Misas del Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México

FEBRERO 2020

El Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México ofició la Eucaristía desde la Basílica de Guadalupe en este V domingo del tiempo ordinario.

En este día en que se conmemora la Vida Religiosa, el Cardenal dijo durante su homilía: “Oremos por todos los discípulos de Cristo para que seamos luz y sal y especialmente en este día, por todos los consagrados y consagradas de nuestra Arquidiócesis de México, para que la gracia de Dios los fortalezca y los haga crecer en la comunión entre unos y otros, y den el testimonio intenso de oración, de abnegación y de la caridad que es la plenitud del amor. Entregamos en manos de María de Guadalupe a estas 4, 500 personas consagradas al servicio de nuestra iglesia particular, de la Arquidiócesis de México”

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

«Ustedes son la sal de la tierra, ustedes son la luz del mundo»

Esta misión de ser sal y luz, de darle sabor a la vida humana y de iluminar el camino para que esa vida humana sea satisfactoria y plena, es la tarea de todos los discípulos de Cristo, todos los que hemos sido bautizado en  su nombre hemos recibido esta misión; iluminar el camino de la humanidad y darle sentido a la actividad del hombre en su peregrinar por esta tierra para llegar a la casa del Padre.

¿Cómo podemos ser sal?, ¿cómo podemos ser luz?; el profeta Isaías en la primera lectura nos lo dice con toda claridad, con algunos ejemplos… comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo, no des la espalda a tu propio hermano, entonces surgirá tu luz, como la aurora, entonces cicatrizarán de prisa tus heridas. La acción de la caridad con aquel que es un necesitado, un prójimo que está cerca de nosotros y miramos por él y le ayudamos, ese es el camino, no solo para la persona que se le brinda esa ayuda, si no para nosotros mismos.

Cuando dice que vamos a ser luz, nos da también una visón de que esa acción nos beneficiará, dice: cicatrizará de prisa tus heridas; ayudando al otro, nos ayudamos a nosotros mismos, y más adelante dice el mismo profeta… que obrando de esta manera dice: invocarás al señor y él te responderá: lo llamarás y él te dirá: ¡aquí estoy! esta es la gran sorpresa que nos indica Jesús en otra parábola que tendremos cuando nos diga, tú le diste de comer a tu hermano pero lo hiciste conmigo, tú le diste de vestir a tu hermano necesitado pero lo hiciste conmigo, entra, forma parte del rebaño del Señor; ven bendito de mi Padre.

Así nos dice el profeta Isaías que seremos luz, iluminaremos el camino, así seremos algo que le dé sabor, es decir, sentido a la vida; esta misión que es para todo bautizado, para todo discípulo de Cristo, para desarrollarla especialmente en la familia, en esta comunidad célula, se plenifica, se intensifica y es de gran auxilio para la misión de la Iglesia; gracias a todos aquellos varones y mujeres que consagran su vida al servicio del reino de Dios.

Por eso estamos muy alegres, muy contentos y agradecidos con Dios, por la presencia de la vida consagrada, en nuestra Arquidiócesis de México; cerca de 4,500 personas son las consagradas en nuestro territorio. Aquí están muchos de ellos presentes, las saludo con cariño, con afecto, y también quiero a partir de eso, entendamos bien las palabras  de Pablo el Apóstol en la segunda lectura, cuando les dice a los Corintios… No busqué anunciarles el Evangelio mediante la elocuencia del lenguaje o la sabiduría humana, si no que resolví no hablarles sino de Jesucristo más aún de Jesucristo crucificado; eso es lo que hace la vida consagrada de manera más intensa, como luz del mundo y sal de la tierra.

Dan toda su vida para unirse en comunidad, y según el carisma de esa institución, se entregan como lo sabemos quiénes conocemos su obra a realizar una labor de ayuda al prójimo fundamentado, en situaciones muchas veces difíciles, que se necesita una gran abnegación, ayudando a los indigentes, a los niños sin techo, a los ancianos, atendiendo a nuestros sacerdotes mayores, ya que no se valen

por si mismos, atendiendo a todas esas situaciones de personas en riesgo, por causa de la degradación que en nuestra sociedad se da hacia muchos ámbitos de la vida humana, en donde no se respeta la dignidad humana, por eso el profeta pide algo que hay que evitar, el profeta Isaías, cuando renuncies a oprimir a los demás, y destierres de ti el gesto amenazador y la palabra ofensiva, brillará tu luz en las tinieblas.

Estas son actitudes fundamentales que intensifican religiosos y religiosas, consagrados y consagradas atendiendo a personas que muchas veces no conocen, que están en redes de prostitución, de  trata de personas y que son las que le dan sentido a esas personas que han tenido heridas profundas de falta de respeto a su propia dignidad. Esa es la luz y esa es la sal que necesita nuestro mundo de hoy urgentemente, y para ello se necesita tener la actitud plena de donación de su vida, hasta el extremo como lo hizo Cristo en la Cruz.

Pidamos pues, oremos por todos los discípulos de Cristo para que seamos luz y sal y  especialmente en este día, por todos los consagrados y consagradas de nuestra Arquidiócesis de México, para que la gracia de Dios los fortalezca y los haga crecer en la comunión entre unos y otros, y den ese  testimonio que es una gran fortaleza para la vida de la Iglesia, el testimonio intenso de oración, de abnegación y de la caridad que es la plenitud del amor. Entregamos en manos de María de Guadalupe a estas 4, 500 personas consagradas al servicio de nuestra iglesia particular, de la Arquidiócesis de México.

Que así, sea.

ENERO 2020

Durante la Solemne Misa del III domingo del Tiempo Ordinario que el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México ofició en la Basílica de Guadalupe en su homilía dijo “A través de las redes, nuestros adolescentes y jóvenes exhiben su vida privada con facilidad y son objeto de acoso de distintas maneras” por ello nos motivó a pedirle a María de Guadalupe “podamos reconstruir el tejido de nuestra sociedad para facilitar el crecimiento de las nuevas generaciones en los valores humanos que nos ha reflejado el testimonio de la vida de Jesucristo”

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. (Is 9, 1-2).

El anuncio del profeta Isaías que hemos escuchado en la primera lectura lo retoma el Evangelio de hoy el evangelista Mateo, y afirma que es Jesús la luz que quita toda tiniebla, toda sombra, toda oscuridad en el caminar humano. Jesús es aquél que esperábamos, el que tenía que venir de la tierra de Zabulón y de Neftalí al otro lado de Galilea, de ahí viene Jesús y ahí inicia su ministerio anunciando, conviértanse, el Reino de Dios ya está cerca (Mt 4, 17). ¿Quién expresa el Reino de Dios? La persona de Jesús. Él es la presencia del Reino, la luz para el caminar del hombre, Él es el que esclarece cualquier dificultad, obstáculo, tragedia o drama en la vida humana, le da sentido; por eso es tan importante encontrarnos con Jesús.

¿Con Jesús? Ustedes podrán decir, pero sí el ya no está físicamente, ¿cómo podemos encontrarnos con Él? El Papa Francisco ha decretado que justamente este domingo, el tercero del Tiempo Ordinario, en el inicio de un nuevo año, se considere como el Domingo de la Palabra de Dios, para que tomemos conciencia de que Jesús se hace presente en Su Palabra.

Por eso ustedes cada Eucaristía escuchan un trozo del Evangelio, a través de esta lectura, meditación y puesta en práctica de lo que escuchamos en la Palabra de Dios encontraremos la luz para nuestras situaciones difíciles, para nuestros momentos trágicos, y también para reconocer cómo Dios ha intervenido en todo aquello que nos da una gran satisfacción, una gran alegría; la Palabra es presencia de Jesucristo.

La Palabra proclamada y explicada por nosotros los ministros, que hemos tenido esta encomienda de parte de la Iglesia, diáconos, presbíteros y obispos, nosotros tenemos la responsabilidad de explicarla en estas homilías. Por ello, debemos pedir mucho por estas vocaciones sacerdotales en el ministerio, orar y propiciar en nuestros ambientes que surjan.

Yo hoy, en presencia de todos ustedes, le agradezco al Papa Francisco no solamente que haya tomado esta decisión del Domingo de la Palabra de Dios para que de este año en adelante así lo recordemos y lo vivamos. Sino, también aprovecho la ocasión, como quizá la mayoría de ustedes estén ya informados, de que el día de ayer el Papa me ha concedido tres nuevos colaboradores como Obispos Auxiliares de la Arquidiócesis de México, con ello completamos un equipo de cinco Obispos Auxiliares, que me ayudarán a este ministerio, a animar y a acompañar a nuestros sacerdotes y diáconos para que cumplamos cabalmente nuestra misión, como vemos que lo hacía ya san Pablo en la primitiva comunidad cristiana, cuando dice a los Corintios: Me he enterado hermanos, por algunos servidores de Cloe, que hay discordia entre ustedes (1 Co 1,10-11).

Me he enterado también yo en nuestros tiempos, que hay una gran dificultad para transmitir nuestra fe, nuestras convicciones espirituales a las nuevas generaciones. Y también me he enterado que los niños, adolescentes y jóvenes corren más riesgos que los que corrimos nosotros en esa etapa en la que tenemos que preguntarnos quién soy yo y para qué vine al mundo, cuál es mi vocación para discernir entre lo que Dios quiere de mí y de ordenar todas mis potencialidades, lo que me apasiona y me anima, ordenarlo para el servicio a los demás.

Hoy, corren ellos mayor riesgo en esta decisión de ir descubriendo el sentido de su vida por dos factores: uno, porque se ha multiplicado la desintegración de las familias, el estilo de vida de nuestra sociedad ha llevado a que papás estén menos tiempo con sus hijos, también, las separaciones de los Matrimonios, los divorcios y los vueltos a casar o los que quedan huérfanos y no tienen quién les de acompañamiento.

Pero, sobre todo riesgos muy nuevos, porque a éstos a que me he referido los vivimos también nosotros y tuvimos acompañamiento de familia, de tíos, de abuelos y con eso resolvíamos nuestro caminar, pero hoy las tecnologías de la comunicación, a través de las redes sociales, representan riesgos muy graves a sus hijos.

Lo hemos visto con los hechos sucedidos recientemente en Torreón, Coahuila, un adolescente que asesina a su maestra y que hiere a compañeros, y finalmente se quita la vida. Eso está propiciado no sólo por la separación de su familia, como en efecto era su caso, sino también porque en las redes sociales se ven tentados a vivir riesgos de gran magnitud, como una competencia de quién se atreve a hacerlos.

A través de las redes, nuestros adolescentes y jóvenes exhiben su vida privada con facilidad y son objeto de acoso de distintas maneras; por eso hoy, este domingo, nuestra revista y nuestra página Desde la fe de la Arquidiócesis de México ha dedicado una edición especial para ver cómo ayudamos a prevenir que esto no les suceda.

Que ustedes conozcan qué pueden hacer, ahí vienen los tres o cuatro riesgos graves en dónde ustedes pueden aclararse de qué manera acompañar a los niños, adolescentes y jóvenes en nuestro tiempo.

Pidámosle al Señor Jesús que nos ayude a superar estas circunstancias, estas dificultades, que las asumamos con confianza en Él. Pidámosle a María de Guadalupe que podamos reconstruir el tejido de nuestra sociedad para facilitar el crecimiento de las nuevas generaciones en los valores humanos que nos ha reflejado el testimonio de la vida de Jesucristo.

Pidámosle a María de Guadalupe, que ella nos acompañe y que aprendamos de ella la ternura y cercanía que necesitan los jóvenes.

Que así sea.

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