Misas del Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes
Arzobispo Primado de México

Homilía pronunciada por el EMMO. SR. CARDENAL CARLOS AGUIAR RETES.

«Se atiborran de vino, se ponen los perfumes más costosos, pero no se preocupan por las desgracias de sus hermanos» (Amós 6, l. 4-7).

Estas son duras palabras dirigidas a los poderosos del Reino de Israel por el profeta Amós. Debemos centrarnos en qué es lo que denuncia el profeta, podría alguien decir que está denunciando a los ricos, a los que acumulan dinero y bienes, o ¿qué piensan ustedes?

Lo que está denunciando es la falta de sensibilidad hacia los que sufren desgracias, es decir, no se condena a quien como fruto de su trabajo, honesto y constante, va creciendo en disposición económica, sino al despilfarro de la misma sin atender a las necesidad del prójimo.

Este es el punto que tanto el profeta Amós nos recuerda y le exhortó a su pueblo, pero no le hicieron caso, y el Reino de Israel -como también lo señaló el profeta- quedó devastado, desapareció hacia el 722 antes de Cristo. Nunca volvió a resurgir ese Reino del norte.

Nosotros después hemos escuchado a Jesús en el Evangelio de hoy (Lc 16, 19-31), que propone esta parábola en la misma línea del Profeta Amós, cuando muestra que el rico no tuvo ni siquiera la deferencia de darle algo mínimo, a quien en la puerta de su casa todos los días se encontraba, enfermo, llagado, y él pasaba sin advertirlo.

La insensibilidad hacia las necesidades del prójimo es lo que está señalando Jesús, Él lo hizo en vida, su testimonio en los Evangelios nos muestra cómo se acercaba a todos los que acudían a Él y a todos los necesitados. Rompiendo también incluso señalamientos de la ley, buscando siempre centrar a la persona como prioritaria en la atención, según el espíritu de la misma ley. Las leyes son para servir al hombre y no el hombre para servir a las leyes.

Por eso es tan interesante esta propuesta, que siguiendo el llamado del Papa Francisco, les he hecho hoy, aquí, para iniciar la Megamisión en nuestra Arquidiócesis. No vamos a hacer una misión general, de visitar a quien nos toca de vecinos, sino a cinco ambientes de necesitados, como ustedes lo escucharon.

Ambientes de pobreza, de quien está privado en las cárceles de su libertad por la causa que sea, ambientes de migrantes, ambientes también de quienes sufren con constancia desastres ecológicos. Son ambientes, como los enfermos en los hospitales, que nos necesitan.

Por eso agradezco de corazón a todos los que se han ido inscribiendo para participar en esta Megamisión todo el mes de octubre. Pidámosle al Señor que estas acciones nos ayuden también a que en la colaboración con los más necesitados crezcamos en esa solidaridad y fraternidad que necesita tanto nuestra Ciudad de México y el País en general.

No es el camino de las confrontaciones violentas lo que nos da la paz, la tranquilidad; es el camino del diálogo, de la puesta en común, de la concertación y de alcanzar que a todos nos llegue el bienestar para una vida digna.

Hermanos, pidámosle esto hoy aquí en esta Eucaristía, el fruto de esta gran misión y la consecuencia de mirar por los más necesitados para que nuestra sociedad sea más solidaria y fraterna.

También pidamos por estas otras intenciones que nos han dicho, porque el turismo sea una industria que ofrezca empleo y porque atendamos al migrante y al refugiado.

Digámosle a María de Guadalupe, madre, tú eres nuestra madre, tú eres amablemente misericordiosa, te manifiestas como tu hijo Jesús, y te tenemos tanto amor y confianza que aquí estamos reunidos en torno a tu bendita imagen. Ayúdanos para crecer y poder llegar a ser un México digno, un México fraterno, un México solidario.

Que así sea.

Homilía pronunciada por el EMMO. SR. CARDENAL CARLOS AGUIAR RETES.

 

“Escuchen esto, todos los que buscan al pobre sólo para arruinarlo” (Am 8, 4-7).

Pero el mensaje que la Palabra de Dios nos comunica no se queda sólo en esa advertencia; es decir, no es solamente para aquellos que realizan actividades de comercio, a quienes el Profeta Amós les pide que, en lugar de disminuir las medidas, aumentar los precios o alterar las balanzas; traten de ayudar a quienes más lo necesitan, poniendo menores costos.

En el Evangelio, Jesús afirma que la administración es muy importante porque no se puede servir a Dios y al dinero. ¿Qué quiere decir Jesús con esto? Si nuestro objetivo sólo es enriquecernos, estamos perdidos. Porque si bien indudablemente los bienes materiales son para tener una vida digna, para satisfacer nuestras necesidades: comer, vestir, salir, trabajar y ayudar; la administración de nuestros dineros tiene que estar subordinada al seguimiento de Jesús.

Jesús es nuestro camino. Es quien indica con qué actitudes debemos de vivir. La administración del dinero puede generarnos codicia, ambición, querer poseer más sólo por poseer más, y esto siempre será en perjuicio de muchos otros. La subordinación de la administración del dinero a las enseñanzas de Jesucristo, es el camino, pero para ello nuestro corazón no debe estar apegado a los bienes materiales, sino a Jesús.

En la Segunda Lectura (1 Tim 2, 1-8), el Apóstol San Pablo afirma que el fiel cristiano, el discípulo de Jesucristo, debe orar siempre. La oración es fundamental para estar siempre en comunicación y en comunión con Dios.

El Apóstol Pablo expresa con toda claridad que hagamos oraciones, plegarias, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres (1 Tim 2, 1); que siempre tengamos en cuenta nuestro personal bienestar, pero también el bienestar común de los que nos rodean: nuestras familias, nuestros amigos y los círculos en que nos movemos.

Hacer oración significa que tomamos conciencia de que no estamos solos, de que Dios nos acompaña, que Él nos fortalece, nos da la alegría de vivir y la felicidad de tener un Padre amoroso, que siempre está con nosotros.

Y en particular -nos dice el Apóstol- tenemos que orar por los Jefes de Estado y las demás autoridades. ¿Por qué debemos pedir por ellos? Explica el Apóstol que solamente así podremos llevar una vida tranquila y en paz. Las autoridades tienen la grave responsabilidad de vigilar y favorecer las situaciones que viven los ciudadanos. Tienen que aplicar políticas públicas en favor de los más necesitados para que la sociedad camine en orden de justicia y de paz. Es una grave responsabilidad. Si nosotros pedimos a Dios por ellos, entonces Dios les facilitará cumplir esa responsabilidad por el bien de todos.

El Apóstol recuerda que el fundamento de orar por todos, es porque Dios, nuestro Salvador, quiere que todos los hombres se salven porque somos hijos de Dios. ¿Qué hace un padre o una madre de familia por sus hijos? Lo que puede o esté a su alcance, con tal de no dejar al hijo desamparado. Eso hace Dios nuestro Padre. Si nosotros oramos, Dios actúa, interviene. De ahí la importancia de esta indicación que hace San Pablo a Timoteo.

Finalmente dice: quiero que los hombres, libres de odios y divisiones, hagan oración donde quiera que se encuentren, levantando al Cielo sus manos puras (1 Tim 2,8). Y para eso estamos aquí hoy: para orar.
La Eucaristía es la mejor manera de orar. Y estamos aquí con nuestra Madre, María de Guadalupe. Que ella interceda para que nuestras autoridades civiles apliquen las políticas públicas necesarias para alcanzar la justicia y la paz. Y que a nosotros, a cada uno de los aquí presentes, nos ayude a cuidar nuestra administración, subordinándola siempre a las enseñanzas de Jesús. ¡Que así sea!

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo Primado de México

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