Eventos del día a día

Homilía

Homilía pronunciada por S.E. Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, Obispo de la Diócesis de Tula.

Saludo con gran alegría a todos ustedes hermanos y hermanas  peregrinos de la Diócesis de Tula a la “Casita” de nuestra Señora de Guadalupe, madre de Jesús y madre nuestra. Paz y bendición a todos en este año 2020 que estamos comenzando.

Representando al Pueblo de Dios que peregrina en el Valle del Mezquital, hoy venimos con gran gozo, para mirar con los ojos de la fe y desde lo  más profundo de nuestro corazón , a nuestra Madre del cielo que quiso quedarse con nosotros plasmada en el ayate de  San Juan Diego, desde el  día del milagro de las rosas. Venimos como hijos muy amados de ella, trayendo sobre nuestros hombros el peso de tantas cosas que nos han acontecido durante  el año que acaba de terminar. Cómo no recordar: la tragedia de hace un año que enlutó a más de 100 familias de la comunidad parroquial de Tlahuelilpan y pueblos vecinos; la creciente ola de violencia ocasionada por los secuestros, robos, extorsiones, amenazas, desapariciones y muertes, situaciones que atentan directamente contra la vida humana, en varias de las comunidades de nuestra Diócesis y de nuestro Estado de Hidalgo, que hace algún tiempo gozaban de paz y tranquilidad; la pobreza que sigue dejando sin oportunidades de progreso y desarrollo  a muchos de nuestros pueblos y  a muchas familias por falta de empleo; los constantes atropellos a la dignidad de tantos hermanos y hermanas  de los pueblos originarios, concretamente de nuestras comunidades Hñähñu, que aún  padecen  algún tipo de marginación;  la preocupante situación de nuestros adolescentes y jóvenes que cada día se ven envueltos en la fascinación del dinero fácil o  se encuentran atrapados en los falsos paraísos del alcohol, la droga o el sexo desenfrenado; la preocupante ruptura del tejido social debido al aumento de  familias desintegradas con la consecuente pérdida de valores y dejando sin oportunidades de afecto y cariño a muchos niños que terminan en el abandono y desamparo.

Madrecita de Guadalupe, Tonantzin, aunque todo esto nos inquieta y nos angustia, hoy queremos mirarte con  ojos de amor y de esperanza, porque nunca nos abandonas y sentimos muy cercana tu presencia en nuestros hogares y en nuestros pueblos. Deseamos escuchar una vez más tus dulces palabras llenas de maternal ternura y amor que dirigiste  a San Juan Diego: Hijito mío ¿qué te preocupa y te angustia? ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? (cf Nican Mopohua). Nosotros al igual que San Juan Diego, sabemos que estás aquí como  nuestra madre, sabemos que estamos bajo tu sombra y tu resguardo, que es la fuente de nuestra alegría, que estamos en tu regazo bajo el amparo de tu manto.

El mejor regalo que nos sigues dando  ahora, es traernos a Jesús como lo hiciste cuando visitaste a tu prima Isabel en las montañas de Judea, y como lo hiciste en estas tierras en el cerro del Tepeyac hace casi 500 años. A donde tu vas llevas a Jesús y con Él la salvación, el amor , la justicia, la paz y la esperanza. Tu has guiado y alentado desde los comienzos la historia de esta nación en los momentos alegres y en los difíciles. Haz  mostrado tu delicado y suave  amor  de madre a todos, principalmente a los más necesitados, a los enfermos, y a los desamparados.

Hoy, tu Hijo Jesús, nos sigue invitando a construir su Reino entre nosotros. Queremos cumplir  esta misión ofreciéndote los trabajos y compromisos de nuestra última Asamblea Diocesana. Deseamos evangelizar inspirados en los  procesos de “Iniciación a la Vida Cristiana” que darán unidad e integridad al itinerario de formación de los discípulos misioneros en nuestra  Iglesia Particular dispuesta a “remar mar adentro” , afrontando los retos del tiempo presente. Ayúdanos a caminar en sinodalidad  para no caer en  la tentación del individualismo y del clericalismo. Que la Iglesia “casa y escuela de comunión” desde cada una de nuestras parroquias, sea signo de la Iglesia “Pueblo de Dios”. Que el testimonio de todos los agentes de pastoral sea el mensaje más elocuente para anunciar la alegría del evangelio a todos, y así colaborar activamente el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz.

Este año 2020 que cierra la segunda década del comienzo del tercer milenio, es un año de especiales bendiciones,  pues nos alegramos por los 250 años  de la llegada de la venerabilísima Imagen del Señor de Jalpan al Valle del Mezquital; en Tepeji del Río  celebramos el centenario de la Adoración Nocturna Mexicana; y en Noviembre celebraremos  con gran júbilo el III Congreso Eucarístico Diocesano, para poner a Jesús como el centro de nuestras vidas. Te pedimos Madre nuestra, Morenita del Tepeyac”, que  estas celebraciones, lejos de quedarse aisladas,  sean un fuerte impulso que anime el espíritu de nuestros programas pastorales parroquiales, en los que aterrice nuestro  Plan Diocesano de Pastoral, y nadie  arrebate nuestra vocación de una Iglesia en salida.

Quisiera finalmente, expresar lo que el papa Francisco  decía en Roma el pasado 11 de diciembre de 2019, víspera de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe: “Cuando se apareció a san Juan Diego, su rostro era el de una mujer mestiza y sus vestidos estaban llenos de símbolos de la cultura indígena. Siguiendo el ejemplo de Jesús, María se hace cercana a sus hijos, acompaña como madre solícita su camino, comparte las alegrías y las esperanzas, los sufrimientos y las angustias del Pueblo de Dios, del que están llamados a formar parte todos los pueblos de la tierra. La aparición de la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego fue un signo profético de un abrazo, el abrazo de María a todos los habitantes de las vastas tierras americanas, a los que ya estaban allí y a los que llegarían después. Este abrazo de María señaló el camino que siempre ha caracterizado a América: ser una tierra donde pueden convivir pueblos diferentes, una tierra capaz de respetar la vida humana en todas sus fases, desde el seno materno hasta la vejez, capaz de acoger a los emigrantes, así como a los pueblos y a los pobres y marginados de todas las épocas… Tengan los brazos abiertos como la Virgen María, con amor y con ternura…Que la alegría del Evangelio esté siempre en sus corazones. El Señor los bendiga y la Virgen los acompañe».

¡ Santa María de Guadalupe, Reina de México! ¡ salva nuestra patria y aumenta nuestra fe!

Homilía

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

“María… entrando en casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo” (Lc. 1,40-42).

La escena del Evangelio presenta a María y a Isabel en un encuentro movido por el Espíritu Santo, a través de la intervención que ha realizado en ellas.

Ambas mujeres escucharon la voz de Dios y aceptaron la propuesta  divina. En particular María, como Iglesia en salida va en búsqueda de su prima Isabel y comparten su experiencia, lo cual las llena de gratitud a Dios y de inmensa alegría. Como María necesitamos escuchar la voz del Espíritu Santo, discernir las inquietudes que siembra en nuestro corazón, y aceptar en fiel obediencia lo que descubrimos como voluntad de Dios Padre.

Sabemos que María es Madre y modelo de la Iglesia, por eso es conveniente preguntarnos: ¿Qué podemos aprender de este espléndido encuentro? ¿Qué necesitamos promover como Iglesia para que la Arquidiócesis Primada de México camine a la luz de este modelo?

Ahora que celebramos nuestro encuentro diocesano con María de Guadalupe y su Hijo Jesús, presente en esta Palabra, que hemos escuchado, y en el Pan Eucarístico, que nos será ofrecido como alimento, ¿qué actitudes y criterios nos llevaremos para vivir como buenos discípulos de Cristo, fortalecer nuestra comunidad parroquial y diocesana, y ser levadura que dé sabor a la vida de nuestra sociedad?

Para el discernimiento necesitamos la escucha de la Palabra de Dios, compartirla con nuestros hermanos más próximos, y ser auxiliados por la autoridad eclesial correspondiente para clarificar y decidir, lo que Dios quiere de nosotros.

La forma de conocer lo que Dios quiere para mí, se va concretando al descubrir la propia vocación y cumplir la misión específica que recibimos en comunión eclesial, que va actualizándose a lo largo de nuestra vida.

Un servidor recibí el llamado al Sacerdocio para ejercerlo en mi Diócesis de Origen, Tepic; después de 24 años de servicio el Papa San Juan Pablo II me llamó para servir como Obispo de Texcoco, 12 años después me llamó el Papa Benedicto XVI para servir en la Arquidiócesis de Tlalnepantla, y hace dos años el Papa Francisco me pidió venir a servirles a Ustedes como Arzobispo de México. Así he vivido la  obediencia  al Señor y he recibido su constante ayuda para realizarlo. En el servicio he sido fiel en seguir las indicaciones de los Papas, y ahora, lo hago con las orientaciones del Papa Francisco.

Para ello necesito la colaboración de todos los fieles católicos  que  integran nuestra querida Arquidiócesis, en sus distintos niveles de participación para lograr ser una Iglesia en salida, misionera, con capacidad de escucha y discernimiento, con obediencia y comunión subsidiaria y solidaria con los más necesitados de ayuda y de acompañamiento. Una Iglesia sinodal, en la que caminemos juntos, y descubramos los signos de los tiempos, una Iglesia que discierna sus necesidades y aproveche sus potencialidades, una Iglesia que asuma en filial obediencia las decisiones y propuestas de su Pastor.

“Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijo suyos” (Gal. 4, 4-5 ).

Nuestra condición de Hijos, que ha recordado el Apóstol San Pablo en la segunda lectura, permite asegurar que el proyecto de Dios para la Humanidad es lograr que seamos una familia, donde  reconozcamos a Dios como nuestro Padre, y nos reconozcamos como hermanos en Jesucristo; y recorriendo este camino bajo la guía del Espíritu Santo seremos herederos del Reino de Dios, seremos partícipes de la vida divina en plenitud para toda la eternidad.

La familia que Dios quiere es una familia que viva en comunión y genere la unidad, ya que la comunión es la característica de la vida de Dios Trinidad. El esfuerzo que se requiere indudablemente es mayúsculo, pero contamos con el apoyo divino.

Por ello, con gran esperanza les anuncio que el próximo 30 de abril los Obispos Auxiliares y un servidor con la ayuda de los Presbíteros y Agentes de Pastoral iniciaremos el proceso de la Visita Pastoral a la Parroquias para conocer la situación actual de las comunidades y para impulsar el camino sinodal que ha señalado el Papa Francisco, como estrategia para responder a los grandes desafíos que presenta el mundo actual.

Invito a todos ustedes, que desde nuestras condiciones y posibilidades, desde nuestra responsabilidad y capacidad, pongamos en manos de Nuestra Madre, María de Guadalupe, nuestra plena y convencida disposición para colaborar con un servidor, en la proclamación y extensión del Reino de Dios en nuestra querida Arquidiócesis de México.

¡Viva Cristo Rey!
¡Viva María de Guadalupe!
¡Viva la Arquidiócesis Primada de México!

Diciembre 2019

Noviembre 2019

Homilía

Homilía pronunciada por Mons. Salvador Martínez Ávila, Vicario Episcopal de Guadalupe, Rector de la Basílica de Santa María de Guadalupe, Presidente del Cabildo

«Saqueo baja pronto porque hoy me quedaré en tu casa». Esta es, hermanos y hermanas la frase más sorprendente del pasaje que hemos leído este domingo. El relato del evangelio de San Lucas nos haría pensar en la búsqueda de Dios. Saqueo, un hombre pecador ante todo mundo, odiado por sus propios paisanos pues se dedicaba a cobrar impuestos para el Imperio Romano es una buena representación de las personas que han alcanzado el éxito monetario en este mundo. Pero resulta evidente que ese éxito no lo había logrado satisfacer, Saqueó guardaba en su interior la llama del más allá, la apertura de ojos y de corazón para seguir buscando una forma mejor de vivir. La fama del Señor Jesús, despertó en él la curiosidad, Dios se suele valer de la insatisfacción y el aburrimiento de las personas para hacerse encontradizo. El relato nos lleva a contemplar a Saqueo como el protagonista de la búsqueda de Dios, por ello nos relata cómo aquel hombre subió a un árbol grande con tal de conocer de vista al Señor. Pero precisamente cuando pensábamos que Saqueo estaba cumpliendo con du proyecto el relato nos presenta esta frase totalmente sorpresiva: «Saqueo baja pronto, porque hoy me quedaré en tu casa» ¿En qué radica la gran sorpresa? Radica en que Saqueo apenas estaba conociendo a Jesús, pero Jesús ya conocía a Saqueo por su nombre. Uno de los grandes defectos de nuestra cultura es hacernos pensar que los únicos protagonistas de la vida somos nosotros mismos. Saqueo es un buen ejemplo de una persona hábil, comprometida con lo que se proponía realizar, incluso podríamos pensar que para llegar a ser jefe de publícanos habría tenido que ser bastante agresivo. Saqueo quería conocer a Jesús, nada lo detendría, se subió a un árbol, pero no era él quien protagonizaba esa historia. Jesús ya se había adelantado a Saqueo, el Señor ya sabía su nombre, ya sabía que tenía una casa y ya le tenía la propuesta de permanecer con él. Hermanos, ¿Quién es el protagonista verdadero de la salvación de nuestras vidas y de la salvación del mundo? Mientras vivimos obsesionados pensando que todo depende de nosotros mismos, nos desgastamos y sufrimos en vano, incluso nos podemos convertir en fuente de sufrimiento para muchos otros que nos rodean. Cuando abrimos los ojos y el corazón a Dios, en la persona de Nuestro Señor Jesucristo, y le permitimos ejercer al verdadero protagonista de la historia, las cosas se transforman radicalmente. Saqueo acogió a Jesús en su casa una vez que sen su corazón ya se había operado el gran cambio, la gran transformación, lo único que escuchamos es el discurso que hace evidente dónde se encontraba el verdadero tesoro de Saqueo, ahora su corazón estaba lleno de la amistad de Jesús, no

necesitaba seguir sometido al dinero. Por eso resulta completamente lógico que repartiera la mitad de su fortuna y estuviera dispuesto a pagar cuatro veces si a alguno había robado. Aprovechemos hermanos y hermanas este momento de encuentro con Dios en este Santuario de Nuestra Madres santísima de Guadalupe. Tal vez yo he venido buscando, pues bien, Dios ya me ha encontrado y me conoce, pero lo más importante quiere permanecer en mi casa que es mi vida. Acojámoslo y hagamos de él nuestro tesoro.

Amén

Octubre 2019

Homilía

Estimados Caballeros y Damas de la Orden de Malta, queridos voluntarios, muy amados hermanos y hermanas enfermos, queridos capellanes:

Agradezco en primer lugar la invitación para estar hoy aquí celebrando juntos nuestra fe a los pies de Nuestra Madre Santa María de Guadalupe. Creo que la Palabra que acabamos de escuchar nos alienta en este momento de nuestras vidas e ilumina grandemente nuestra Misión.

El Señor Jesús, en el Evangelio, comienza las horas de su Pasión e invita a los discípulos a entrar en un ambiente de intimidad con su Padre, con nuestro Padre Dios. De igual forma, ustedes hermanos enfermos, han venido aquí, animados por el Espíritu de Dios, en estos momentos de pasión, para experimentar esa intimidad junto a Jesús; y qué mejor manera de hacerlo que por medio de Aquella que con su mirada dulce, tierna, amable y compasiva, nos hace sentir la presencia de Jesús y nos pone delante del Padre.

Apartarnos para la oración implica silencio y vigilancia, buscar hacer la Voluntad de Dios y no la nuestra. Dios nos conforta, este mismo encuentro con Él, a través de María, nos da paz. Paz que no es el bienestar que en muchos momentos nuestro ambiente nos lleva a desear, no es la comodidad que nuestra cultura actual tanto difunde. Es la paz que verdaderamente nos da el saber hacer solo su Voluntad y no la nuestra.

Sabemos bien lo que ha pasado con los discípulos esa noche en Getsemaní, “se han quedado dormidos”: Dormirse, cansarse hasta abandonarlo todo, son actitudes de derrota frente a la confrontación con el mundo, que van apagando al discípulo como luz para los hombres. Queridos hermanos enfermos, no se duerman, no se cansen en su camino de fe, su lucha junto a Jesucristo el Señor, es lucha por la salvación de la humanidad.

Los enviados del Señor llevan consigo una levadura que fermenta la masa, por eso creo importante ahora agradecer a ustedes damas y caballeros de esta Orden, por esta peregrinación y por las obras que realizan en bien de sus hermanos. También a ustedes voluntarios, sin quienes esta peregrinación no sería posible.

Pablo se dirigía a Roma, -en la primera lectura, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles- Roma, lugar de su martirio. A pesar de este momento tan duro, Pablo no se apaga, sigue iluminando como el Maestro, y comunica en el nombre del Señor, salud a los enfermos de la isla de Malta.

Les pido encarecidamente a los miembros de la Orden: tengan siempre muy clara la meta de la Misión, llevar la Buena Nueva de Salvación. Que en su corazón y en su mente esté siempre Jesucristo Nuestro Señor, que esto comuniquen con amor a los voluntarios, de tal manera que esta peregrinación y todas las acciones en bien de los más pequeños sea siempre un verdadero momento de transmisión de la salud que Dios nos da. No olviden lo que el Papa Francisco nos ha dicho en su mensaje para la Jornada del enfermo de este año: “los gestos gratuitos de donación, como el Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización”.

A ustedes queridos voluntarios, que siempre les anime la certeza de estar amando a Cristo en sus hermanos. En el mismo mensaje del Papa nos recuerda dos cosas que ustedes bien pueden imprimir en sus corazones: “Cada hombre es pobre, necesitado e indigente… El justo reconocimiento de esta verdad nos invita a permanecer humildes y a practicar con decisión la solidaridad, en cuanto virtud indispensable de la existencia”. Y más adelante dice: “La gratuidad humana es la levadura de la acción de los voluntarios, que son tan importantes en el sector socio-sanitario y que viven de manera elocuente la espiritualidad del Buen Samaritano”.

Todos, el día de hoy, nos encomendamos a la intercesión maternal de Santa María de Guadalupe y de San Juan Diego, quien preocupado por la salud de su tío escuchó estas palabras de la Morenita: “…; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante y aflictiva. ¿No estoy yo aquí, que tengo el honor y la dicha de ser tu Madre?”

Que esta voz nos ayude a confiar y a esperar; que esta voz nos ayude a compartir los dones recibidos con espíritu de diálogo y de acogida recíproca, a vivir como hermanos, atentos a las necesidades de los demás, a saber dar con un corazón generoso, y aprender la alegría del servicio desinteresado.

Que así sea.

Homilía

Versión estenográfica de la

Homilía pronunciada por S. E. Mons. Enrique Díaz Díaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato, con motivo de la peregrinación varonil de dicha diócesis a la Basílica de Guadalupe.

8 de octubre de 2019

Estamos todos como una familia, la gran familia qué es nuestra Diócesis de Irapuato. Y estamos con gozo, con alegría, con paz, porque venimos –como ya nos decía Monseñor- a la casa, a la casa que hemos construido entre todos, a la casa que es nuestra casa, a la casa donde todos vivimos como hermanos, donde nos olvidamos de procedencias, de diferencias, de problemas. Venimos a la casa, pero sobre todo, venimos a estar frente a Nuestra Madre.

Ayer cuando caminábamos con los peregrinos, algún peregrino que ya veía yo muy, muy cansado y que le dije: no te subes al carro. No padre, todavía quiero seguir caminando. Pero ya vas muy mal. Dice: es que todo se me va a acabar cuando mire a la Morenita, cuando me ponga bajo su mirada.

Y esa es hoy nuestra intención, ponernos bajo la mirada amorosa de María, ponernos bajo su regazo. Venir y contar lo que hay en nuestro corazón, venir y decir nuestros problemas y nuestras alegrías, venir y como a una Madre que recibe al niño, el niño que cuenta todo, que dice lo bueno y lo malo, que dice los problemas, que dice las angustias, que dice todo lo que hay en su corazón.

Y hoy también nosotros, esa es nuestra intención. Por eso nuestra primera oración será: míranos Madre mía. Decimos todos: míranos Madre mía. Más fuerte, míranos Madre mía, míranos Morenita, mira este es tu pueblo de Guanajuato, tu pueblo de Irapuato, el que tiene la tradición muy profunda de una fe cimentada, fortalecida con la sangre de nuestros mártires, que al grito de Cristo Rey. ¡Viva Cristo Rey!, dieron su sangre y nos dieron las bases, la semilla para seguir construyendo nuestra fe.

Míranos Madre, somos este pueblo que en ratos queremos transformar el mundo y vivir en paz y queremos sentirnos fraternalmente unidos, y queremos trabajar y llevar a todos lados esa imagen de Cristo nuestro Rey. Míranos Madre mía somos un pueblo con profundas raíces católicas, cristianas, con una gran sensibilidad para el dolor, para el amor, para la familia. Míranos Madre mía.

Pero míranos también Madre, cómo estamos sufriendo, cómo la violencia, el dolor, la angustia, se apodera de nuestros pueblos y ciudades. Mira como sufrimos angustiados ante el crimen, ante el pecado, ante la violencia, ante la división. Míranos Madre y traemos ante ti todo lo que nosotros somos y todo lo que tenemos.

Y  hoy queremos renovar nuestro grito, el grito de los mártires, el grito de nuestros pueblos, el grito de nuestras comunidades: ¡Viva Cristo Rey! y queremos decirlo una y otra vez, porque queremos que este Rey de justicia de paz y de amor, vuelva a resonar en toda nuestra región, vuelva a hacerse una realidad, un Reino de justicia de paz y de amor. Por eso desde lo más profundo de nuestro corazón gritamos: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

Este es nuestro grito, pero este también nuestro compromiso: construir ese Reinado, construir ese ambiente de paz, de amor, de seguridad. Somos tus hijos, estamos adoloridos. Queremos que nos escuches, queremos que atiendas tú nuestras súplicas. Qué hermoso contemplarte, llevando en tu corazón, en tu vientre a Jesús, hasta allá, hasta las montañas de Ain Karim, a presentar a tu hijo querido que apenas está en tu vientre. Qué hermoso escuchar los saltos de alegría, los gritos de bendición de Juan el Bautista en el vientre de su madre. Que alentador oír la bendición de Isabel diciéndote: feliz porque has creído.

Y hoy también nosotros queremos que también a nosotros nos escuches, que también a nosotros nos traigas a tu hijo, que también a nosotros nos traiga la paz, y oímos con mucha devoción, con mucho cariño: ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿Qué es lo que aflige a tu corazón? Palabras consoladoras, palabras que nos llegan a lo profundo de nosotros, porque sentimos ese amor, ese afecto, esa ternura de Madre que se preocupa por nosotros.

Gracias Madre. Sí sabemos que estás aquí con nosotros, sí sabemos que eres la niña que nos acompaña por todos los caminos. Sí sabemos que nos dices a nosotros también a cada uno pequeñito, el más pequeñito de mis hijos, el más tierno y delicado, a quien amo tanto. Y en tu amor, en tu ternura, queremos hoy responder también para construir, para hacer tu mandato: hacer una casita, hacer un templo donde nos escuches. Y lo hemos hecho aquí, y queremos hacerlo en cada lugar. Y lo hemos construido con el esfuerzo de todos, y venimos todos desde lejos a sentirnos en casa. Pero ahora también queremos construir esa casita que tú nos pides, esa casita que es cada mexicano, que es cada persona, que es cada cristiano. Esa casita donde se viva en paz y armonía, donde haya diálogo, donde todos crezcamos, donde se vivan los sacramentos, donde se escuche la palabra de tu Hijo, donde sean socorridos todos los que tienen algún dolor. Esa casita que debe ser cada uno de nosotros.

Y con tristeza te decimos que hay dolor, porque se ha despreciado la dignidad de tus hijos, porque nos hemos olvidado que somos santuario, porque nos hemos olvidado que somos hijos. Y se desprecia y se golpea y se insulta y se destruye. Y hoy queremos construir, y hoy nuestro compromiso será hacer una nueva casita y será hacer nuevamente paz, queremos ser tus instrumentos de paz y queremos llevar tu mensaje por todos lados.

También como Juan Diego, nos sentimos pequeñitos. También como Juan Diego, decimos que somos el último, que somos cola, que no servimos, que no somos tomados en cuenta. Pero también, como Juan Diego, recibimos de tu Palabra, de tu boca: es preciso, es de todo urgente, que seas tú el que lleve, el que construya, el que hable.

Y hoy nos comprometemos a construir, y hoy queremos ser la Iglesia, la casita que tú quieres. Y hoy queremos que el Evangelio de tu Hijo resuene en todos y cada uno de nosotros. Y hoy queremos que cada uno de nosotros se vaya con el corazón lleno de tu amor, lleno de tu presencia y lleno de la presencia amorosa de Jesús Nuestro Salvador.

Queremos escuchar también las palabras que tú decías cuando, en aquella fiesta descubrían que faltaba el vino. Hoy también podemos decirte: en nuestras fiestas falta el vino, y no el vino de la borrachera, porque ese sobra, sino el vino del amor, el vino de la comprensión, el vino de la Palabra de Dios. Y hoy escuchamos tus palabras que nos dicen: hagan todo lo que Él les diga, hagan todo lo que Él les diga. ¿Y Él que nos dice? Y Él nos dice: ámense unos a otros. ¿Y el que nos dice? Y Él nos dice: construyan el perdón, perdonen, amen. ¿Y el que nos dice? Lo que hace es al más pequeñito a mí me lo hiciste. ¿Él que nos dice? Ten la confianza, yo estoy contigo. Y hoy lo sentimos a este Redentor, Salvador en medio de nosotros.

Como toda la nación, también nuestra diócesis se dispone y quiere preparar ese Proyecto Pastoral para los 500 años de presencia de María de Guadalupe en medio de nosotros. Como toda nuestra nación, también queremos formar una nueva nación, una nación diferente, una nación en justicia y paz. Y como toda nuestra nación, también nos disponemos nosotros a celebrar en el 33, los 2,000 años de nuestra redención y poner a Cristo en el centro de nosotros, en el centro de nuestro corazón, en el centro de nuestras vivencias, en el centro de todos nuestros proyectos.

Madrecita de Guadalupe, aquí ponemos lo que somos y tenemos. Tú nos escuchas, tú nos atiendes, tú vas sembrando en nuestro corazón la Palabra del Señor.

¡Viva la Virgen de Guadalupe!

¡Viva la Virgen de Guadalupe!

¡Viva la Virgen de Guadalupe!

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva Cristo Rey!

¡Viva la Diócesis de Irapuato!

¡Viva la Diócesis de Irapuato!

¡Viva en México católico!

Alabado sea Jesucristo.

La peregrinación de los Misioneros de Guadalupe arribaron con devoción, fe y amor a la Casita Sagrada de la Morenita del Tepeyac; dicha congregación agradece a Nuestra Señora de Guadalupe el permitirles cumplir 70 años de vida misionera.

S. E. Mons. Franco Coppola, Nuncio Apostólico en México dijo durante su homilía que ser Misionero es ser testigo, relator, es parte de ser cristiano, significa haber encontrado al Señor.

Homilía

Homilía pronunciada por Mons. Salvador Martínez Ávila, Vicario Episcopal de Guadalupe, Rector de la Basílica de Santa María de Guadalupe, Presidente del Cabildo

Estimados hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Este domingo celebramos el Domingo Mundial de Oración por las Misiones, más comúnmente conocido como domingo del DOMUND. Y a partir de la pregunta que hace nuestro Señor Jesucristo en el evangelio: «pero ¿creen que cuando venga el Hijo del Hombre encontrará fe en la tierra?», quisiera reflexionar con ustedes. La pregunta que propone el Señor es la conclusión de un breve discurso que trató de animar a sus discípulos a la oración para que oraran insistentemente. Podemos pensar que si el Señor Jesús quería animarlos a esto, es porque la oración insistente y constante no era lo común entre sus discípulos. Jesús afirma que la oración perseverante alcanza de Dios una pronta respuesta, porque a diferencia del juez injusto, que aparece en la parábola, Dios es un Padre amoroso que se apresura a atender a sus hijos que somos cada uno de nosotros.

Sin embargo, el Señor se preocupa de que no seamos capaces de comprender la gran conexión que existe entre la fe y la oración. Ambas realidades se reclaman mutuamente, a saber. Cuando nos decidimos a orar, lo hacemos porque tenemos fe. Pero si oramos, entonces nuestra fe se acrecienta, aumenta, se hace más consistente. Así mismo sucede lo contrario, si no oramos, es porque en realidad no tenemos fe, y el descuido de la fe se manifiesta en una vida donde la oración, sea rezada, meditada o como sea, en realidad no existe.

Por este motivo el discurso termina con una pregunta sobre la fe. Esta pregunta, por otra parte la hizo Nuestro Señor hace casi dos mil años y nos podemos también nosotros preguntar: a esta distancia y sin saber cuándo regresará Él, en este momento de la historia, ¿Tenemos o no tenemos fe? Bueno, si estamos reunidos en esta asamblea, pues es porque tenemos fe, y el estar aquí será alimento para nuestra comunión de fe con Dios, claro. De nuestra fe y comunión con nuestros hermanos y con la humanidad entera, eso es algo real, si no estaríamos aquí.

Pero pareciera que aunque pasen muchos años, la cosa no progresa, y en los últimos años pareciera que vamos en retroceso con respecto a la práctica religiosa. En primer lugar, y esto tiene que ver con la misión evangelizadora de la Iglesia, lo que en la segunda lectura nos decía san Pablo, la predicación. Esta función evangelizadora de la Iglesia, nadie nace siendo ya cristiano. Aunque un bebe nazca de una familia que por muchas generaciones hayan sido ya cristianos, no hay ningún gen en él que lo obligue, que obligue a ese nuevo ser humano a ser cristiano o cristiana. Esa persona no ha sido evangelizada, ni será evangelizada tan solo por el ambiente social que lo rodee. Por eso, parece que en cada generación se está estrenando el cristianismo., porque nadie nace siendo ya cristiano.

México está cumpliendo cinco siglos de la llegada del Evangelio, y para un mexicano que acaba de nacer, esos quinientos años no significan nada, si nadie de los que ya estamos aquí, no le comunicamos la Buena Noticia de la salvación.

Si por hipótesis, los cristianos nos desentendiéramos completamente de evangelizar a la generación que nos sigue, la fe cristiana acabaría, porque no depende de la genética, ni de la casualidad, ni de las convenciones culturales. Por eso es necesario cada año recordar que estamos en misión y que esta misión continuará vigente hasta la venida del Hijo del Hombre, mientras nazcan nuevos hombres, nuevas mujeres. Aquí no caben ni el descuido –ya llevamos quinientos años, ah pues ya sale, así sale, no. Ni el desánimo –ah, como no hemos logrado nada en quinientos años, pues ya para qué-. Si cada uno pone su parte en la construcción de la fe, es decir, en orar y evangelizar, cuando venga el Hijo del Hombre, ciertamente que encontrará fe en este mundo.

Amén.

Este sábado, la Basílica de Guadalupe de Nuestra Señora de Guadalupe recibió fraternalmente y con mucho cariño a la peregrinación de la Diócesis Maronita de México Eparquía de Nuestra Señora de los Mártires de Líbano y la Comunidad  Libanesa.

S.E. Mons. Georges Saad Abiyounes M., O.L.M. ofició la Santa Misa, en la cual agradeció la presencia a toda la comunidad maronita libanesa cristiana que viene año con año a plantarse a los pies de la excelsa Virgen Maria de Guadalupe mostrándole su amor filial, su gratitud.

Homilía

Homilía pronunciada por S.E. Mons. Georges M. Saad Abi Younes
Obispo Maronita de México.

Peregrinación anual de la Comunidad Maronita y Libanesa a la Basílica de Guadalupe.

Libro del Eclesiástico: 24,17-31. Carta de san Pablo a los gálatas: 4, 4-7. Evangelio según san Lucas: 1, 39-48.

La hermosa tradición de los Libaneses-Cristianos es la veneración y su amor filial a La Santísima Virgen María; los migrantes católicos libaneses y orientales que al llegar a los países, donde, han sido acogidos, busquen, inmediatamente, EL SANTUARIO PRINCIPAL DEDICADO A la virgen Maria, y México, patria que les ha acogido con los brazos abiertos, no ha sido la excepción, pues, apenas llegados a estas tierras mexicanas, supieron la importancia de ser hijos de SANTA MARÍA DE GUADALUPE ES: REINA DE MÉXICO Y EMPERATRIZ DE AMÉRICA.
Así, LA PEREGRINACIÓN DE NUESTRA COMUNIDAD MARONITA-LIBANESA, se ha convertido en un signo, por el cual, LOS HIJOS CRISTIANOS DE LÍBANO vienen año con año a postrarse a los pies de esta EXCELSA REINA, para, demostrarle: su amor filial, su veneración, su gratitud y sus peticiones confiadas y fervorosas, además, de pedirle que, el año por venir siga: con su socorro, consolación y haciéndoles fieles en el cumplimiento de la Voluntad de Dios; con el fin de alcanzar, gracias a su poderosísima intercesión, las gracias abundantes, que esta SANTA MADRE derramó a este continente americano.
Hermanos, las lecturas y el Evangelio que hemos escuchado, no son solo un recuerdo de: quién es María; sino una realidad feliz, que todos hemos vivido, a lo largo de nuestras vidas.
En efecto, las palabras del Eclesiástico, nos hablan de las bondades y gracias, que Santa María de Guadalupe derrama sobre todos sus fieles devotos; cuándo, en verdad, somos auténticos discípulos de su Divino Hijo; de aquí, el maravilloso poema que hemos disfrutado y cuyo significado es a la vez: amor y sabiduría de Dios, porque esto es María: SABIDURÍA DE DIOS, BONDAD Y MISERICORDIA INFINITA DEL: PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO, ÚNICO DIOS VERDADERO, que ha querido dejarnos a SANTA MARÍA DE GUADALUPE: como Madre amorosa y amable, que siempre está al pendiente de: nuestras necesidades, tribulaciones, sufrimientos, pruebas, penas y enfermedades del cuerpo y del alma, para, remediarlos por su intercesión ante Dios con prontitud y amor sin límites.

Cuántos de nosotros hemos experimentado el amor de SANTA MARÍA DE GUADALUPE; cuántos hemos sido favorecidos de sus gracias y dones excelsos; cuántos hemos disfrutado de su consuelo; cuántos, que ya no teníamos esperanza, hemos recurrido a NUESTRA MADRE DE GUADALUPE y de inmediato, hemos sentido alivio, tranquilidad y paz.
Hermanos Libaneses y todos los que hoy hemos sido convocados a este SANTUARIO, DEDICADO A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE; el Evangelio nos da ejemplo en Isabel; quien no cabe en sí de gozo al recibir el saludo de María, que lleva en su purísimo seno «AL VERDADERO DIOS POR QUIEN SE VIVE»: Isabel, quien al ver a María, queda llena del Espíritu Santo, para, alabar y glorificar a Dios, que le ha concedido el que, precisamente, SU MADRE, venga ayudarla en el difícil trance de dar a luz al PRECURSOR: SAN JUAN, EL BAUTISTA, quien «salta de gozo en su seno» (cf. Le. 1,41) al sentir la presencia del Salvador, quien ha venido a confiarle, la altísima Misión de preparar a su pueblo, para, recibirle con un corazón bien dispuesto.
Por ello, SANTA MARÍA DE GUADALUPE clama en la hermosa alabanza a Dios, que todos conocemos como «EL MAGNIFICAT», que no es, sino una exclamación gozosa de gratitud y reconocimiento al Creador por LA MISERICORDIA Y COMPASIÓN, que ha tenido con sus criaturas, es decir, a aquellos que hemos recibido a su Divino Hijo, que se ha hecho VERDADERO HOMBRE, para, reconciliarnos con el Padre-Eterno por su: PASIÓN, MUERTE Y GLORIOSA RESURRECCIÓN.
Hermanos al venir hoy a postrarnos ante, NUESTRA MADRE DE GUADALUPE. Todos tenemos el deber, urgente, de venerar y obedecer a tan excelente REINA, cuyo único consejo a todos nosotros es el de: «HÁGAN LO QUE JESÚS LES DIGA» (cf. Jn. 2, 5)
Sí hermanos, cumplir con la Voluntad de Dios ayudados por SANTA MARÍA DE GUADALUPE, es el camino seguro, para, ser beneficiarios de su: consuelo, ayuda y socorro en esta vida; y para heredar en la otra: la felicidad y bienaventuranza, que Jesús tiene prometida a todo aquel, que se deje guiar por María; quien ya goza en CUERPO Y ALMA DE LA GLORIA. COMO, FRUTO PRECIOSO DE LA SALVACIÓN.
Así, esta PEREGRINACIÓN queridos libaneses es una buena tradición de renovar nuestro amor a la Guadalupana, pero, a la vez, es un EJERCICIO extraordinario en LA FE, LA ESPERANZA Y EL AMOR, de toda nuestra vida, que es una peregrinación, para, alcanzar, La Vida Verdadera, que todos esperamos; vida libre de todo: sufrimiento, y llena de Luz, Paz y gozo en EL ESPÍRITU SANTO, esposo excelso de Santa María de Guadalupe, nuestra DULCE Y SANTA MADRE.
Amados Hermanos, esperemos en Dios, que los frutos de esta Peregrinación al SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE sean de santidad y justicia; de solidaridad y fraternidad; de alegría y verdadera convivencia; de amor y paz, porque, esto es lo que DIOS: PADRE, HIJO Y ESPIRITU SANTO espera de nosotros.
Recemos en esta misa para la paz en México y en el mundo. También para los perseguidos cristianos en el mundo quien sufren por su fe.
QUE ASÍ SEA.

+ Mons. Georges M. Saad Abi Younes Obispo Maronita de México.
Visitador Apostólico de Centroamérica y Venezuela.

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