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Eventos del día a día

Abril 2022

Homilía pronunciada por Pbro. Álvaro Lozano Platanof

La maravilla de la multiplicación de los panes y de los peces es el fruto de todo un proceso que Dios anhela que experimentemos cada día más. Mayores cosas veréis, nos decía, ustedes harán milagros aún más grandes, fuego he venido a traer a esta tierra y cuanto anhelo que ya estuviera ardiendo nos lo recordaba otras veces. La alegría y sorpresa de los discípulos y de todos aquellos que experimentaron este gran milagro es solo una de tantas sorpresas que anhela compartirnos nuestro Señor.

Sin embargo, este gozo del Redentor, quién viene a darnos una vida plena, es tan solo parte de ese proceso al que Dios nos invita ya que, como decía San Agustín, «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti».

Este milagro reclamó, como sabemos, la confianza de un muchacho que traía cinco panes y dos pescados. Un acto de fe porque no era obvio hacerlo. Lo ordinario era contestar como los mismos discípulos y pueblo en tantas ocasiones: «¿Cómo compraremos pan para que coman estos?, ¿Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan?» Con esa mentalidad no se puede llegar al gozo que el Señor nos quiere compartir. Y esta mentalidad es muy recurrente. Ustedes piensan como los hombres y no como Dios. Lejos de mi Señor, eso no te puede pasar a ti -le dijo Pedro cuando habló de la Pasión-; Tu no me lavarás a mi Señor-le dijo en la última cena-. ¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno? ¿Qué no es este el hijo del carpintero?

Las maravillas del Señor están en nuestras manos. El gozo de la resurrección pasa por nuestro Si cotidiano. Eso lo terminaron por aprender los discípulos y fueron capaces de decir: «Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres» atreviéndose a decir, ya no soy yo el que vive. Es Cristo quien vive en mi, como le gustaba recordar al Cardenal.

Una obediencia que nos torna testigos, testigos de la Resurrección como con ilusión afirmaron los Apóstoles ante un Sanedrín exasperado y con ganas de matarlos. Porque Cristo ha resucitado y somos testigos de ello. Para dar testimonio de la Redención, primero hemos de experimentar Redención. Y de ahí, de reconocer como ardía nuestro corazón, de reconocerlo y llamarlo Rabuni, de meter la mano en su costado y los dedos en las llagas, nos convertimos en Testigos del Resucitado.

Testis Resurrectionis fue el lema que el querido Don Javier asumió como lema de su episcopado. Lázaro, como con cariño le llamaba el papa Francisco, su amigo.

Desde su nacimiento-bautizo, o bautizo-nacimiento como lo contaba, fue un milagro recibido en su bautizo quién lo salvó de una pulmonía en su natal Toluca. Aquel que terminó por ser expulsado por piadoso del seminario, nunca perdió una cercanía enorme con nuestra Madre, a quién era la primera en visitar cada vez que venía a esta tierra y a quién cada noche en la capilla de su casa se acercaba con un pequeño niño a hablarle y hacerle una caricia.

Le preguntaba a la hermana Maru que le hubiera dicho a la Virgen.

Un testigo que no dejo de aprender a obedecer a Dios antes que los hombres, a pesar de sus muchos pesares cotidianos. Aquel que -y aquí no me dejarán mentir-, con su gran habilidad teológica no dejaba de defender a nuestro Dios en todas las circunstancias sin importar los problemas en los que pudiera entrar. Apasionado de la verdad justo por eso, por ser testigo de ella, testigo de la Resurrección.

Su caminar siguiendo esa obediencia no solo lo sacó del seminario, luego lo regresó a él, lo mandó a estudiar, a participar en el CELAM y vivir corriendo de Bogotá a la Ciudad de México, a aceptar el episcopado para la Ciudad de México que, por cierto, era su Diócesis de nacimiento, ya que Toluca pertenecía a ella cuando nació. Luego lo llevó a Zacatecas y posteriormente a Roma cuando San Juan Pablo II por segunda vez lo llama a participar en la Curia.

En la Arquidiocesis, en la 3a zona.

Como familia, estos últimos años encontramos a un «tío Javier», como con cariño le decíamos y con cariño quería ser llamado, un Tio Javier preocupado por la familia, entregado a ella, anhelante de su unidad y de su espiritualidad. Conciente de que su camino en la tierra había cambiado, no se cansó de celebrar una y otra vez la Eucaristía para nosotros, y recordarnos tanto camino. Dedicando al final de cada Misa virtual el tiempo para saludar a todos, aunque la hermana Maru en varias ocasiones quería cerrar la sesión por verlo ya agotado.

Hermanas Estelita y Maru.

Otro Obispo de esta querida Arquidiocesis, don Luis Maria Martínez, patrono de mi grupo de ordenación, solia decir que los Católicos son aquellos que te dejan con ganas de ser mejor. No hubo ocasión que visitando al Cardenal, al tío, no saliera con esa ilusión y compromiso, como creo todos experimentamos.

Hoy quisiéramos pedirle a nuestro Señor y a su amada Madre que aquel que lucho día a día por ser Testigo del Resucitado sea Testigo de la Gloria eterna. Que purifique su alma y perdone sus pecados y, por su confianza y haber puesto sus cinco panes y dos peces, pueda contemplar por toda la eternidad su Gloria. Amén.

De eso hemos sido testigos. Obedecer a Dios y luego a los hombres Dios que CELAM, Puebla

Dentro de su amor a la Iglesia, no dejaba de expresarse Testis Resurrection

Como Presbítero de esta Arquidiocesis, quisiera recordar algo de sus cinco años en la 3a Vicaría que sin duda ayudaron a consolidar un proceso de cercanía y desarrollo en la comunidad. Desde la construcción de los territorios de la Vicaría, aquel peculiar evento en la parroquia de San Judas en las que defendió al párroco de ser linchado por un techo que se calló y que le decía a los policías, si quiere apresar al responsable, nos tendrá que apresar a todos, ya que la Iglesia, como esta Templo, lo construimos todos, unos ponen un ladrillo, otros el cemento, otros una lámina y así todos construimos la Iglesia, así que si quiere llevarse al responsable, llévese a todos nosotros.

Con esa astucia mental con la que siempre resolvía muchos de sus problemas, hoy le pedimos a Dios que sigamos siendo Iglesia, sabiendo reconocer los tesoros de cada uno y como juntos podemos edificar el Reino de Dios, todos, en comunión y sinodalidad.

Desde el día de su nacimiento-bautizo

Largas horas de pláticas

Amor a la Virgen, a quién tocaba y a quién siempre quería saludar en cuanto llegaba Parecía en su hablar

A la familia

Personas: Sergio, Estela y Maru, El inicio del Balcón de recuerdos Cantinflas

Hace doce años, iniciaba el Cardenal su Balcón de Recuerdos al rededor del mundo citando a Cantintlas, en ese pasaje en el que le pedían todo tipo de documentos, terminando por su acta de defunción. Cantinflas contestaba: pues eso es difícil, si todavía no estoy muerto. A lo que el servidor público le respondía: pues ese es su problema, sin ese documento no podemos proceder.

Hoy ya podemos hacer el trámite, no si olvidar lo qué el mismo decía en ese prólogo: que las anécdotas sirvan a alguien para descansar y tomar la vida siempre bajo el lado amable como una gran sonrisa, a veces no cabe duda medio irónica, pero que en todo caso pueda servir para combatir eso que dicen estar de moda, y llaman depresión.

Amor a la familia

A todos en general

Testes resurrectionis

Refundación de la Universidad Pontificia en 1980

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