Corniel Amaro, Obispo
de la Diócesis de Puerto Plata, República Dominicana,
en la celebración presidida por Mons.
Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal
de Guadalupe y Rector del Santuario,
en el X Domingo Ordinario.
8 de junio de 2008
Durante esta semana unos cincuenta
obispos, unos doscientos sacerdotes y más de trescientos entre laicos,
religiosas y religiosos hemos de estado en retiro en Guadalajara reflexionando
sobre el tema de la caridad de la Iglesia y ha sido una experiencia
muy rica la que hemos vivido. Las reflexiones que fueron dirigidas
por el padre Cantalamesa, predicador de la casa pontificia. Culminar
esta semana de meditación y reflexión, en este lugar donde la Virgen
se va manifestando a la vida y al corazón de tantas personas de tantas
familias, el tener la experiencia de estar aquí, para mí, tiene un significado
muy especial, porque un grupo de mexicanos han querido extender de una
manera muy particular en la Diócesis de Puerto Plata, República Dominicana,
una imagen construida por un grupo de artistas de Quintana Roo y nos
ha donado la imagen más grande la Virgen de Guadalupe. Ahí la tenemos.
Y cuando pensamos en la Virgen de Guadalupe los sentimientos y el corazón
se dirigen a este lugar.
Misericordia quiero y no sacrificios nos dice el Señor el día
de hoy. La Virgen se manifiesta y expresa esta misericordia. Ella que
dio acogida a la Palabra del Señor, ella que es modelo de acogida y
de obediencia, siempre tiene mucho que decir a cada uno de nosotros.
Jesús mismo llama a Mateo, como nos
sigue llamando a nosotros hoy. Cuando Jesús llamó a Mateo no hizo un
análisis de cual era condición de pecado que vivía Mateo para acogerle
o rechazarle. Sencillamente lo acogió, lo invitó a seguirle, lo invitó
a ser su discípulo y Mateo renuncia su vida anterior y comienza a dar
ese paso de una vida sedentaria envuelta en su trabajo a una vida activa
de seguimiento y de propagación del mensaje del Señor.
El Señor nos llama a cada uno y no
importa la condición de pecado para llamarnos. Sí, el quiere que Le
acojamos, pero que también se produzca en nosotros una conversión, una
trasformación de nuestra vida para conformarla al mismo precepto del
amor.
El mismo Cristo en su Palabra nos enseña
a amar, a hacer el bien, a practicar el amor y la misericordia, a practicar
la acogida, a acoger al Señor a través del hermano que sufre, a través
del hermano que padece. Acoger al señor hoy es mirar a nuestro alrededor
y no pasar de largo ante tantos hermanos que están al borde del camino
sumergidos en la tristeza, el dolor, la angustia, la soledad, en el
sufrimiento a causa de alguna enfermedad o cualquier situación humana,
familiar.
El Señor, al igual que llamó a Mateo
nos llama a nosotros hoy. Y el venir a este lugar y desde este lugar
rendirle culto al Señor en este día, su día; para nosotros tiene que
tener también un motivo muy especial: Dios nos llama. Y lo importantes
es que estemos dispuestos a dar una respuesta. Con nuestra sola fuerza
es posible que no demos la respuesta que Dios quiere de cada uno. ¿Qué
nos toca pedir? que con la fuerza de su Espíritu, Él nos mueva y nos
permita quitar los obstáculos para decirle Sí.
Si Mateo hubiese mirado alrededor y
puesto atención a todo lo que opinaban de él porque Jesús lo acogía,
a lo mejor Mateo se hubiese acomplejado, si se hubiese llevado de la
opinión de los que lo conocían y no hubiese dado el paso de una conversión
sincera, de un seguimiento sincero, y de una entrega sincera y de corazón
al Señor. Que de igual manera estemos nosotros abiertos para escuchar,
para dejarnos guiar por la fuerza del Espíritu, porque la fuerza del
Espíritu de Dios es lo que nos mueve a buscar agradarle a Dios y hacer
las obras que Él quiere.
El Señor quiere que no nos quedemos
en el sacrificio, en darle culto, sino que hagamos su voluntad haciendo
las obras de bien, de caridad, en favor de nuestros hermanos, que llevemos
el amor y que seamos nosotros la expresión misma del amor, de la acogida,
de la compresión, que a través de nosotros el Señor siga consolando,
que a través de nosotros el Señor siga llevando su amor, siga sanado
y sirviendo a tantos que acuden a Él.
Que el Señor nos dé siempre su fuerza
y su gracia y que bendiga a todo este pueblo, a todas las personas que
siguen a través de los medios de comunicación esta transmisión, que
la Virgen de Guadalupe bendiga a todos sus hijos, a los hijos del Padre.
Que ella sea el modelo para nuestra entrega y nuestro camino de seguimiento
al Señor.
Que así sea.