EVENTOS DEL DÍA A DÍA

Marzo 2020

Homilía pronunciada por el Emmo. Sr. Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México.

Los Padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén para las fiestas de la Pascua (Lc. 2,41).

María y José en su unión por el Matrimonio compartieron la misión como padres de Jesús. ¿Cuáles fueron, según los datos del Evangelio y la reflexión teológica de la Iglesia, las cualidades fundamentales que desarrolló José en su Misión de padre y esposo?

José vivió la virtud de la humildad al asumir su papel de Padre adoptivo, y dándole a María su dignidad como esposa, virgen y madre, y a Jesús la descendencia davídica, según la profecía de Natán (2Sam 7,12-14).

José vivió con plena fe y confianza en la Palabra de Dios, asumida con eficiente y puntual obediencia.

José cumplió su misión con una vida discreta pero eficaz, cuidando y protegiendo a Jesús y a María.

Lo hecho por san José en favor de María y Jesús, la Iglesia considera que sigue desarrollando su misión a lo largo del tiempo en favor de la comunidad de discípulos de Jesucristo, que prolongan la presencia de Jesús, Verbo Encarnado. Por eso, san Juan Pablo II llamó a san José, Custodio del Redentor, y por lo mismo, Custodio de la Iglesia que actualiza la Redención en favor de la entera humanidad.

Hoy con el mandato del Santo Padre Francisco que acabamos de escuchar, ordenaremos a tres nuevos Obispos, que tendrán en San José un modelo de vida para cumplir la responsabilidad de integrarse al Colegio Apostólico.

En efecto, la responsabilidad episcopal consiste en conducir a la Iglesia, comunidad de discípulos de Cristo, de manera que ella refleje la presencia de Dios Padre en el mundo, siguiendo el modelo de vida de Jesucristo, y bajo la guía del Espíritu Santo.

Las cualidades de San José que acabamos de recordar son una luz que clarifica este camino:

Para vivir la humildad es indispensable aprender a mirar las personas y los acontecimientos como los mira Dios, Nuestro Padre. Así nace y crece una espiritualidad que sensibiliza al Pastor para reconocer la intervención del Espíritu Santo a través de nuestras actividades humanas y pastorales.

Además la humildad facilitará nuestra tarea de cuidar y proteger a la comunidad eclesial, porque proporciona la capacidad de escucha, ya que el interés estará puesto en el bien de la comunidad y no en la búsqueda de nuestro confort.

La capacidad de escucha facilita la relación de la Palabra de Dios y la vida, y este ejercicio genera el indispensable discernimiento comunitario y pastoral. Así serán reconocidas las necesidades de la comunidad y serán tenidas en cuenta por la autoridad eclesial para toda planeación pastoral.

De esta manera seremos Pastores que respondamos al llamado del Papa Francisco para hacer de nuestra Iglesia Particular, una Iglesia Sinodal. Caminar juntos facilita la identidad y el sentido de pertenencia. La expresión caminar juntos define la Iglesia, como lo afirmaba San Juan Crisóstomo.

La humildad logra convertirnos en auténticos servidores, que al final de la jornada, o en la hora de las evaluaciones podamos expresar con sinceridad no somos más que siervos, el Señor ha estado grande con nosotros y ha hecho maravillas.

Fe y confianza en la Palabra de Dios, asumiéndola con espíritu de obediencia. Para ello será indispensable escuchar la Palabra de Dios no solo en privado, sino también en comunidad en sus distintos niveles: Colegio Episcopal, con su Presbiterio, con la Vida Consagrada y con los Fieles Laicos en sus distintas expresiones de organización.

Animación e impulso a la puesta en práctica de lo reflexionado y decidido pastoralmente, afrontando las distintas circunstancias y ambientes socio-culturales del Pueblo de Dios.

El ejercicio de la responsabilidad debe ser con discreción y eficacia; es decir, sin protagonismos ni buscando reconocimientos y alabanzas, sino afrontando con valentía adversidades y conflictos. Lo importante es el crecimiento de la comunidad en su conciencia eclesial, y la vivencia de la comunión como objetivo constante para dar testimonio al mundo del amor y la misericordia de Dios Padre.

Pidamos a la Virgen Maria y a San José, que cuidaron y protegieron con tanto amor y dedicación a Jesús, por estos nuevos Pastores, que hoy se integran al Colegio Apostólico para que nos ayuden a cuidar y conducir a la Iglesia, y así sea capaz de prolongar la presencia de Jesucristo Redentor en el mundo de hoy.

Ahora juntos nos ponemos de pie para suplicar a Nuestra Madre por todos los afectados de una u otra manera por la pandemia, y por todos los demás ciudadanos para que solidariamente asumamos la medidas preventivas con generosidad y gran responsabilidad.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
escucha nuestras oraciones, atiende nuestras súplicas,
acompáñanos, protégenos, cuídanos.

Bajo tu amparo nos quedamos Señora y Madre Nuestra,
te lo pedimos, por tu Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén.

Febrero 2020

Un Milagro de Nuestra Madre la Virgen De Guadalupe.

Este 18 de febrero, llegó a la Basílica de Guadalupe esta imagen de Nuestra Madre, la Morenita del Tepeyac que fue comprada hace 5 años por habitantes de la comunidad de Xalatlaco, en Coscomatepec de Bravo, Veracruz para colocarla como Patrona y Reina de su Capilla y comunidad.

El pasado 14 de diciembre, narra Natanael Chávez Ortiz la capilla sufrió un incendio, lo cual provocó que el marco de la imagen se quemara quedando intacta la imagen: “Nosotros como creyentes lo vemos como un milagro, como una manifestación de María que siempre está con su pueblo”

Enero 2020

El Nuncio Apostólico Franco Coppola presidió la Misa por la Jornada de la Paz que se llevó a cabo el 1° de enero de este 2020 en la Basílica de Santa María de Guadalupe.

¿Cómo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo? ¿Cómo romper la lógica morbosa de la amenaza y el miedo? ¿Cómo acabar con la dinámica de desconfianza que prevalece actualmente?, pregunta el Nuncio a los fieles asistentes a la Santa Misa, respondiendo y reflexionando a la par: “Debemos buscar una verdadera fraternidad, que esté basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto”

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