Misas Dominicales del Cabildo de Guadalupe

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Diciembre 2019

Noviembre 2019

Octubre 2019

Homilía

Homilía pronunciada por Mons. Salvador Martínez Ávila, Vicario Episcopal de Guadalupe, Rector de la Basílica de Santa María de Guadalupe, Presidente del Cabildo

Estimados hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Este domingo celebramos el Domingo Mundial de Oración por las Misiones, más comúnmente conocido como domingo del DOMUND. Y a partir de la pregunta que hace nuestro Señor Jesucristo en el evangelio: «pero ¿creen que cuando venga el Hijo del Hombre encontrará fe en la tierra?», quisiera reflexionar con ustedes. La pregunta que propone el Señor es la conclusión de un breve discurso que trató de animar a sus discípulos a la oración para que oraran insistentemente. Podemos pensar que si el Señor Jesús quería animarlos a esto, es porque la oración insistente y constante no era lo común entre sus discípulos. Jesús afirma que la oración perseverante alcanza de Dios una pronta respuesta, porque a diferencia del juez injusto, que aparece en la parábola, Dios es un Padre amoroso que se apresura a atender a sus hijos que somos cada uno de nosotros.

Sin embargo, el Señor se preocupa de que no seamos capaces de comprender la gran conexión que existe entre la fe y la oración. Ambas realidades se reclaman mutuamente, a saber. Cuando nos decidimos a orar, lo hacemos porque tenemos fe. Pero si oramos, entonces nuestra fe se acrecienta, aumenta, se hace más consistente. Así mismo sucede lo contrario, si no oramos, es porque en realidad no tenemos fe, y el descuido de la fe se manifiesta en una vida donde la oración, sea rezada, meditada o como sea, en realidad no existe.

Por este motivo el discurso termina con una pregunta sobre la fe. Esta pregunta, por otra parte la hizo Nuestro Señor hace casi dos mil años y nos podemos también nosotros preguntar: a esta distancia y sin saber cuándo regresará Él, en este momento de la historia, ¿Tenemos o no tenemos fe? Bueno, si estamos reunidos en esta asamblea, pues es porque tenemos fe, y el estar aquí será alimento para nuestra comunión de fe con Dios, claro. De nuestra fe y comunión con nuestros hermanos y con la humanidad entera, eso es algo real, si no estaríamos aquí.

Pero pareciera que aunque pasen muchos años, la cosa no progresa, y en los últimos años pareciera que vamos en retroceso con respecto a la práctica religiosa. En primer lugar, y esto tiene que ver con la misión evangelizadora de la Iglesia, lo que en la segunda lectura nos decía san Pablo, la predicación. Esta función evangelizadora de la Iglesia, nadie nace siendo ya cristiano. Aunque un bebe nazca de una familia que por muchas generaciones hayan sido ya cristianos, no hay ningún gen en él que lo obligue, que obligue a ese nuevo ser humano a ser cristiano o cristiana. Esa persona no ha sido evangelizada, ni será evangelizada tan solo por el ambiente social que lo rodee. Por eso, parece que en cada generación se está estrenando el cristianismo., porque nadie nace siendo ya cristiano.

México está cumpliendo cinco siglos de la llegada del Evangelio, y para un mexicano que acaba de nacer, esos quinientos años no significan nada, si nadie de los que ya estamos aquí, no le comunicamos la Buena Noticia de la salvación.

Si por hipótesis, los cristianos nos desentendiéramos completamente de evangelizar a la generación que nos sigue, la fe cristiana acabaría, porque no depende de la genética, ni de la casualidad, ni de las convenciones culturales. Por eso es necesario cada año recordar que estamos en misión y que esta misión continuará vigente hasta la venida del Hijo del Hombre, mientras nazcan nuevos hombres, nuevas mujeres. Aquí no caben ni el descuido –ya llevamos quinientos años, ah pues ya sale, así sale, no. Ni el desánimo –ah, como no hemos logrado nada en quinientos años, pues ya para qué-. Si cada uno pone su parte en la construcción de la fe, es decir, en orar y evangelizar, cuando venga el Hijo del Hombre, ciertamente que encontrará fe en este mundo.

Amén.

Septiembre 2019

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