Misas Dominicales
de Mons. Salvador Martínez Ávila,

Vicario Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario

FEBRERO 2020

Homilía pronunciada por Mons. Salvador Martínez Ávila, Vicario Episcopal de Guadalupe, Rector de la Basílica de Santa María de Guadalupe y Presidente del Cabildo.

Estimados hermanos y hermanas en Cristo, durante algunos domingos leeremos fragmentos del sermón de Nuestro Señor Jesucristo en la montaña, este discurso abarca los capítulos 5 al 7 del Evangelio según San Mateo y es, por decirlo así, la forma en que Jesús Nuevo Moisés proclama la Ley de la Nueva Alianza.

Específicamente hoy, Jesús nos llama a ser luz y sal de este mundo y para ejemplificarlo quisiera comentarles algo que suele suceder en nuestras familias: Las mamás católicas, las mamás que procuran conducir a su familia por una senda de prácticas religiosa sana frecuentemente se enfrentan al problema de algún hijo o una hija que el domingo no quiere ir a Misa. Cuando los hijos son niños no les queda más remedio que obedecer y vienen a Misa pero a medida que crecen, los problemas de llevar a los hijos a Misa se vuelven cada día más severos, suele darse el caso de que la mamá enojada y triste tenga que dejar al hijo a la hija rebelde en casa. Después de haberle recordado que no está cumpliendo con sus deberes y que se expone a los peligros de los ingratos que no le dan su lugar  a Dios en la vida.

Después de una o más horas, regresa papá y mamá a casa, la seriedad con que se abandonó el hogar es la misma que cuando se fueron. La seriedad con que se llega al hogar es la misma que cuando se fueron. Los silencios culpabilizadores contra los desobligados no se hacen esperar sino es que en la cena vendrán las indirectas llenas de ironía, los chantajes y los reclamos. Entonces, surge la pregunta, ¿De qué le sirvió a papá y a mamá ir a Misa? ¿Qué efecto produjo el cumplimiento del precepto dominical en papá y en mamá? Aquí, es donde yo les propongo que apliquemos las palabras del Señor para el día de hoy.

¿De qué forma permitimos a Dios que nos haga sal?, ¿De qué manera el Señor convierte nuestra vida en luz?, la amistad con Dios, el ser alimentados por su palabra y por su cuerpo y su sangre es lo que cambia el sabor de nuestras vidas, es lo que provoca en donde hay tinieblas de muerte, surja el sol de la verdadera vida y esto se tiene que notar en el mundo en que vivimos, se tiene que notar al regresar a casa. Si papá y mamá regresan a casa después de la Misa dominical cargados de alegría y paz y esto lo notaran los hijos, tal vez el próximo domingo  no encontrarían resistencia alguna al hacer la invitación a la misa.

Ser discípulos de Jesús es importante y como buenos discípulos cumplir sus preceptos es algo necesario pero es imprescindible que también se  note, es decir, que otras personas por el buen olor de nuestras palabras, por el buen sabor de nuestras actitudes y de nuestras obras se den cuenta de cómo Dios está transformando, está haciendo nuestras vidas una buena noticia.

El Papa Francisco ya ha insistido bastante en este sentido, al decirnos que una verdadera experiencia de encuentro con Jesucristo naturalmente desemboca en contagiar a otros, en comunicar a otros lo hermoso y lo significativo que resulta esta amistad con él.

Por tanto, los invito a que dejemos fructificar nuestra participación en esta Eucaristía, en alegría, en paz, en generosidad, y esta es la luz y la sal con la que Dios quiere dar sabor e iluminar a este mundo.

Amén.

Este 2 de febrero celebramos con fe, amor y regocijo el Día de la Candelaria; este día representa la presentación del Niño Jesús al Templo 40 días después de haber dado a luz María.

La Misa Solemne fue presidida por Mons. Salvador Martínez Ávila, Rector de la Basílica de Guadalupe quien en compañía del Venerable Cabildo y de los files católicos que acudieron a bendecir a sus Niños, entraron en procesión al Santuario, bendiciendo al inicio las veladoras o candelas.

ENERO 2020

Homilía pronunciada por Mons. Salvador Martínez Ávila, Vicario Episcopal de Guadalupe, Rector de la Basílica de Santa María de Guadalupe y Presidente del Cabildo

El inicio del tiempo ordinario hermanos y hermanas en Cristo Jesús, está marcado por el inicio  del ministerio del Señor en Galilea, además de predicar y realizar signos prodigiosos, se dedicó a conjuntar un grupo de personas, discípulos, a quienes  prometió hacerlos pescadores de hombres.

Para poder comprender lo que quiso decir Jesús con esta promesa, vale la pena considerar que él mismo, hacía tanto en Cafarnaúm como en los pueblos de los alrededores, en general Jesús aprovechaba las asambleas de oración sabatinas, en las que se reunían los judíos de la localidad en la Sinagoga en esas ocasiones Jesús aprovechaba para anunciarles a las personas que el reino de los cielos ya estaba cercano y era necesaria la conversión de las malas costumbres a las buenas costumbres.

También, el Señor hacía algunas señales poderosas que podían ser curaciones o exorcismos, en qué sentido podemos considerar esto, como una pesca; un primer aspecto que me parece importante es que por medio de su anuncio, Jesús ponía sobre la mesa el asunto del reino de Dios. La cercanía de este reino, provoca alegría en aquellos que pertenezcan a él y temor, en aquellos que no le pertenezcan.

Así como la cercanía de las legiones romanas provocaba confianza en unos que estaban a favor de los romanos y grandes temores en otros, en los sediciosos. San Ignacio de Loyola que había sido militar, daba gran importancia a la elección  que cada persona debía hacer para ponerse al servicio del rey eterno; incluso invitaba a usar la imaginación y verse así mismo frente al rey eterno y brindarle la propia sumisión y obediencia, escuchando su llamado a combatir con el pasar de toda clase de penurias, para obtener al final el triunfo definitivo y los bienes eternos.

Si el Señor Jesús llamaba a los suyos a ser pescadores de hombres, podemos pensar que los invitaba a convivir con él, para aprender las costumbres del reino de los cielos, más aún las costumbres de su propio reino, puesto que Jesús es el rey y por medio de la predicación y de los signos poderosos, lograr que muchos otros también participaran de esta forma de vivir.

Para concluir, los invitaría a que hiciéramos conciencia de que nos encontramos en una gran asamblea, en un gran palacio, la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, es la casa de nuestra Reina, ella ocupa el sitio preminente, está coronada, sus palabras de invitación a Juan Diego para que se convirtiera en su mensajero, son comparables al llamado  que Jesús le hizo a sus discípulos; reconocer a María como nuestra Madre y Reina, de ninguna manera va en menos cabo del reino de Dios y de su poder, por tanto, al aceptar ser mensajeros de nuestra Señora, también estaremos aceptando el llamado del Señor a convertirnos en pescadores de hombres.

Pero hermanos y hermanas no nos confundamos, la pesca que Jesús nos invita a realizar no se completa, ni se conforma con puras palabras, son necesarias también las obras, es decir, las buenas costumbres que contagien la veracidad y la riqueza de nuestra pertenencia al reino de Dios.

Alabado sea Jesucristo.

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