Estamos en el tercer
día del Dozavario con el que nos preparamos a celebrar la fiesta
de NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE que nos trajo a su hijo
Jesús, cuyo nacimiento, en el tiempo, celebraremos dentro de
pocos días.
Agradezco al Venerable
Cabildo la invitación, que me han hecho para venir a compartir
con ellos esta preparación para festejar a nuestra Señora
Al conmemorar este
misterio de Dios, de la venida de su Hijo Jesús, reconocemos
esta misericordia de Dios y su amor a los hombres ya que nos
llamó a la existencia, y una vez caídos en el pecado por la
desobediencia de Adán nos promete un Salvador para redimirnos
del pecado y volvemos a recibir como hijos.
Dios, en efecto, nos
ama con un amor misericordioso lleno de bondad, con un cariño
fiel que es propio de aquellos que son cercanos entre sí; nos
ama con entrañas de misericordia característico del amor que
una madre tiene por sus hijos, nos ama con un amor que es todo
don, gracia o regalo sin que hubiéramos hecho algo por merecerlo
y que está deseoso y dispuestísimo a regalarlo. Dios nuestro
Padre revela y expresa este amor a los hombres por las palabras
y hechos de Jesús, quien lo manifiesta buscando especialmente
a los pecadores y perdonándolos. Expresión de ello la tenemos
en las tres magníficas parábolas de la misericordia. La oveja
perdida, la moneda encontrada, y la amorosísima parábola del
Padre bueno, mejor conocida como la parábola del "Hijo
pródigo".
Jesús, actúa esta bondad
y amor encontrándose con los publicanos y pecadores y comiendo
con ellos, y presentando también aquella actitud y palabras
tranquilizadoras llenas de compasión y misericordia: "Yo
tampoco te condeno, vete en paz".
Nos enseña además a
orar: "Perdónanos como nosotros perdonamos a los que
nos ofenden", pidiendo el perdón de nuestras faltas
y comprometiéndonos en la oración misma a perdonar como Dios
perdona; y Dios perdona siempre, esta afirmación expresa una
seguridad y compromiso que encontramos en la respuesta de Jesús
a la pregunta "¿Si mi hermano me ofende, cuántas veces
tengo que perdonado? Jesús responde: hasta setenta veces
siete.
En este AÑO SACERDOTAL
es oportuno caer en la cuenta de que este amor misericordioso
del Padre manifestado en Cristo, fue confiado a los Sacerdotes
como un don del Espíritu Santo para vivirlo en la comunidad
cristiana y distribuido entre todos los hombres de cualquier
condición. Jesús, dice a los discípulos: y en ellos a todos
los sacerdotes. Reciban el Espíritu Santo. A quienes le
perdonen los pecados les quedarán perdonados"(Jn 20,23).
En realidad, el sacerdote, por el ejercicio de su ministerio
prolonga la misión de Jesús que quiere actuar a través de sus
representantes. Es Dios el que da la gracia y el perdón, el
sacerdote como ministro sólo pone el signo. En este ejercicio
de su función ministerial, el sacerdote tiene como tarea imitar
el amor, la compasión, el perdón y la misericordia de Dios convirtiéndose
así en "MINISTRO DE LA MISERICORDIA Y EL PERDÓN"
para la humanidad. Cristo, en efecto, no se acerca a los pecadores
para señalados y condenarlos, sino para perdonados haciéndolos
sentirse valiosos y dignos para Dios.
En consecuencia, el
trato ordinario del sacerdote habrá de reflejar la bondad de
Dios que atrae, que comparte y se duele del dolor y de la miseria
del ser humano. Especialmente en el Sacramento de la Reconciliación,
en la confesión que cura al hombre de sus heridas interiores
y malas inclinaciones. Ahí el sacerdote habrá de transparentar
la persona de Jesús, de hacer experimentar al penitente con
su acogida, palabra, consejo y exhortación, el amor misericordioso
de Dios que lo ama, y por ello lo perdona y lo recibe nuevamente
como hijo y además suscitar la vida del Espíritu Santo en los
corazones de los fieles para que levantándose del pecado caminen
hacia la santidad o la perfección del amor de Dios y del prójimo.
Pidamos a la Santísima
Virgen de Guadalupe, nos alcance de su Hijo Jesús el poder transparentar
en nuestra vida de Sacerdotes sus características de misericordia
y perdón, especialmente para aquellos que en su vida no hacen
un espacio para el Dios que los ama con entrañas de misericordia.
Que así sea.