ENERO

Más de 5 mil fieles católicos de la Diócesis de Tula arribaron este sábado en punto de las 14:00 h. a la Basílica de Guadalupe, colmados de alegría y emoción por encontrarse un año más, bajo el regazo y protección de Nuestra Madre la Morenita del Tepeyac.

Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, Obispo de la Diócesis de Tula recordó durante su homilía la tragedia que exactamente hace un año, el 18 de enero de 2019, enlutó a más de 100 familias de la comunidad parroquial de Tlahuelilpan y pueblos vecinos, así como diversos acontecimientos violentos que afectan a su comunidad Diocesana y al Estado de Hidalgo mencionó: “Madrecita de Guadalupe, Tonantzin, aunque todo esto nos inquieta y nos angustia, hoy queremos mirarte con ojos de amor y de esperanza, porque nunca nos abandonas y sentimos muy cercana tu presencia en nuestros hogares y en nuestros pueblos. A donde tú vas llevas a Jesús y con Él la salvación, el amor, la justicia, la paz y la esperanza. Hoy, tu Hijo Jesús, nos sigue invitando a construir su Reino entre nosotros”

Homilía pronunciada por S.E. Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, Obispo de la Diócesis de Tula.

Saludo con gran alegría a todos ustedes hermanos y hermanas  peregrinos de la Diócesis de Tula a la “Casita” de nuestra Señora de Guadalupe, madre de Jesús y madre nuestra. Paz y bendición a todos en este año 2020 que estamos comenzando.

Representando al Pueblo de Dios que peregrina en el Valle del Mezquital, hoy venimos con gran gozo, para mirar con los ojos de la fe y desde lo  más profundo de nuestro corazón , a nuestra Madre del cielo que quiso quedarse con nosotros plasmada en el ayate de  San Juan Diego, desde el  día del milagro de las rosas. Venimos como hijos muy amados de ella, trayendo sobre nuestros hombros el peso de tantas cosas que nos han acontecido durante  el año que acaba de terminar. Cómo no recordar: la tragedia de hace un año que enlutó a más de 100 familias de la comunidad parroquial de Tlahuelilpan y pueblos vecinos; la creciente ola de violencia ocasionada por los secuestros, robos, extorsiones, amenazas, desapariciones y muertes, situaciones que atentan directamente contra la vida humana, en varias de las comunidades de nuestra Diócesis y de nuestro Estado de Hidalgo, que hace algún tiempo gozaban de paz y tranquilidad; la pobreza que sigue dejando sin oportunidades de progreso y desarrollo  a muchos de nuestros pueblos y  a muchas familias por falta de empleo; los constantes atropellos a la dignidad de tantos hermanos y hermanas  de los pueblos originarios, concretamente de nuestras comunidades Hñähñu, que aún  padecen  algún tipo de marginación;  la preocupante situación de nuestros adolescentes y jóvenes que cada día se ven envueltos en la fascinación del dinero fácil o  se encuentran atrapados en los falsos paraísos del alcohol, la droga o el sexo desenfrenado; la preocupante ruptura del tejido social debido al aumento de  familias desintegradas con la consecuente pérdida de valores y dejando sin oportunidades de afecto y cariño a muchos niños que terminan en el abandono y desamparo.

Madrecita de Guadalupe, Tonantzin, aunque todo esto nos inquieta y nos angustia, hoy queremos mirarte con  ojos de amor y de esperanza, porque nunca nos abandonas y sentimos muy cercana tu presencia en nuestros hogares y en nuestros pueblos. Deseamos escuchar una vez más tus dulces palabras llenas de maternal ternura y amor que dirigiste  a San Juan Diego: Hijito mío ¿qué te preocupa y te angustia? ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? (cf Nican Mopohua). Nosotros al igual que San Juan Diego, sabemos que estás aquí como  nuestra madre, sabemos que estamos bajo tu sombra y tu resguardo, que es la fuente de nuestra alegría, que estamos en tu regazo bajo el amparo de tu manto.

El mejor regalo que nos sigues dando  ahora, es traernos a Jesús como lo hiciste cuando visitaste a tu prima Isabel en las montañas de Judea, y como lo hiciste en estas tierras en el cerro del Tepeyac hace casi 500 años. A donde tu vas llevas a Jesús y con Él la salvación, el amor , la justicia, la paz y la esperanza. Tu has guiado y alentado desde los comienzos la historia de esta nación en los momentos alegres y en los difíciles. Haz  mostrado tu delicado y suave  amor  de madre a todos, principalmente a los más necesitados, a los enfermos, y a los desamparados.

Hoy, tu Hijo Jesús, nos sigue invitando a construir su Reino entre nosotros. Queremos cumplir  esta misión ofreciéndote los trabajos y compromisos de nuestra última Asamblea Diocesana. Deseamos evangelizar inspirados en los  procesos de “Iniciación a la Vida Cristiana” que darán unidad e integridad al itinerario de formación de los discípulos misioneros en nuestra  Iglesia Particular dispuesta a “remar mar adentro” , afrontando los retos del tiempo presente. Ayúdanos a caminar en sinodalidad  para no caer en  la tentación del individualismo y del clericalismo. Que la Iglesia “casa y escuela de comunión” desde cada una de nuestras parroquias, sea signo de la Iglesia “Pueblo de Dios”. Que el testimonio de todos los agentes de pastoral sea el mensaje más elocuente para anunciar la alegría del evangelio a todos, y así colaborar activamente el progreso de nuestra patria por caminos de justicia y de paz.

Este año 2020 que cierra la segunda década del comienzo del tercer milenio, es un año de especiales bendiciones,  pues nos alegramos por los 250 años  de la llegada de la venerabilísima Imagen del Señor de Jalpan al Valle del Mezquital; en Tepeji del Río  celebramos el centenario de la Adoración Nocturna Mexicana; y en Noviembre celebraremos  con gran júbilo el III Congreso Eucarístico Diocesano, para poner a Jesús como el centro de nuestras vidas. Te pedimos Madre nuestra, Morenita del Tepeyac”, que  estas celebraciones, lejos de quedarse aisladas,  sean un fuerte impulso que anime el espíritu de nuestros programas pastorales parroquiales, en los que aterrice nuestro  Plan Diocesano de Pastoral, y nadie  arrebate nuestra vocación de una Iglesia en salida.

Quisiera finalmente, expresar lo que el papa Francisco  decía en Roma el pasado 11 de diciembre de 2019, víspera de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe: “Cuando se apareció a san Juan Diego, su rostro era el de una mujer mestiza y sus vestidos estaban llenos de símbolos de la cultura indígena. Siguiendo el ejemplo de Jesús, María se hace cercana a sus hijos, acompaña como madre solícita su camino, comparte las alegrías y las esperanzas, los sufrimientos y las angustias del Pueblo de Dios, del que están llamados a formar parte todos los pueblos de la tierra. La aparición de la imagen de la Virgen en la tilma de Juan Diego fue un signo profético de un abrazo, el abrazo de María a todos los habitantes de las vastas tierras americanas, a los que ya estaban allí y a los que llegarían después. Este abrazo de María señaló el camino que siempre ha caracterizado a América: ser una tierra donde pueden convivir pueblos diferentes, una tierra capaz de respetar la vida humana en todas sus fases, desde el seno materno hasta la vejez, capaz de acoger a los emigrantes, así como a los pueblos y a los pobres y marginados de todas las épocas… Tengan los brazos abiertos como la Virgen María, con amor y con ternura…Que la alegría del Evangelio esté siempre en sus corazones. El Señor los bendiga y la Virgen los acompañe».

¡ Santa María de Guadalupe, Reina de México! ¡ salva nuestra patria y aumenta nuestra fe!

Este sábado 18, la Casita Sagrada de Guadalupe, recibió con júbilo y alegría a la XXV peregrinación de la Arquidiócesis Primada de México; aproximadamente 10 mil fieles se dieron cita en la Glorieta de Peralvillo para peregrinar con amor y devoción hasta el Santuario Guadalupano para ver a la Morenita del Tepeyac.

El Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México recibió en compañía del Rector de la Basílica de Guadalupe, Mons. Salvador Martínez y Cabildo de Guadalupe a los peregrinos de las diversas Vicarias que conforman la Arquidiócesis.

Durante su Homilía, el Cardenal invitó a todos los fieles católicos para que seamos una «Iglesia en salida, misionera, con capacidad de escucha y discernimiento, con obediencia y comunión subsidiaria y solidaria con los más necesitados de ayuda y de acompañamiento. Una Iglesia sinodal, en la que caminemos juntos, y descubramos los signos de los tiempos, una Iglesia que discierna sus necesidades y aproveche sus potencialidades, una Iglesia que asuma en filial obediencia las decisiones y propuestas de su Pastor»

Asimismo, mencionó que el próximo ‪30 de abril‬, él y los Obispos Auxiliares con la ayuda de los Presbíteros y Agentes de Pastoral iniciarán el proceso de Visita Pastoral a las Parroquias ara conocer la situación actual de las comunidades y para impulsar el camino sinodal que ha señalado el Papa Francisco, como estrategia para responder a los grandes desafíos que presenta el mundo actual.

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

“María… entrando en casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo” (Lc. 1,40-42).

La escena del Evangelio presenta a María y a Isabel en un encuentro movido por el Espíritu Santo, a través de la intervención que ha realizado en ellas.

Ambas mujeres escucharon la voz de Dios y aceptaron la propuesta  divina. En particular María, como Iglesia en salida va en búsqueda de su prima Isabel y comparten su experiencia, lo cual las llena de gratitud a Dios y de inmensa alegría. Como María necesitamos escuchar la voz del Espíritu Santo, discernir las inquietudes que siembra en nuestro corazón, y aceptar en fiel obediencia lo que descubrimos como voluntad de Dios Padre.

Sabemos que María es Madre y modelo de la Iglesia, por eso es conveniente preguntarnos: ¿Qué podemos aprender de este espléndido encuentro? ¿Qué necesitamos promover como Iglesia para que la Arquidiócesis Primada de México camine a la luz de este modelo?

Ahora que celebramos nuestro encuentro diocesano con María de Guadalupe y su Hijo Jesús, presente en esta Palabra, que hemos escuchado, y en el Pan Eucarístico, que nos será ofrecido como alimento, ¿qué actitudes y criterios nos llevaremos para vivir como buenos discípulos de Cristo, fortalecer nuestra comunidad parroquial y diocesana, y ser levadura que dé sabor a la vida de nuestra sociedad?

Para el discernimiento necesitamos la escucha de la Palabra de Dios, compartirla con nuestros hermanos más próximos, y ser auxiliados por la autoridad eclesial correspondiente para clarificar y decidir, lo que Dios quiere de nosotros.

La forma de conocer lo que Dios quiere para mí, se va concretando al descubrir la propia vocación y cumplir la misión específica que recibimos en comunión eclesial, que va actualizándose a lo largo de nuestra vida.

Un servidor recibí el llamado al Sacerdocio para ejercerlo en mi Diócesis de Origen, Tepic; después de 24 años de servicio el Papa San Juan Pablo II me llamó para servir como Obispo de Texcoco, 12 años después me llamó el Papa Benedicto XVI para servir en la Arquidiócesis de Tlalnepantla, y hace dos años el Papa Francisco me pidió venir a servirles a Ustedes como Arzobispo de México. Así he vivido la  obediencia  al Señor y he recibido su constante ayuda para realizarlo. En el servicio he sido fiel en seguir las indicaciones de los Papas, y ahora, lo hago con las orientaciones del Papa Francisco.

Para ello necesito la colaboración de todos los fieles católicos  que  integran nuestra querida Arquidiócesis, en sus distintos niveles de participación para lograr ser una Iglesia en salida, misionera, con capacidad de escucha y discernimiento, con obediencia y comunión subsidiaria y solidaria con los más necesitados de ayuda y de acompañamiento. Una Iglesia sinodal, en la que caminemos juntos, y descubramos los signos de los tiempos, una Iglesia que discierna sus necesidades y aproveche sus potencialidades, una Iglesia que asuma en filial obediencia las decisiones y propuestas de su Pastor.

“Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley, a fin de hacernos hijo suyos” (Gal. 4, 4-5 ).

Nuestra condición de Hijos, que ha recordado el Apóstol San Pablo en la segunda lectura, permite asegurar que el proyecto de Dios para la Humanidad es lograr que seamos una familia, donde  reconozcamos a Dios como nuestro Padre, y nos reconozcamos como hermanos en Jesucristo; y recorriendo este camino bajo la guía del Espíritu Santo seremos herederos del Reino de Dios, seremos partícipes de la vida divina en plenitud para toda la eternidad.

La familia que Dios quiere es una familia que viva en comunión y genere la unidad, ya que la comunión es la característica de la vida de Dios Trinidad. El esfuerzo que se requiere indudablemente es mayúsculo, pero contamos con el apoyo divino.

Por ello, con gran esperanza les anuncio que el próximo 30 de abril los Obispos Auxiliares y un servidor con la ayuda de los Presbíteros y Agentes de Pastoral iniciaremos el proceso de la Visita Pastoral a la Parroquias para conocer la situación actual de las comunidades y para impulsar el camino sinodal que ha señalado el Papa Francisco, como estrategia para responder a los grandes desafíos que presenta el mundo actual.

Invito a todos ustedes, que desde nuestras condiciones y posibilidades, desde nuestra responsabilidad y capacidad, pongamos en manos de Nuestra Madre, María de Guadalupe, nuestra plena y convencida disposición para colaborar con un servidor, en la proclamación y extensión del Reino de Dios en nuestra querida Arquidiócesis de México.

¡Viva Cristo Rey!
¡Viva María de Guadalupe!
¡Viva la Arquidiócesis Primada de México!

Para la Basílica de Guadalupe es un honor recibir el día de hoy a la familia Diocesana de Zamora, Michoacán en su peregrinación anual que llega ante la Morenita del Tepeyac para agradecerle y ofrecerle todas sus necesidades.

Mons. Javier Navarro Rodriguez, Obispo de la Diócesis de Zamora pidió a todos fieles que vienen de diversas comunidades indígenas que le digan a la Virgen de Guadalupe que “vuelva esos sus ojos misericordiosos y que de ella y de su hijo rico en misericordia aprendamos también a tener misericordia con el que se equivoca, con el que hierra el camino, con aquel que por su conducta representa un peligro para la paz y la estabilidad para sus propias familias y comunidades”

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